Quizá no sabes lo que significan estas palabras aunque te cruces a diario con ellas

Laura García Arroyo cuenta historias a través de palabras poco explotadas de nuestra lengua en su libro ‘Funderelele’

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De las casi 300.000 palabras que tenemos disponibles en la lengua española, los hablantes usamos unas 300 para comunicarnos diariamente, dejando fuera de nuestro vocabulario más del 99% de los vocablos registrados en un diccionario. Podemos ser testigos de muchas sensaciones, objetos y conceptos pero desconocer cómo nombrarlos.

Quizá hayas ido una decena de veces a comprar un helado y no conocer que la cuchara que le da forma de bola con la que se sirve se denomina funderelele. Esta fue la palabra que escogió Laura García Arroyo (Madrid, 1975) para titular a su libro, un compilado de palabras poco conocidas del idioma y que la autora busca rescatar. “Me parece sorprendente que no conocemos palabras que se refieren a cosas muy cotidianas, acciones, objetos que están en nuestro día a día”, dice García a Verne.

Funderelele recopila 71 verbos, adjetivos y sustantivos que García fue encontrando en diversas situaciones y también en Twitter con el hashtag #PalabrasQueMeEncuentro. Cada una de estas palabras, además de contar con una definición, también cuentan una historia y algunas también cuentan con su definición etimológica. “Quiero provocar sorpresa, curiosidad y antojo de seguir curioseando, que quien termine de leer este libro se le antoje formar una historia con estas palabras y las mías solo sirvan de ejemplo o que busquen otras palabras que no son las cotidianas, sino palabras exquisitas que por alguna razón no utilizamos tanto”, señala.

García Arroyo es también conductora del programa de televisión La Dichosa Palabra, que se transmite por el Canal 22 en México y que toca diversos temas sobre lengua. Para la española, el uso limitado de palabras es una limitante de expresión, por ello decidió compartir estos conceptos. “Necesitas saber todos los matices de las palabras, porque los sinónimos absolutos no existen. Necesitamos conocer más para expresar mejor cómo nos sentimos, lo que nos pasa o quiénes somos”, comenta. Quizá hayas visto un atardecer, pero podrías expresar mejor la belleza de las nubes si hacer referencia a su arrebol.

Pero no solo se trata de un vocabulario limitado, sino de la propia sustitución del lenguaje por otros códigos de comunicación, como los emojis. “Yo los uso y me parecen muy válidos, pero deben de aportar mucho más que eliminar o sustituir nuestras palabras”, dice la autora. “La expresión no solo es lo que proyectas al moverte o tu apariencia, si le ponemos tanto cuidado a eso debemos también pensar en nuestras palabras”.

Las palabras rescatadas del sismo

García Arroyo se encontraba redactando Funderelele la tarde del 19 de septiembre de 2017, cuando el sismo magnitud 7,1 cimbró el centro del país. Su hogar, ubicado en la colonia Condesa, tuvo graves daños estructurales y tuvo que ser demolido.

En los días posteriores al terremoto, la conductora pudo rescatar su computadora y algunas notas con las palabras que había recopilado. “Fui echando cosas en una bolsa y no supe qué tanto logré rescatar, posiblemente haya perdido algunas palabras, pero también gané”, recuerda.

Así podemos encontrar que el miedo irracional a los temblores se define como tremofobia y que el material plástico que se usa para envolver cosas se conoce como playo. “Cualquier experiencia, buena o mala, tiene un rescate de palabras, una situación nueva a la que nunca te habías enfrentado requiere un vocabulario nuevo”, señala.

Este ejemplar contiene 71 palabras como referencia a la magnitud del sismo, ya que originalmente iban a ser 70. “Añadí una palabra más y amplié la definición de tremofobia, por eso no tiene portadilla ni colofón”, señala García.

Esa fue también una de las razones para que el libro fuera más anecdótico y menos etimológico en cada una de sus definiciones, según su autora. “Cada persona puede tener su propio funderelele, esto solo es para despertar la curiosidad y generar conversación”, dice. No todas las palabras se encuentran en los diccionarios de la Real Academia Española porque no hay arraigo en su uso, como el propio funderelele. “Si la empezamos a usar más se tomará en cuenta, y este libro es mi granito de arena”, finaliza García.

Imagen de portada cortesía de Editorial Planeta.

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