Profesionales que trabajan en Nochevieja recuerdan sus anécdotas durante la primera noche del año

Así viven taxistas, policías y enfermeros esa guardia nocturna

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Varios policías en un botellón nocturno en la plaza del Dos de Mayo. Santi Burgos
Varios policías en un botellón nocturno en la plaza del Dos de Mayo. Santi Burgos

Hay gremios que no descansan ni siquiera en Nochevieja. Y menos ahora, que España cada vez cuenta con más establecimientos que abren las 24 horas y los 365 días por la liberación de los horarios comerciales. "Aunque no lo parezca, no es la noche del año en que la gente va más desfasada", comenta a Verne Luis, un policía que ha vivido varias noches de fin de año trabajando en la zona del Corredor del Henares (Madrid).

Los policías, junto a los taxistas, enfermeros y hosteleros, son habituales a la hora de hacer guardias nocturnas, sin importar la fecha del calendario. Más de 2,3 millones de españoles trabajan en turno de noche de manera total o parcial, según la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2017. Algunos de ellos también lo hacen en Nochevieja.

De los 8 años en los que Luis lleva siendo policía, la mitad de ellos le ha tocado trabajar en la noche del 31 de diciembre y la otra mitad en la del 24 de diciembre. "En Nochevieja, el trabajo de calle suele surgir a partir de las 00:30, que es cuando empiezan los conflictos y los accidentes", cuenta por teléfono. Alguna vez, no ha podido comer ni las uvas porque alguien se ha quedado atrapado en un ascensor y, en estos casos, "la Policía tiene que acudir allí antes de llamar a los bomberos".

José Miguel lleva haciendo turnos de noche desde que comenzó a trabajar como taxista, hace 17 años. Su horario es especial esa jornada: está en el taxi hasta pasadas las 11 de la noche, pasa por su casa rápidamente para tomar las uvas con su familia y vuelve a salir hasta las ocho de la mañana. "El índice de trabajo es bastante elevado, porque hay menos taxis en la calle y no hay transporte público", explica a Verne. El pequeño suplemento que se obtiene por cada carrera compensa el esfuerzo, por lo que ha pasado muchas nocheviejas al volante, en especial en los años de la crisis.

Además de hacer las veces de transporte público a los taxistas también les toca esa noche hacer de improvisados conductores de ambulancia con más frecuencia que en otros días del año. "Sobre todo por gente que se atraganta durante la cena", dice, aunque también esa noche se enfrentan a un clásico de los taxistas: mujeres dando a luz.

Además, "es un día en que los desconocidos se organizan en la calle para compartir taxi, sabiendo que escasean, y hacen un recorrido múltiple", comenta José Miguel. Es una noche para el buen rollo.

"Una ventaja de trabajar en ella es que la gente es más amable y cercana de lo normal con un policía de servicio. Y no porque vaya bebida, sino porque se solidariza con que estés de servicio y quieren contagiarte algo de su espíritu festivo", recuerda Luis. "Algunos han compartido sus uvas con algún pasajero que había recogido del aeropuerto por culpa de un avión retrasado mientras escuchaban las campanadas por la radio".

Las 12 uvas en un hospital

Pilar Hurtado enfermera en el turno de noche en distintas áreas de un hospital que ha pasado más de diez nocheviejas trabajando. "Depende del área en el que te encuentres, esa noche dejas a cada paciente las uvas en su mesilla y, a veces, se deja que algunos niños visiten a sus familiares a esas horas para que puedan compartir las campanadas", cuenta a Verne por teléfono.

"Los compañeros nos repartimos para pasarlas en las habitaciones de los pacientes que están más solos. Intentamos dar la sensación de familia. Los familiares, antes de irse de sus visitas, suelen traernos cava o sidra para nosotros", dice Pilar.

"Una noche que las circunstancias lo permitían, lo celebramos de forma discreta en nuestra sala para que los pacientes no se enteraran de que estábamos cenando cigalas y gambas. No fue el olor lo que nos delató, sino el ruido al comerlas. Al día siguiente, uno de ellos nos dijo: Habéis estado comiendo pipas esta noche, ¿eh?", recuerda.

Natalia, enfermera en el área de psiquiatría del hospital infantil Sant Joan de Déu de Barcelona, se come a menudo las uvas en el trabajo: "Pasamos la noche todos juntos en espacios comunes, para que los chicos se sientan integrados. Con sus familias celebran Nochebuena y Navidad de forma anticipada por la tarde. Y adaptamos el entorno para romper la frialdad de un hospital. Hay parte de ilusión y parte de nostalgia. Si te gusta tu trabajo, te compensa en parte no estar con tu familia".

Gemma fue en su día una de esas pacientes que pasó de forma circunstancial la Nochevieja en un hospital. Dio a luz un 30 de diciembre de y estuvo ingresada hasta el 1 de enero, por lo que vivió el cambio del año lejos de su casa.

"Lo celebramos mi marido, el bebé y yo, en medio del silencio normal de una planta de maternidad. A mí, como paciente, me trajeron las uvas, pero a mi marido no. Al final se las comió él porque a mí no me apetecían. Tuvo que cenar lo que le trajeron mis familiares cuando vinieron de visita por la tarde. Mi hija mayor, de dos años, se quedó en casa de mi familia, así que la sensación fue agridulce y extraña", cuenta a Verne.

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