Llorar o no llorar en el trabajo: abramos ese melón

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Ilustración: Anabel Bueno con foto de Getty
Ilustración: Anabel Bueno con foto de Getty

[Este artículo pertenece a La Matяioska, la newsletter quincenal de Verne en la que compartimos contigo temas sobre feminismo y mujer. Si quieres suscribirte, puedes hacerlo a través de este enlace y si quieres hacernos llegar algún mensaje, puedes escribirnos a lamatrioksa@verne.es].

Yo he llorado mucho en el trabajo. He llorado frente al ordenador mientras tenía conversaciones por el chat de Gmail. También por el despido de compañeros. He llorado con noticias de atentados e incluso una noche electoral. Generalmente, he intentado ocultarlo apretando los labios y levantando mucho las cejas, para que las lágrimas no llegaran a brotar. En esos momentos, tus compañeros lo saben pero no dicen nada e intentan no interactuar contigo hasta que te levantas y vas al baño. Esos son llantos discretos y, generalmente, aceptados. No molestan mucho y a todo el mundo le puede pasar alguna vez. Lloras en el trabajo, pero no por el trabajo. Pero ojo: pobre de ti si lloras en un despacho o en una reunión.

Sí, yo también he llorado en despachos de jefes. Cuando, después, lo he contado, las reacciones han sido similares: “Nunca llores en el trabajo. Que no te vean llorar”. Hacerlo en un entorno laboral está considerado un signo de debilidad. Te convierte automáticamente en peor profesional y en alguien vulnerable. Pero, ¿es así realmente?

Llorar es una manera más de comunicarnos, de expresar emociones como pueden ser la tristeza, pero también la frustración, la rabia o la inseguridad. A veces lloro porque no sé explicar lo que estoy pensando o porque no me dejan explicarlo.

El significado que concedemos a las lágrimas ha cambiado a lo largo de la historia, y analizar a fondo estos cambios nos daría para una serie de artículos enteros. Afortunadamente, ya lo han hecho otros en muchas ocasiones, como en este artículo de The Guardian a raíz de la publicación del libro Why Only Humans Weep (Por qué solo lloran los humanos), del psicólogo danés Ad Vingerhoets:

“Más que ninguna otra forma de expresión emocional, las lágrimas están sujetas a lecturas culturales e históricas cambiantes, que simbolizan la piedad y la sensibilidad en una época y la histeria y la debilidad en otra”.

En las oficinas, los jefes gritan pero casi nunca lloran. La ira y el enfado se toleran más que las lágrimas, aunque muchas veces escondan lo mismo.

Muchos artículos sobre este tema recogen las declaraciones de Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook y autora del libro Lean In: "Me niego a creer que somos una persona de lunes a viernes de 9 a 5 y otra distinta por las noches y durante el fin de semana. Creo que todos nosotros somos humanos, tenemos sentimientos y no pasa nada por compartirlos en el trabajo". Pero sí pasa. Sobre todo si eres una mujer.

La historia y la educación nos han convertido en lloronas en contraposición a los chicos que, ya sabemos, no lloran. No siempre fue así. En la mitología griega, Aquiles lloró cuando murió Patroclo. Este ejemplo es uno de los que recoge este artículo, que plantea: “La historia está llena de caballeros dolentes, monjes sollozantes y amantes llorones: ¿qué ha ocurrido con el noble arte del llanto masculino?”. Los años nos han enseñado que los hombres no lloran, porque tienen que ser fuertes para mandar bien y mantener su lugar. Si lloran, son objeto de mofa. Se convierten en niñas.

Llora como una mujer, lo que no has sabido defender como un hombre”

(Aixa, madre de Boabdil, tras la capitulación de Granada)

Volviendo al trabajo -donde hay más jefes que jefas- en el Club de la Lucha Feminista, de Jessica Bennet dan una “idea disparatada: podríamos limitarnos a llorar, joder”. Me encantaría que así fuera. Me encantaría que llorar no se penalizara más que hablar mal a un compañero. Pero tampoco soy ingenua, e inevitablemente pienso en otras palabras que recoge el mismo libro, las de la presentadora de televisión Mika Brzezinski y que resumen cómo todavía se reciben esas lágrimas: “Cuando lloras, regalas poder”.

[¿Has llorado en el trabajo alguna vez? ¿Quieres contarnos tus experiencias? ¿Estás a favor o en contra de llorar en el entorno laboral? Puedes hacerlo en los comentarios de este artículo, mandando un mensaje a lamatrioska@verne.es o a nuestras cuentas de Instagram y Twitter].

ESTOS DÍAS (SEMANAS) ME HA GUSTADO MUCHO LEER

Tenemos mucha plancha acumulada de las vacaciones, con un montón de links guardados para ir recomendando en las próximas cartas. Pero permitidnos esta vez que también rescatemos algunos textos que hemos publicado en Verne, por si acaso estabais muy ocupadas descansando.

1. Todas las caras de Nadia (Verne). Yo también he visto Élite. Como millones de personas en todo el mundo, me he tragado la segunda temporada. Me pirran las series protagonizadas por adolescentes, lo reconozco, y esta también. Aunque el personaje de Nadia no es uno de mis favoritos, sí es uno de los que tienen más importancia en los nuevos capítulos. Hemos hablado con mujeres jóvenes y musulmanas sobre este personaje para saber si se sienten representadas y qué les parece su evolución.

2. Defender a las mujeres, por orden del juez. (Verne, también) En la Ciudad de México se ha emitido una alerta por violencia contra las mujeres. La decisión la ha tomado un juez después de la petición de un grupo de organización feministas por la situación continuada de violencia machista en la ciudad. Aunque sobre el papel es muy difícil saber qué medidas concretas supone, intentamos explicarlo en este artículo. Otra noticia que nos ha dejado México es la despenalización de aborto en el Estado de Oaxaca, el segundo del país en el que se permite.

3. Yo tampoco lo sabía. Y resulta que los archivos de The Lowell Offering están digitalizados y pueden consultarse online.

4. Universitaria por favor real (RNE). Elena Maseras acudió a la Facultad de Medicina de Barcelona cuando las mujeres no podían asistir a la universidad. El rey Amadeo I le tuvo que dar un permiso especial. Tuvieron que pasar casi 40 años para que el resto de mujeres pudiera estudiar una carrera en España. Puedes escuchar más de su historia aquí.

5. Y sí, ya lo sabíamos, pero la violencia obstétrica existe (EL PAÍS). La novedad es que en julio se presentó en la Asamblea General de la ONU un informe sobre ella, lo que ayuda a visibilizarla. Su título (sencillito) es Enfoque basado en los derechos humanos del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica.

6. Y si estáis por Bilbao, no os perdáis el I Congreso de Periodismo Feminista María del Carmen Molifé, organizado por la Revista Pikara. Se celebra durante los días 9 y 10 de octubre y por aquí estaremos atentas a las conclusiones.

ESTO HAY QUE VERLO

La campaña del Govern de las Islas Baleares contra la Violencia Machista dirigida a los adolescentes está pensada con estética, lenguaje y códigos de TikTok. Aquí puedes leer un poco más sobre cómo la idearon. Y para verla, pincha la imagen:

Selección del contenido y redacción de La Matяioska: Mari Luz Peinado @mluzpeinado

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