Menos información para informar mejor: el diseño de los mapas de metro

Cuando llega la campaña, los políticos bajan a los andenes, pero no siempre saben orientarse

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Mapa del metro de Barcelona
Mapa del metro de Barcelona

Elsa Artadi, número dos en la lista de Junts per Catalunya al Ayuntamiento de Barcelona, admitió en una entrevista concedida a TVE que desconocía los colores de las líneas de metro de su ciudad: “He estado viajando en coche oficial y cuando iba a trabajar usaba los Ferrocarriles de la Generalitat”. No es la única candidata que ha pasado apuros con el metro recientemente: Manuel Valls, el candidato de Ciudadanos, no acertó con el número de líneas que tiene la ciudad.

Con independencia de los esfuerzos de los políticos por acercarse durante la campaña electoral al mundo del transporte público, los mapas de metro son elementos icónicos y reconocibles de muchas ciudades, hasta el punto de que a menudo llegan a pósteres y camisetas. El origen de estos planos esquemáticos se remonta al Londres de los años 30.

De diagramas de circuitos a planos de trenes

Harry Beck ni siquiera era cartógrafo: era ingeniero del metro de Londres. Pero en 1931 comenzó a trabajar en su tiempo libre en el diseño de uno de los mapas más influyentes de la historia: el del metro de su ciudad, imitado en muchas ciudades de todo el mundo.

Como explica Simon Garfield en su libro En el mapa, el plano del metro de Londres es un ejemplo perfecto de cómo un diseñador puede simplificar un problema para resolverlo: “Es un mapa esquemático y diagramático, que triunfa sobre la geografía: en la vida real las estaciones no están todas separadas por la misma distancia, por supuesto, el centro de Londres no es tan grande como parece en relación con los suburbios, y los trenes no viajan en línea recta” (o tomando solo curvas de 45 o 90 grados).

De hecho y como cuenta la web del metro de Londres, Beck se inspiró en los diagramas de circuitos que diseñaba para su trabajo de ingeniero. En un primer momento, la empresa lo rechazó, al considerarlo “demasiado radical”. Lo acabó adoptando en 1933 después el éxito que tuvo una prueba de 500 copias entre los viajeros.

Arriba, el mapa de Londres de 1928. Abajo, la versión de Harry Beck de 1933

Hasta entonces, el plano del metro respetaba de forma más fiel la geografía de la ciudad, pero a cambio era mucho menos manejable. Sobre todo teniendo en cuenta, como recoge The Verge, que el número de líneas, paradas y transbordos se estaba incrementando.

El plano del metro de Beck eliminó todo lo que no le hacía falta saber a quien se desplazaba en metro, a cambio de distorsionar áreas y distancias. Al fin y al cabo, es más útil saber cuántas paradas faltan que cuántos kilómetros recorremos, y tampoco necesitamos tener en cuenta el recorrido exacto, ya que no conducimos el tren.

Como explica a Verne Juan José Arranz, profesor de Topografía y Cartografía de la Universidad Politécnica de Madrid, "el mapa es un elemento de comunicación" y por eso a la hora de diseñar uno, "nos tenemos que saltar muchas reglas", dependiendo de la escala y del objetivo del plano, entre otros factores. Al final, "lo importante son los datos que se quiere mostrar". Y en este caso "es un mapa del metro y no de la ciudad". No nos sirve de mucho si salimos a la superficie, ya que no aparecen las calles, pero tampoco está pensado para esto.

Sacrificar escalas o información no es algo exclusivo de los mapas de metro: los de carreteras, recuerda Arranz, exageran la anchura de las autopistas porque no importa tanto que estén a escala como que se vean claras en el plano.

Un mapa adoptado en todo el mundo

Beck recibió 10 libras por su trabajo, el equivalente a unas 700 libras actuales (o unos 800 euros). Siguió diseñando nuevas versiones de su mapa hasta 1960, cuando dejó la empresa molesto por la interferencia de Harold F. Hutchinson, responsable de publicidad del metro. Hutchinson quería que el plano se adaptara más a la geografía de la ciudad.

El ingeniero también trabajó en un diseño para el metro de París. Aunque la capital francesa no adoptó este mapa esquemático en un primer momento, sí lo acabaría usando algunas décadas más tarde.

Su propuesta también es la que se acabó implementando en España. Por ejemplo, Barcelona adoptó un plano esquemático en 1980. En Madrid llegaría en 1982, un año después de que se comenzaran a diferenciar las líneas por colores.

El plano del metro de Madrid. A la derecha, la versión (aún más) esquemática

Arranz apunta que con los mapas más esquemáticos hay que poner en una balanza la claridad y visibilidad de las líneas, por un lado, y las referencias geográficas, por otro. Y recuerda que el plano del metro de Madrid tiene dos versiones que dan más peso a una cosa o a la otra: una, pensada para planos más grandes, en la que se respeta parcialmente la geografía de la ciudad, y otra aún más esquemática y diseñada para los planos plegables de bolsillo.

Una obra de arte

El carácter icónico del diseño de Beck se ha usado también por diseñadores, artistas y, también, humoristas. Hay versiones del mapa del metro de Londres (y de otras ciudades) con tipografías (de Eiichi Kono), con emociones (Barbara Krueger) y otra, expuesta en el Tate Britain, el museo de arte moderno de Londres, en la que Simon Patterson sustituyó las paradas por futbolistas, actores y filósofos. Aparecen también políticos, como George W. Bush y Boris Yeltsin, a pesar de que muchos de ellos solo compran billetes cuando llega la campaña.

Detail of Typographic Tube Map by Eiichi Kono

Detalle del plano tipográfico del metro de Londres, de Eiichi Kono

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En 'The Great Bear' , de Simon Patterson, hay líneas dedicadas a filósofos, a reyes, a actores, a artistas... (Pincha para ver la imagen en grande).. Tate Gallery

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