El triunfo de las escritoras argentinas: 10 libros para empezar a leerlas

Te recomendamos títulos de las narradoras más influyentes del Río de la Plata en la semana en la que tres de ellas han ganado premios internacionales

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mujeres escritoras

Este lunes, la escritora bonaerense Mariana Enríquez ganó el premio Herralde de Novela por Nuestra parte de noche, su última novela, que será publicada por la editorial Anagrama de España. No es la única escritora argentina que fue premiada en la última semana. También este lunes, Selva Almada ganó el First Book Award de la Feria del libro de Edimburgo (Reino Unido), por su primera novela, El viento que arrasa (2012), recién traducida al inglés. El pasado martes, la porteña María Gainza fue anunciada como ganadora del premio Sor Juana, que se le entregará en la Feria del Libro de Guadalajara en unas semanas.

Las escritoras siempre fueron piezas clave del mapa literario de Argentina: la generación de Horacio Quiroga vio nacer a Alfonsina Storni. La de Jorge Luis Borges a las hermanas Victoria y Silvina Ocampo. No se puede leer a Julio Cortázar sin el contrapeso de la poesía de Alejandra Pizarnik. Lo mismo pasa con los cuentos de Ricardo Piglia, en el espejo de los de Hebe Uhart o Liliana Heker. Durante el cambio de siglo, al lado de escritores como Alan Pauls o Rodrigo Fresán, también empezaba a escribir Claudia Piñeiro.

Con motivo de estos premios, en Verne hemos seleccionamos diez libros de escritoras argentinas de la última década:

1. Belén López Peiró, Por qué volvías cada verano (2018)

Narra la historia de una adolescente a la que le horroriza ir de vacaciones porque en el pueblo al que acude su familia todos los años, la espera su tío, un comisario de la policía bonaerense, que abusa sexualmente de ella cada verano. Esta novela es un relato polifónico que, a través de varias voces, relata los abusos reales que sufrió la autora durante sus vacaciones entre los 13 y 16 años. Publicada durante el auge del movimiento #MeToo, la novela de López Peiró (Capital Federal, 1992) fue uno de los libros más vendidos en Argentina en 2018, y sirvió, por ejemplo, para que la actriz de telenovelas Thelma Fardín se animara a denunciar a su colega Juan Darthés por abusos sexuales cuando solo tenía 16 años.

2. Yanina Rosenberg, La piel intrusa (2018)

En su primer conjunto de relatos, premiado en 2017 por la Feria del Libro de Buenos Aires, Rosenberg (Buenos Aires, 1980) narra la precariedad del mundo cotidiano atravesado por lo fantástico o la más cruda realidad: una madre que se da cuenta de que no se puede relacionar con su hija y encarga un clon que le sea más afín, una anciana que guarda sus tumores en frascos y les habla, niños ingratos, maridos zombis. Rosenberg, con la jerga porteña de la actualidad, muestra la maldad que puede surgir del hartazgo de cumplir siempre los mismos mandatos sociales.

3. Gabriela Cabezón Cámara, Las aventuras de la China Iron (2017)

Si uno de los poemas fundacionales de Argentina, el Martín Fierro (1872) de José Hernández, comienza con la deserción de un gaucho (un habitante de las zona adyacente entre Argentina, Uruguay y Brasil) que se niega a seguir combatiendo contra los indígenas en la frontera argentina, Cabezón Cámara (Buenos Aires, 1968) le da voz a su contraparte, la mujer que Martín Fierro deja en la estancia cuando es reclutado forzosamente para irse con las milicias con las que el presidente Domingo Faustino Sarmiento buscaba conquistar el desierto. La “China” —mote de cariño con el que los gauchos se referían a sus esposas— sin nombre en el libro de Hernández, adquiere voz propia y un nombre propio: China Iron. En este libro se narra la vida de una mujer desde la tortuosa existencia en la estancia hasta el acogimiento de una comunidad utópica tierra adentro.

4. Silvina Giaganti, Tarda en apagarse (2017)

En este poemario, el primero de Giaganti (Avellaneda, 1976), la autora le habla al dolor, a sus recuerdos, explora sus deseos y sus fracasos con un tono autobiográfico. “No hablar de lo que duele / excepto con quien sabe / crecer, volver a pasar / por el mismo lugar / sin hacerse tanto daño”, escribe Giaganti en uno de sus poemas que, después de 3.000 ejemplares vendidos en Argentina, saltó el Atlántico para ser publicado en España. La autora, licenciada en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, también publicó Desde el día en que nací (2018) una autobiografía en la que desentraña su educación sentimental, atravesada por el amor con el que tuvo más constancia: Independiente, uno de los equipos de fútbol más importantes del país.

5. Liliana Villanueva, Sombras Rusas (2017)

A mediados de los 90, apenas caída la Unión Soviética, Liliana Villanueva se mudó a Rusia. Vivió cuatro años en Moscú. Aprendió ruso, trabajó de corresponsal para medios argentinos, conoció al traductor de Borges, entrevistó a la intérprete del Che Guevara y salió de fiesta con la supuesta hija de Josef Stalin. En este libro de crónicas, Villanueva (Buenos Aires, 1973) relata la construcción de una nueva Rusia a partir de las voces sus habitantes y de un relato personal que, por momentos, se asemeja a la catástrofe del territorio donde se lleva a cabo.

6. Samanta Schweblin, Siete casas vacías (2015)

El relato en primera persona de una mujer aquejada por el alzhéimer que pierde a su marido, el de una niña que es acompañada por un hombre desconocido a comprar unas pantaletas, o la historia de una madre y su hija que recorren ofertas inmobiliarias para planear una vida que nunca tendrán, son algunas de las historias de este libro ganador del premio Narrativa Breve Ribera del Duero en 2015, en el que la autora lleva al límite sus exploraciones alrededor de la violencia afectiva, la pérdida de seres queridos y la enfermedad. De la autora, el escritor y jurado del premio en ese año, Rodrigo Fresán, dijo: “es una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca”. Schweblin (Buenos Aires, 1978), autora de tres colecciones de relatos y dos novelas, ha sido traducida en 25 idiomas y también ha ganado los premios del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2001, el Casa de las Américas de Cuba en 2008 y el Tigre Juan de España en 2015.

7. María Gainza, El nervio óptico (2014)

“Embaucadora prodigiosa”, así la llamó Cees Nooteboom, el eterno candidato al Nobel, por su capacidad de entrelazar las vidas de los pintores japoneses con las intimidades de familias argentinas de clase alta venidas a menos, como hace en esta novela. Gainza fue colabora del The New York Times desde Argentina y crítica de arte por más de diez años. Después saltó a la narrativa con esta novela, una autobiografía en la que narra la salida de la comodidad de la familia mientras propone una visión propia de la historia del arte.

8. Ariana Harwicz, Mátate, amor (2012)

“A cierta hora aparece un ciervo que se me queda mirando de una manera brutal como no me miró nadie nunca”, dice la narradora de esta novela, una madre de familia que vive sola en el campo con la familia de su marido. Mátate, amor es el primer libro de una trilogía que escribió Harwicz (Buenos Aires, 1977), en la que describe la asfixia, la ironía y la toxicidad de ciertas relaciones familiares, al mismo tiempo que desenmascara los tabúes de la maternidad, el matrimonio y el sueño posmoderno de dejar la ciudad para vivir la parsimonia —o monotonía— del campo. La traducción al inglés de este libro fue nominada al prestigioso premio Man Booker International en 2018, que terminó adjudicándose la recientemente galardonada con el Nobel de Literatura, Olga Tokarczuk.

9. Selva Almada, El viento que arrasa (2012)

Una niña y su padre, un pastor protestante, se quedan varados en medio de la selva del Chaco argentino cuando el coche en el que viajan pueblo por pueblo se avería. “Hacía muy poco que había dejado la infancia, pero su memoria estaba vacía. Gracias a su padre, sus recuerdos de la niñez eran el interior del mismo coche”, escribe Almada (Entre Ríos, 1973), que en 160 páginas logra contagiar la atmósfera asfixiante en la que vive una niña obligada a acompañar a su padre por el áspero norte argentino mientras atraviesa el aún más áspero tránsito hacia la adolescencia. “Una estrella emergente de la ficción latinoamericana”, según el jurado que este lunes la ha premiado en Edimburgo, también es autora del conjunto de crónicas Chicas Muertas (2014), que reconstruye las circunstancias de tres femicidios ocurridos en el interior de Argentina durante la década del 80.

10 . Mariana Enríquez, Los peligros de fumar en la cama (2009)

Una niña descubre unos huesos en su jardín, y no son de animal. Las vacaciones de dos chicas en la costa argentina terminan en un infierno producido por los celos. Un mendigo desata el caos en un barrio pudiente. En estos doce cuentos, su segunda colección, Enríquez (Buenos Aires, 1973) enfrenta lo cotidiano a uno de los géneros literarios por excelencia: el terror. Apariciones espectrales, brujas, espiritismo, visiones y muertos que vuelven a la vida, son los elementos que la escritora, que en 2016 le dijo a EL PAÍS que no quisiera que nunca “le saquen las pesadillas”, conjuga con la vida moderna.

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