"Estoy jubilado, pero tengo que trabajar en Starbucks"

La crisis de las pensiones en México empuja a muchos ancianos a trabajar en empleos no cualificados para tener un ingreso fijo

Solo el 30% de los 13 millones de adultos mayores en México percibe alguna pensión

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Carmen y Sergio, dos de los nuevos baristas que Starbucks ha contratado para una de sus tiendas en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Foto: Almudena Barragán
Carmen y Sergio, dos de los nuevos baristas que Starbucks ha contratado para una de sus tiendas en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Foto: Almudena Barragán

Carmen y Sergio llevan una semana en su nuevo trabajo. Enfundados en un mandil verde y con camisetas de la empresa, ambos están aprendiendo a preparar café, comida y a atender a los clientes que esperan en la fila para hacer su pedido. Con 62 y 66 años, Carmen y Sergio son dos de los nuevos baristas que Starbucks ha contratado para una de sus tiendas en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Como ellos, otros 8 adultos mayores forman parte del nuevo proyecto que la empresa estadounidense ha emprendido con personal mayor de 60 años en México en colaboración con el Instituto Nacional para el Adulto Mayor (Inapam). El objetivo es tener una tienda atendida solo por estos empleados que superan la edad de jubilación.

Después de trabajar más de 40 años, principalmente como secretaria y vendedor en el sector químico, Carmen y Sergio comienzan en un nuevo trabajo en la cadena de cafeterías. Delante y detrás de la barra reciben con una sonrisa a los clientes y se esmeran en demostrar que su edad no les impide hacer el trabajo igual que cualquier compañero: “Caramel macchiato con un shot extra de café”, “capuchino deslactosado venti”, “grilled cheese sándwich”... Carmen en entrevista con Verne cuenta que nunca había entrado antes a un Starbucks. “Sabía que era una cafetería para jóvenes, según yo, porque mis hijos son asiduos. Cuando en Inapam me contaron de qué se trataba el trabajo, me entusiasmó el proyecto”, explica la mujer.

Pese a que reconoce que le ha costado trabajo aprenderse la carta de bebidas dice estar contenta por haber encontrado este nuevo empleo. Después de trabajar como secretaria y en varios negocios propios, Carmen, que había cotizado tanto al IMSS como al ISSSTE, no cumplía con las 500 semanas para poder jubilarse. Todavía necesita cotizar un año y medio más para cobrar su pensión y el nuevo trabajo en Starbucks le servirá para completar este tiempo.

“Estoy jubilado y trabajo en Starbucks”, dice Sergio, que excplica que con este nuevo empleo tiene “un ingreso extra que le permite vivir mejor”. Ninguno de los dos nuevos empleados cuentan cuánto ganan en su nuevo trabajo. De hecho, la responsable de comunicación de la empresa -presente en la entrevista en todo momento- les hace un gesto con la mano para que no revelen el monto ya que “de acuerdo a políticas de la empresa esa información no puede ser compartida”, explica. Según el portal de búsqueda de trabajo Indeed, un empleado de una tienda Starbucks en México gana entre 4.000 y 6.000 pesos al mes (180 y 270 euros) dependiendo del cargo que tenga.

Foto: Starbucks México.

Christian Gurría, director de Starbucks México, explica en entrevista telefónica que las prestaciones de estos trabajadores superan a las de un empleado joven. “Las tiendas atendidas por adultos mayores tienen un volumen medio que permite horarios menos extensos”, dice. Las jornadas de trabajo son de 6,5 horas al día con dos días de descanso a la semana y 45 minutos de descanso cada día (más tiempo que el de otros baristas). Los ancianos cuentan con un seguro de gastos médicos mayores, seguro dental, contrato indefinido y las tiendas han sido adaptadas para evitar accidentes laborales.

Como Carmen y Sergio, 13 millones de mexicanos superan los 60 años y representan uno de los grupos más vulnerables de la población. De ellos, solo el 30% percibe una pensión contributiva correspondiente a los años cotizados durante su vida laboral, según la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro (CONSAR). Del resto, un 49% reciben una compensación no contributiva que no llega a los 600 pesos al mes (30 euros) y que actúa como una medida asistencialista para la población que no ha cotizado en los sistemas de seguridad social.

Muchos adultos mayores se ven en la necesidad de continuar trabajando después de los 60 y los 65 años en empleos poco especializados pese a sus largos años de experiencia, desempeñando puestos mal remunerados para poder tener un ingreso fijo. En la mayoría de los casos, la pensión no es suficiente. Según CONSAR una pensión de media está en 5.128 pesos (230 euros) para las mujeres y 6.602 pesos (300 euros) para los hombres.

Un sistema de pensiones que no funciona

“El gasto del Estado en este sistema de pensiones tan desigual supone el 3,5% del PIB, solo para dimensionar, supone el 92% de la recaudación de IVA de un año”, explica a Verne Alejandra Macías, investigadora del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). Pese a que el sistema de pensiones en México se reformó en 1997 para aligerar la carga fiscal que tenía el antiguo esquema de reparto, no se ha encontrado una solución satisfactoria y el problema no ha hecho más que agravarse.

David Kaplan, economista del Banco Interamericano de Desarrollo, considera que el paso de un sistema de reparto a uno de cuentas individuales como hay ahora -parecido a un fondo de pensiones privado-, va a empeorar más las jubilaciones en México, sin embargo, “el sistema anterior implicaba subsidios tan altos que era imposible que el Estado lo mantuviera”, agrega el experto. “México está envejeciendo muy rápido y cada vez la esperanza de vida es mayor”, añade y argumenta que sería necesario ampliar la edad de jubilación en el país y crear puestos de trabajo adaptados a los ancianos.

“A partir de los 64 años la tasa de informalidad es de 68%, un reflejo de que a los adultos mayores les cuesta trabajo conseguir empleos formales”, dice Kaplan.

Foto: Almudena Barragán

Con una tasa de informalidad del 57%, México es un país que no está acostumbrado a pensar en el retiro, algo que impacta también al mercado laboral. “Por un lado nunca tendrán su pensión contributiva y por el otro, tampoco aportan ingresos al país para sostener alguna pensión no contributiva de quienes no cotizaron”, dice Alejandra Macías. “Este problema es una bomba de tiempo, insostenible. Si dejamos que sigan pasando los años va a aumentar y a perjudicar a las futuras generaciones”, afirma.

Si con la ley anterior la tasa de reemplazo – la proporción del último sueldo que se recibe como pensión- estaba entre el 40% y el 80%, actualmente con el nuevo sistema de pensiones gestionado por los bancos privados, es del 20% y las semanas de cotización requeridas ascendieron a 1250.

Carmen y Sergio vuelven a tomar los mandos de las máquinas de café y los pedidos del público. Hay una larga fila que atender. ¿Les gustaría retirarse pronto? “En mi lenguaje no existe esa palabra”, dice Sergio orgulloso. “La única limitante podría ser lo físico pero mentalmente quiero seguir. No quiero descansar el resto de mi vida en un sillón”, dice tajante. “No voy a trabajar solo un año y medio más”, añade Carmen. “Nosotros podemos aportar entrega, responsabilidad y compromiso con el trabajo. Algo que muchos jóvenes no tienen”, dice la mujer.

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