Tan joven y tan calvo: la alopecia antes de los 30

"No es para tanto. Intentar esconderlo queda muchísimo peor”

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Missing el tupé
Missing el tupé.

Roberto y Pedro son dos amigos de Guadalajara de 23 años. No están calvos, pero son los que menos pelo tienen de su grupo. Se les empiezan a notar las entradas y tienen el pelo fino. “Pues claro que se meten con nosotros”, dicen a Verne por teléfono. Roberto lo lleva mejor que Pedro. “Es lo que hay, no me voy a calentar la cabeza. Cuando se me note muchísimo, me rapo y ya está. Hay muchos calvos atractivos”, comenta. “Yo me iré a Turquía a que me hagan un implante”, contesta Pedro riéndose.

Estos dos amigos de Guadalajara están entre el 30% de menores de 30 años que padecen alopecia androgénica en el mundo. Es la alopecia más común, la que le debes a tu padre o a tu madre por herencia. De ahí que, ante un calvo en la familia, haya tantas posibilidades de que no sea el único. La probabilidad va aumentando según creces: a los 50 años, el 50% de los hombres padecen alopecia.

“Para los jóvenes, la imagen suele ser más importante que para el resto de personas. A los 50 te tomas la calvicie como algo intrínseco, pero a los jóvenes les afecta muchísimo en la autoestima”, comenta a Verne el psicólogo Jaume Guinot, especializado en jóvenes y adolescentes. Asegura haber atendido a hombres menores de 30 años “cercanos a la depresión” por sufrir alopecia.

Guinot intenta que esos pacientes no se valoren solo por el pelo que tienen en la cabeza, que vean su imagen como un conjunto. Y que su autoestima no dependa del aspecto físico. “Pero es muy difícil. Sobre todo en la adolescencia, pero también en la juventud, prestamos mucha más atención al exterior que al interior”. “No me lo han dicho, pero creo que alguna chica no ha querido nada conmigo porque no tenía pelo”, añade Pedro, uno de los guadalajareños.

Jorge, madrileño de 28 años, cree que la pérdida de pelo no afecta tanto al aspecto físico: “Me obsesionaba más cuando era más pequeño. Ya lo tengo asumido. Es que no es para tanto. Intentar esconderlo queda muchísimo peor. Hay que cambiar nuestra mentalidad sobre la calvicie. No le vas a gustar más a alguien por tener pelo”, cuenta a Verne por teléfono. Alejandro, también de Madrid y de 22 años, incluso bromea sobre su alopecia: “Es mejor tomárselo con buen humor. Yo soy el primero que me río del tema”. El cortometraje Nostalvicie, dirigido por Pol Andreu Sansano y ganador del premio del público del Notodofilmfest 2018, es un buen ejemplo de cómo mezclar buen humor y alopecia.

Los jóvenes consultados por Verne coinciden al señalar algunas situaciones recurrentes:

  • Aseguran que cuando más se les nota la alopecia es cuando se les moja el pelo.
  • Lo que más les acompleja es cuando clarea la coronilla.
  • Echan la culpa con ironía a sus padres, normalmente calvos.
  • Y los familiares son más pesados que los amigos ("¡que se te ve el cartón!").

Lo lleven mejor o peor, todos estos jóvenes hablan con Verne con la condición de que no indiquemos sus apellidos ni incluyamos sus fotografías. Y es que el concepto de belleza generalizado incluye el pelo en la cabeza. El director de la Unidad de Tricología (el área de la dermatología especializada en el pelo) del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), Sergio Vañó, asegura que el 50% de las personas que pasan por su consulta son menores de 30 años: “La alopecia puede conducir a una pérdida de relaciones sociales y a sufrir bullying. Lo he visto en muchos casos”.

La preocupación de los jóvenes ante la alopecia también se puede apreciar con un vistazo a los vídeos sobre esta condición en YouTube: suman millones de reproducciones. "Muchos de esos vídeos te intentan dar soluciones milagrosas que ya te digo yo que no funcionan", comenta Pedro. En internet se pueden encontrar otro tipo de vídeos, como este del bloguero británico Scott Manley en la versión británica de Huffpost. Se empezó a quedar calvo cuando era un adolescente y se rapó con 25 años: "La calvicie no es algo de lo que debamos estar avergonzados". 

“La señal para ir al médico es el pelo fino, no la caída”

Uno de los chascarrillos que Vañó más escucha en su consulta es el que mencionábamos al principio: “Casi todo el mundo hace la broma de Turquía”. En los últimos años, se han popularizado los viajes a este país para someterse a operación de implante capilar. Como explica este artículo de EL PAÍS, unos 65.000 extranjeros acudieron a Estambul en 2016 para encontrar una solución a su alopecia.

Perder el pelo afecta más a los jóvenes que a los mayores. art4stock

Estas intervenciones quirúrgicas son baratas en Turquía, de ahí la cantidad de personas que viajan a este país con este fin. Cuestan entre 2.000 y 3.000 euros (en algunos casos incluyen el hotel, los transportes y el intérprete), mientras que en España el precio está entre 6.000 y 10.000 euros. “Pero estas operaciones no curan la alopecia, son transplantes de pelo”, añade.

“La señal para ir al médico es notar el pelo fino, cuando se nos empieza a clarear la cabeza, no la caída de pelos. Muchas personas vienen a la consulta porque se les cae algo de pelo, pero eso es normal”, dice el médico del Hospital Ramón y Cajal.

Además, hay bulos en torno a la medicación para la alopecia: “El medicamento más utilizado es la finasterida, conocido popularmente como Propecia -es el nombre de la marca más conocida, la finasterida es el principio activo-. Muchos creen que causa impotencia, pero no es así”.

El bulo parte del origen de este medicamento: estaba diseñado para las personas con problemas de próstata. Se descubrió que mejoraba el pelo de los hombres que tomaban el medicamento, así que desde 1997 se utiliza para tratar la alopecia. La Propecia se receta de los 18 a los 45 o 50 años. "A partir de entonces es menos efectiva", dice Vañó. Para mayores de 50, el medicamento más extendido es el Minoxidil.

"Atendemos a más mujeres que a hombres"

La alopecia afecta a un 80% de los hombres a lo largo de su vida, mientras que este porcentaje baja a un 30% entre mujeres. Sin embargo, Vañó asegura que atiende a más mujeres que a hombres en el hospital. “Y vienen antes. Los hombres no acuden hasta que tienen unos 25 años, o más tarde, mientras que muchas mujeres buscan ayuda médica con 15 o 16 años”, comenta este experto.

Antonia empezó a sufrir alopecia cuando era una niña. “Mi madre recuerda que cuando era pequeña ya tenía una capa de pelo muy fina. Con 11 años, cuando murió mi abuelo, empeoró mucho la situación. Se me formó una especie de donut en la coronilla”, dice a Verne por teléfono esta balear de 22 años. Vañó asegura que muchas alopecias androgenéticas empeoran por episodios de estrés. “Es más, en algunos casos, el propio estrés generado por la pérdida de pelo hace que empeore la situación”, añade el experto.

Casos como el de Antonia son mucho más comunes de lo que parece, pero apenas se ve a mujeres calvas por la calle. “Ellas lo esconden mucho más. Se esfuerzan muchísimo más que los hombres para que no se les note. Las mujeres con alopecia están ahí, aunque no nos percatemos”, añade Vañó. La alopecia de Antonia empeoró cuando murió otro ser querido, a los 14 años. A partir de entonces empezó a usar peluca.

“Vivía con una sensación constante de agobio. A todas horas pensaba que la gente de mi alrededor sabía que llevaba peluca. En cuanto me miraban un rato largo, agonizaba. Me daba mucho miedo que me tocasen la cabeza. Me encanta bañarme en el mar y dejé de hacerlo”, indica Antonia. Habla en pasado porque, desde hace pocos meses, ha cambiado el chip. Ahora va sin peluca por la calle, con la cabeza totalmente rapada. “Con la edad he ganado más confianza en mí misma”, señala.

Ahora se pone la peluca cuando le apetece. “Llevo todo el verano sin ella. No veas qué calor se pasa cuando te la pones”, comenta. Está acostumbrada a que, al verla, algunas personas piensen que está enferma de cáncer. “Esto a un hombre no le pasaría, evidentemente”. Antonia cree que las mujeres con alopecia deben hacerlo público “a su tiempo y a su ritmo”. “Es un proceso que tienes que pasar. Te vas sintiendo mejor contigo misma poco a poco. Al final, te das cuenta de que el pelo es lo de menos”, añade.

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