¿Qué echan de menos los universitarios durante el periodo de exámenes?

Y cómo explica la psicología por qué nos cuesta tanto, y cada vez más, sentarnos a estudiar

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Alumnos de la Universidad Complutense durante los exámenes. CLAUDIO ÁLVAREZ
Alumnos de la Universidad Complutense durante los exámenes. CLAUDIO ÁLVAREZ

Para un grupo importante de la sociedad, la cuesta de enero no significa solo apretarse el cinturón después de los excesos económicos y gastronómicos de la Navidad, que también. Para ese grupo importante de la sociedad, que son los universitarios, enero se pone cuesta arriba porque toca sentarse delante del escritorio, sin levantar la mirada de los libros y apuntes hora tras hora. Solo los descansos de fuerza mayor –dormir, comer– están permitidos y hasta salir a un examen puede ser un respiro.

Tantas horas intentando concentrarse, leyendo, subrayando, resumiendo, solo, ya sea en casa o en la biblioteca, dan para mucho. El pensamiento huye de los apuntes y por eso, los exámenes de universidad también son un momento de reconocer qué nos gusta hacer, un periodo en el que acabamos elaborando un listado mental de deseos y tareas que cumpliremos cuando pasemos la evaluación.

Así lo ha recogido Amstel Index, la herramienta que mide el reconocimiento en redes sociales y lo expresa en una escala de 0 a 100, que en un periodo de 10 días durante este mes de enero ha escuchado un 71% de mensajes de crítica hacia los exámenes universitarios y un 29% de reconocimiento.

LISTA DE DESEOS

A nadie le extrañará que los comentarios críticos sobre los exámenes de universidad ganen por goleada. Aunque desde hace poco existe y se habla en la psicología de “adicción al estudio”, relacionada con la adicción al trabajo, e incluye a todos aquellos “que ponen tanta energía y esfuerza en estudiar que afecta a las relaciones personales, las actividades de ocio y/o la salud”, como definió la doctora Cecilie Andreassen en 2014; la realidad más común es sentir aburrimiento, apatía y hasta casi odio por el estudio y las pruebas de evaluación en la universidad.

Las razones de esta falta de interés son muchas y variadas. Van del mencionado aburrimiento, al miedo a suspender o a la tristeza ante la rutina, como ha observado Amstel Index. Las bibliotecas son el blanco fácil de muchas de las críticas porque acaban siendo el lugar donde más tiempo pasan los universitarios en estos días de estudio. Acumulan un 75% de sentimiento negativo en las redes sociales, mensajes de usuarios que hablan de “depresión”, “rutina” y “malestar”.

También se practica la autocrítica en Twitter cuando hablamos de exámenes y universidad. Los usuarios de redes sociales comunican con más frecuencia sus malos resultados o la previsión de suspensos (72%) que los aprobados y buenas notas (28%), según indica Amstel Index.

Y los profesores, como de costumbre, tampoco salen bien parados: el 60% de los mensajes escuchados por la herramienta son críticos por desacuerdo con las correcciones o porque tardan mucho en entregar las notas.

Pero todo universitario sabe que hay luz al final del túnel, que un día cerrará los libros y saldrá de la biblioteca y en esa esperanza se construye parte de la motivación para continuar con el esfuerzo, pensando en cuál será el merecido premio.

Por eso es por lo que el “deseo” es el sentimiento de reconocimiento más escuchado por Amstel Index en redes sociales estos días de enero. No un deseo por seguir estudiando, sino un deseo por todas esas cosas que harán cuando los exámenes de la universidad terminen. Esa lista mental de tareas idílicas. Una conversación que ha estado presente en un 31% de las menciones registradas.

Y entre todos ellos hay dos tipos de personas. Por un lado, están los que echan de menos la trinidad “sofá, manta y series”. Son los que quieren retomar sus shows favoritos o ponerse al día con todos los nuevos estrenos, quieren dormir y quieren paz y tranquilidad. Por otro, están los universitarios que sueñan con cambiar el libro por una cerveza bien fresquita, la biblioteca por un bar, estar solo por quedar con amigos. Los dos reponen fuerzas tras una difícil cuesta de enero, solo que lo consiguen de maneras distintas.

¿POR QUÉ ME CUESTA ESTUDIAR?

Los dos grupos saben también que tienen que reponer fuerzas para volver a la rutina de las clases mientras llega el nuevo periodo de exámenes. Un periodo valioso para prepararse física y mentalmente para que en la siguiente evaluación no les cuente tanto sentarse a estudiar. ¿Cómo se hace? ¿Y por qué cuesta tanto?

Los psicólogos hablan de varias razones. Una sería nuestra cada vez mayor falta de atención o capacidad de concentrarnos en la tarea que tenemos delante debido al creciente estímulo que nos rodea, es decir, navegar sin fin por Internet, entrar en Facebook mientras estudiamos o trabajamos.

Otra, en parte relacionada con la anterior, sería el popular mal de la procrastinación, el retrasar y retrasar nuestras tareas y obligaciones por falta de motivación, por sobreestimar el tiempo que necesitamos para estudiar un examen o por convencernos de que necesitamos estar en un determinado estado mental y físico para poder sentarnos a estudiar, por ejemplo.

Los informes de los últimos años solo confirman que la procrastinación sigue creciendo: afecta a entre un 80 y 95% de los estudiantes universitarios en Estados Unidos.

La buena noticia es que tiene solución. Como dice el doctor en psicología Joseph Ferrari: “Todo el mundo procrastina, pero no todo el mundo es un procrastinador”. En su libro How to Beat Procrastination in the Digital Age: 6 Unique Change Programs for 6 Personality Styles, Linda Sapadin identificaba seis tipos de procrastinadores: el perfeccionista, el soñador, el preocupado, el crisis-maker (que crea dramas y los exagera), el desafiante y el complaciente. Cada uno de ellos encuentra sus razones personales para posponer su trabajo o estudio.

Y según la American Psychology Association (APA), el primer paso para superar la procrastinación y perseguir una mejor concentración es conocerse a uno mismo, identificarse entre esas categorías si se considera procrastinador y asumir cómo eres, para así combatirlo. Una mejor autoestima hace estudiantes más concentrados, dicen también desde la APA.

Después, hay muchos métodos de estudio y concentración para que sentarse a estudiar no sea tan pesado ni aburrido; métodos que incluso utilizan la tecnología a nuestro favor en lugar de como excusa.

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