No pasa nada, Rajoy, ser persona 'non grata' no tiene efectos prácticos

Se trata de una figura del derecho internacional que en el ámbito de los municipios solo es un gesto simbólico

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A Mariano Rajoy le ha dolido que el Ayuntamiento de Pontevedra, ciudad en la que fue concejal, le declarara persona non grata. En Espejo Público, el programa de Antena 3, el presidente en funciones ha afirmado este miércoles que “me ha fastidiado y también a mi familia”, ha asegurado que "me duele más que el puñetazo" y ha rematado con un “ni siquiera Hitler o Stalin han sido declaradas personas non gratas en la ciudad de Pontevedra”. Estaba tan nervioso que ha sufrido otro de sus lapsus: "Somos sentimientos y tenemos seres humanos".

El disgusto de Rajoy es comprensible. A nadie le gustaría pasar por algo así, con o sin razón: el gobierno en funciones ha permitido a ENCE mantener una fábrica de pasta de papel en el litoral durante los próximos 60 años. Pero al menos le podemos decir que se trata de una declaración simbólica, sin ningún efecto legal, como confirma a Verne el Consello da Avogacía Gallega.

Rajoy puede visitar y vivir en Pontevedra, ya que en caso contrario se vulnerarían sus derechos constitucionales y, si le apeteciera, podría incluso presentarse como candidato a la alcaldía de la ciudad. Esta declaración no tiene ningún efecto jurídico y solo es política.

El Consello da Avogacía Gallega tiene experiencia en este terreno: en 2012 la entidad declaró persona non grata al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, como modo de expresar su rechazo a la reforma legal anunciada por el ministerio. En la práctica, esto significaba que el ministro no sería recibido por el Consello ni tenido en cuenta como interlocutor.

Rajoy, no estas solo: el rey, Aznar y Zapatero también son personas 'non gratas'

Hay más ejemplos de figuras políticas declaradas personas non gratas por ayuntamientos: en enero, el municipio catalán de Breda declaró por unanimidad persona non grata al rey Felipe VI, cosa que también hizo en febrero Arenys de Munt. Este municipio ya le había dedicado la misma calificación al exministro de educación, José Ignacio Wert.

Ana Pastor, ministra de Fomento, fue declarada en 2013 persona non grata en Vitoria durante un par de horas por culpa de un lío en el pleno del Ayuntamiento. El alcalde, Javier Maroto, tuvo que convocar un pleno extraordinario para anular la decisión. Lo explicaba en EL PAÍS Ania Elorza:

“Bildu, en su enmienda al texto socialista, pedía que la ministra fuera reprobada por todos los grupos, pero la concejal del PSE Maite Berrocal matizó que no era posible hacerlo. En todo caso, explicó, se le podría declarar persona non grata. Dicho y hecho, el lío estaba montado. “Póngame el segundo de la lista”, urgió desde Bildu Antxon Belakortu. Con los votos a favor de PNV, PSE y Bildu y los del PP en contra, la declaración fue aprobada y Pastor se convirtió, por el breve espacio de dos horas, en persona non grata para la ciudad —lo que no tiene efectos prácticos—”.

Rajoy ni siquiera es el primer presidente declarado persona non grata: José Luis Rodríguez Zapatero lo fue en Fene, A Coruña, por no negociar con la Unión Europea el levantamiento del veto al astillero de Astano.

Otro presidente, José María Aznar, fue declarado en 1995 persona non grata por el ayuntamiento de Bunyola, en Mallorca, y en 1999 por la Universidad Autónoma de Barcelona. En este caso, la consecuencia práctica fue que dejaron de invitarle a los actos de la institución. Pero podría haberse matriculado de alguna carrera, solo para fastidiar.

Y probablemente no le servirá de consuelo a Rajoy, pero Adolf Hitler también fue declarado persona non grata en su ciudad natal, la localidad austriaca de Braunau Am Inn. Fue en 2011, 78 años después de haber sido nombrado ciudadano honorífico del municipio. El dictador había nacido en Ranshofen unos años antes de que pasara a formar parte de Braunau.

Una figura del derecho internacional

Sería diferente en caso de que Pontevedra fuera un país independiente y Rajoy el embajador de España en Pontevedra: según la Convención de Viena, un Estado puede declarar a cualquier persona de un cuerpo diplomático persona non grata, por lo que se vería obligada a dejar su puesto en la embajada o el consulado y volver a su país. Se ha usado esta figura para expulsar a diplomáticos en momentos de tensión, así como a sospechosos de espionaje. Y, como recuerdan desde el Consello da Avogacía Gallega, esto implicaría que se tendría que nombrar a otro diplomático que le sustituyera en el cargo.

De hecho, cuando un ayuntamiento ha llevado a cabo este tipo de declaraciones, las decisiones se han discutido e incluso recurrido, dado que no hay una ley que les habilite para ello.

En el caso de que no se trate de personal diplomático, la declaración a nivel internacional también es simbólica e independiente de la retirada o no del visado: desde el Consello recuerdan que no hay validez jurídica si no se ostenta ningún cargo diplomático. Por ejemplo, en abril del año pasado, Felipe González fue declarado persona non grata por el parlamento venezolano, a propuesta del Partido Comunista de Venezuela. Sin embargo, el gobierno no le impidió la entrada en el país.

En todo caso y para compensar, se ha abierto una propuesta en Change para pedir “que Hitler y Stalin sean nombrados personas non gratas en Pontevedra”. No lleva ni 50 apoyos. Esta iniciativa (humorística) le muestra a Rajoy que a veces se está mejor solo que mal acompañado.

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