Letras chorreantes y portadas fluorescentes: 9 detalles que hacían únicos los libros de Pesadillas

Temblad, muchachos, temblad, que miedo vais a pasar

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Seguro que puedes imaginarte estos libros brillando en la oscuridad.
Seguro que puedes imaginarte estos libros brillando en la oscuridad..

Los libros de Pesadillas fueron la toma de contacto con la literatura de terror de toda una generación. Esta colección convirtió a su creador, el estadounidense R.L. Stine, en el autor para niños más vendido en el mundo –hasta la llegada de Harry Potter, aunque Stine conserva el récord de autor de terror infantil más prolífico– y se ha traducido a más de 30 idiomas. En España, el primer título –Un día en horrorlandia– llegó en 1995 y la colección terminó en 1999 con Sangre de monstruo IV, pero su presencia todavía colea: en 2014 se reeditaron, y este 26 de octubre ha llegado al cine Pesadillas 2, la segunda película inspirada en la saga. Estos son algunos de los detalles que hacían tan especial esta colección, que seguro que te quitó el sueño alguna noche.

1. Las portadas fluorescentes

Cuando pasabas la mano por las portadas de los libros de Pesadillas, podías sentir algunas líneas rugosas, casi invisibles, que rodeaban el logo y las ilustraciones. Eran elementos fluorescentes que hacían que la portada pudiera verse en la oscuridad: cuando apagabas el flexo y dejabas el libro para irte a dormir, se quedaba durante un rato resplandeciendo en tu mesilla. Había noches en las que girarse en la cama y toparse con eso daba más miedo que las propias historias.

2. Su chorreante logotipo

El texto que aparecía en grande en las portadas de los libros de Pesadillas no era el nombre del autor –como ocurre en los libros de Stephen King– ni el título del libro, sino el propio logotipo de la colección: esas 10 letras chorreantes (que ocupaban un tercio de la portada) eran la seña de identidad de estas obras. Da igual que no tengas ni idea de árabe, alemán o italiano: si ves ese tipo de letra, sabes que ahí pone "Pesadillas".

Los logotipos de 'Pesadillas' en Italia, Alemania y Francia.

3. Sus finales malrolleros

Los libros de R.L. Stine nunca terminan con un "fueron felices y comieron perdices". Más bien, el cierre sería algo como: "Fueron felices y, cuando se preparaban para comer perdices... las perdices los devoraron". Si eras un fan de la colección, sabías con lo que ibas a toparte en la última página del libro. Cuando parecía que todo había acabado bien, dos renglones bastaban para dar la vuelta a la historia: el muñeco diabólico del que se habían deshecho vuelve a estar en la habitación, la hermana del protagonista hace un gesto por el cual sabemos que se trata de una impostora... Eran libros pensados para jóvenes, pero la moraleja era bastante cruel: nunca puedes librarte totalmente del mal.

Hay varios libros de Pesadillas con Slappy, el muñeco, como malvado. Así que no debería extrañarte que no logren deshacerse de él en el primero.

4. Los tuits que acompañaban al título

Los libros de Pesadillas llegaron a España 10 años antes de que se inventara Twitter, pero ya incluían un lema en la portada que podría haber sido un tuit: sobre la ilustración, incluían una frase muy corta, que pretendía ser cómica... y parecía escrita por Matías Prats. Por si no las recuerdas, te dejamos algunas:

  • "¡Vaya dolor de cabeza!" (En El fantasma sin cabeza)
  • "Abre la boca y di... Dentífrico" (En Aliento de vampiro)
  • "Una pesadilla que pone las plumas de punta" (En Los labios de Crystal)
  • "¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, ¡es un chico!" (En Cómo aprendí a volar)

5. Su impensable precio

Tal vez no lo recuerdes, pero los libros de Pesadillas valían 695 pesetas, lo que ahora serían 4,20 euros. Así es más fácil entender por qué R.L. Stine logró vender más de 300 millones de libros en todo el mundo: con lo que vale un libro de tapa dura en la actualidad ahora podrías comprarte cuatro libros de Pesadillas.

Con lo que te daban de paga daba para comprarte un libro de Pesadillas. Y te sobraba para chicles.

6. Las sagas eternas y el universo Stine

Cuando a R.L. Stine le caía bien uno de sus personajes, lo más probable era que acabaras encontrándotelo de nuevo. De los 60 libros de Pesadillas, 12 pertenecen a sagas con varias entregas, como Sangre de monstruo (I, II, III y IV) o La noche del muñeco viviente (I, II y III). Además, muchos malvados acababan saliendo en otras obras del autor. Por ejemplo, Slappy (el muñeco de La noche del muñeco viviente) también aparecía en dos libros de otra colección escrita por Stine, Pesadillas 2000, y en la serie de crossovers Pesadillas Horrorlandia, donde los villanos de los libros originales visitaban el parque temático de horror que aparecen en el primer libro de la saga. No hay tanto ajetreo de personajes ni en Los Vengadores.

La sangre de monstruo era un fluido verde y viscoso que iba creciéndose y multiplicándose. A su izquierda, su aspecto en la portada de 'Sangre de monstruo'. A la derecha, su aspecto en 'Sangre de monstruo para desayunar', el spin off de la serie 'Pesadillas Horrorlandia'.

7. Portadas que no se olvidan

Los libros de Pesadillas no serían lo mismo sin las ilustraciones de sus portadas. Para tratarse de una serie de libros de terror, estas ilustraciones eran una fiesta de color. Su autor es Tim Jacobus y, en una entrevista en Vice, contaba que realizaba estas ilustraciones con una mezcla de pintura tradicional y aerógrafo, y que tardaba unas 40 horas en preparar cada una de ellas.

Si tenías alguna duda de lo que iba a pasar en el libro, ahí estaba la ilustracion de Tim Jacobus para despejártela.

8. La serie de televisión, para los más valientes

Las ilustraciones de las portadas de Pesadillas tenían un punto colorido y divertido, pero la serie de televisión era mucho más oscura. Muchos lectores de los libros sabían que si el libro les había dado miedo, ese día tocaba cambiar de canal. La serie, que en España se emitía en Antena 3, siempre era mucho más terrorífica. Así lo recuerdan la mayoría de los comentarios en el vídeo de YouTube de su mítica cabecera:

9. En busca de tus propias pesadillas

Simultáneamente a los libros clásicos de Pesadillas, R.L Stine publicó una serie de librojuegos llamados En busca de tus pesadillas, similares a los clásicos de Elige tu propia aventura. Tenían "20 terroríficos finales" (en la mayoría de los cuales el protagonista moría de forma trágica) y se diferenciaban de los libros de Pesadillas comunes en que, en vez de brillar solo en la oscuridad, brillaban todo el rato. Y que en vez de un final malrollero, tenían 20 distintos.

La portada con la que Lady Gaga podría hacerse un traje.

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