La paradoja de las vacaciones: por qué el verano se te ha pasado volando

Ahora te ha parecido muy corto, pero en un tiempo lo recordarás más largo que tus semanas rutinarias

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¡Cuidaoooooo!
¡Cuidaoooooo!. Getty Images

¿El verano se te ha pasado volando? ¿No sabes cómo es posible que ya se hayan acabado tus vacaciones? No eres el único que se siente así.

Resulta cruel. ¿No sería mucho mejor que se nos pasaran volando los lunes de noviembre? Pero entonces no te lo pasas tan bien como en verano. Y ahí está la clave del asunto. Cuando nos divertimos, el tiempo parece acelerarse. Es una idea que también utilizamos como halago. No mueras por exceso de azúcar al ver qué aparece en Google al buscar "contigo el tiempo pasa volando".

Pero el tiempo es una magnitud física cuantificable. Antes era más difícil, pero con la tecnología actual podemos medirlo al dedillo. La clave de este tema es que no deberíamos estar hablando del tiempo, sino de la percepción del mismo. Ahí entra nuestro cerebro y lo revuelve todo. 

La psicóloga Claudia Hammond habla en su libro Tiempo deformado de la paradoja de las vacaciones. "Unas buenas vacaciones pasan decepcionantemente rápido. Comparado con los meses de preparación y el tiempo ahorrando para partir, el tiempo real de las vacaciones parece corto", indica Hammond.

Como explica el sociólogo y experto en la percepción del tiempo Michael Flaherty en este artículo en Materia (la sección de ciencia y tecnología de EL PAÍS), la espera y el aburrimiento son circunstancias que hacen que el tiempo eche el freno. Cuando estamos de vacaciones, lo normal es que no nos aburramos. Y si te aburres, cambia de vacaciones. 

Sin embargo, cuando recuerdas tus vacaciones pasado un tiempo, ¿no te da la sensación de que duraron más? "Las vacaciones parecieron pasar rápido cuando las estabas disfrutando, pero después parece como si hubieras estado fuera durante años", indica Hammond. Esta es la paradoja de las vacaciones.

"Los recuerdos y los eventos son los dos elementos clave en cómo sentimos el paso del tiempo. Las vacaciones tienen las condiciones perfectas para que el tiempo pase rápido: rompen la rutina diaria, no estás pendiente del paso de las horas, ves cosas nuevas... Los días parecen volar. La razón por la que después te da la sensación de que has estado fuera durante mucho tiempo es que te han pasado más cosas nuevas que en una semana normal, deformando tu forma habitual de medir el tiempo", añade Hammond.

¡Pero yo no me he ido de mi casa y las vacaciones también se me han pasado volando!

Aunque te hayas aburrido un poco en tus vacaciones, estas han sido un cambio en tu rutina diaria. "Cuando estamos aprendiendo las tareas rutinarias, requieren toda nuestra atención, pero con la práctica o la familiaridad, podemos dedicarnos a ellas sin prestar mucha atención a lo que estamos haciendo (como conducir de vuelta a casa por el camino habitual)", explica Flaherty. La rutina acelera nuestra percepción del tiempo y en las vacaciones casi nunca hay orden.

El paso de los años incide cada vez más en esa sensación: nuestra vida se hace más rutinaria. Ya no hay un primer amor, ni un primer trabajo, ni te importan tanto tus cumpleaños... Además, como explicamos en este artículo, con la edad nuestro reloj biológico frena su ritmo, de manera que el tiempo parece ir más rápido. Por otra parte, el estrés y la sensación de que no tenemos tiempo para terminar todo lo que queremos contribuyen a que el tiempo parezca acelerar.

Pasarlo bien no siempre es sinónimo de tiempo fugaz

Según Flaherty, la clave para que el tiempo nos parezca más rápido o más lento está en su densidad. Es decir, cuántas cosas que captan nuestra atención nos suceden en un intervalo temporal. A más densidad, nos parece que el tiempo pasa más lento.

"La densidad de la experiencia es alta cuando, objetivamente, están pasando muchas cosas. Asimismo, puede ser igualmente elevada cuando no está pasando casi nada, porque ese periodo de tiempo en apariencia vacío en realidad está lleno de nuestra inmersión subjetiva en nosotros mismos y en la situación: estamos concentrados en nuestras acciones o en lo que nos rodea, pensando en lo agobiantes que son nuestras circunstancias o incluso obsesionados con lo despacio que parece que pasa el tiempo".

Como explicábamos antes, esa densidad se corrige con la falta de rutina y cosas nuevas en tu vida. Sin embargo, que nos pasen más cosas de la cuenta puede hacer que la experiencia sea más densa: nos mantiene muy concentrados y hace que el tiempo pase más despacio. El sociólogo pone como ejemplo unas vacaciones muy exóticas: "A veces, nos parece que el paso del tiempo se ralentiza cuando estamos haciendo algo nuevo". Cuando la complejidad de una situación es mucho mayor o mucho menor de lo normal, el tiempo parece detenerse.

"Solamente algo que altere la rutina reducirá la densidad de la experiencia normal, lo cual hará que tengamos la impresión de que el tiempo ha pasado volando", finaliza.

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