Nocheviejas mutantes

Hay quienes toman la decisión de dejar de salir en fin de año. Son los que no paran de repetir: "Es una noche más. Para mí es una noche más"

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Me acuerdo perfectamente del ritual anterior a la Nochevieja. Todas las amigas quedábamos para ir al "centro" y comprarnos algo de ropa. Estábamos de vacaciones, así que si alcanzaba el dinero de nuestros padres, probablemente acabaríamos comiendo en un McDonald’s hamburguesas de un euro o McFlurries de chocolate. Estrenar algo en Nochevieja lo sentíamos casi como una necesidad, y no servía solo el tanga o las bragas rojas. En Nochevieja se iba sobre seguro: el color que te favorecía, el vestido negro que habías fichado, la minifalda más apretada posible. Lentejuelas, brilli-brilli, tops, leggins. Lógicamente, salir en Nochevieja después de las uvas en casa era el acontecimiento del año. Lógicamente, eso implicaba pasar frío. Mucho frío.

Pienso en cómo han cambiado las Nocheviejas y compruebo, primero, la alteración del territorio disfrutable, el campo de acción, que se ampliaba espectacularmente a medida que pasaba un año y luego el otro. Pasabas de estar encerrado en una casa a poder salir a las carpas del barrio de al lado; y después a una discoteca de más allá a la que había que ir en ¡metro! Ahí justo aprendiste la palabra cotillón, que se parecía sorprendentemente a botellón. Hasta que un día acababas cogiendo el tren para una fiesta a las afueras. Entonces: engañar a la abuela (jersey ocultando transparencias) diciendo que solo vas a pasear un ratito por aquí al lado. Despedirse del resto de comensales y salir del piso como victoriosa. “Que sepas que se te ve el culo”, te dice alguien. Baño de realidad antes de salir de casa. Efectivamente se te ve el culo. Acabar de rave, calurosa y espléndida, y pensar en tu abuela, que ha aprobado tu jersey, que estará durmiendo desde hace veinte horas, que sobre todo no quiere que seas una chica de las que salen en las noticias al día siguiente porque no ha vuelto porque hay hombres que las matan, joder.

Al menos ya es 1 de enero y has vuelto.

Finalmente, desoladoramente, abandonar el nido al cabo de unos años. Entonces: encajar la cara de tristeza de tu madre por el primer abandono. Encajar la cara de tus amigos de siempre por cambiar de fiesta. Primer año de escisión. Tú y tus amigos vais por ahí haciendo nuevos amigos (en los trabajos, en las universidades) y el grupo se está desintegrando. Ahora resulta que ya no os gustan las mismas cosas. Ahora resulta que hay gente que ya no quiere arreglarse, que dice que quiere ir “tirada”. Ahora resulta que no todas estáis de acuerdo en las fiestas de garrafón y grandes éxitos y tacones. Ahora resulta que a algunos les parece muy cara la noche y, a otros, demasiado barata. Hay quienes toman la decisión de dejar de salir en fin de año. Son los que no paran de repetir: “Es una noche más. Para mí es una noche más. Una noche más”. Se van a dormir pronto, y al día siguiente se levantan a la misma hora en la que tú estás pegado en el sofá de una casa llena de gente que no para de hablar.

Después llegan Nocheviejas en las que no sabes qué harás hasta un par de días antes. Nocheviejas en las que no te has comprado nada porque ya no necesitas estrenar, ahora te gusta más ahorrar. Has conseguido rebajar las expectativas de la noche porque has aprendido que eso funciona. También hay novias y novios celebrando sus bodas el día Nochevieja en un ejercicio máximo de egomanía. Te indignas -nos indignamos- por cosas así. Declinamos planes por "estúpidos", ahora ya sin culpa. Además, ya no pasas frío.

Y otro año más, estamos todas excepto las que no. Se acaba otra noche, llega el 1 de enero, todo vuelve a empezar, y el año que entra está completamente vacío y nadie sabe lo que va a pasar, despertarse es también como asomarse a un precipicio. La mañana son restos de comida y suelos pegajosos. Siempre da miedo.


Anna Pacheco es periodista y escritora. En la serie de artículos Terror adulto reflexiona sobre precariedad, miedos y sentimientos de una generación que ronda la treintena llena de contradicciones.

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