Cómo hablar con niños cuando preguntan sobre los atentados de Barcelona y Cambrils

Los psicólogos subrayan que el tono es tan importante como el contenido: hay que transmitir tranquilidad

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Tributo en las Ramblas a las víctimas del atentado
Tributo en las Ramblas a las víctimas del atentado.

Los atentados de Barcelona han dejado al menos 14 muertos y más de 100 heridos. Es posible que muchos niños y adolescentes se estén haciendo hoy preguntas sobre el terrorismo, sobre todo teniendo en cuenta que ha ocurrido en nuestro país. ¿Cómo y cuándo deben responder a estas cuestiones padres y madres? [Sigue todo lo relacionado con el atentado en EL PAÍS].

¿Qué ha pasado?

Explicar qué ha pasado depende mucho de la edad del niño o niña. Pero si el contenido es importante, también lo es el tono en el que lo contamos: “Antes de los 6 o 7 años no hay que dar razonamientos excesivos, que podrían incluso potenciar el miedo”, explica a Verne por teléfono Sergi Banús, del Gabinete Psicodiagnosis de Tarragona. Este psicólogo incide en que hay que transmitir tranquilidad y seguridad: "Que sepan que ha ocurrido algo malo, pero que está bajo control”.

Esto último es especialmente importante si tenemos en cuenta que estos atentados han ocurrido en Cataluña: “La realidad es más próxima y esto puede potenciar las emociones, como la rabia y la tristeza”. Esto es peligroso porque los niños “son como esponjas”, explica a Verne Vanesa Clemente, psicóloga especializada en trauma. También es importante dar siempre la misma respuesta: para asimilar y entender lo que ocurre, los niños a menudo necesitan repetir la misma pregunta varias veces. Que respondamos siempre igual “les da seguridad”.

A partir de los 6 o 7 años, dependiendo del niño, se puede hablar de forma más clara de lo ocurrido. No hay que entrar en detalles escabrosos, pero tampoco debemos mentir.

¿Qué es el terrorismo?

Es muy difícil que los más pequeños entiendan qué es el terrorismo, pero sí se puede explicar que se trata de “gente muy, muy mala que ha querido hacer daño”, repitiendo el adverbio "muy" todas las veces que sea necesario, apunta Clemente. Tanto ella como Banús inciden en que hay que subrayar la excepcionalidad de los hechos: es algo que pasa muy poco y los responsables son muy pocas personas y muy malvadas.

Banús apunta que también es importante dar un cierre, es decir, una solución al problema que se expone, explicando, por ejemplo, que hay muchos más policías y que estos hacen muy bien su trabajo. También se puede hablar de que la mayor parte de la gente es buena y poner como ejemplo las muestras de solidaridad de estos días, como las donaciones de sangre o las personas que han ofrecido sus casas a quienes no podían regresar a sus hoteles. “Esta clase de argumentos pueden ayudar a dar un cierre y a tranquilizar”.

¿Nos puede pasar a nosotros?

Clemente explica que a partir de los 4 años un niño podría preguntarnos si esa gente mala nos podría hacer daño. La psicóloga recuerda que es importante decir la verdad: “A veces mentimos para proteger a nuestros hijos, pero si acaba ocurriendo lo que decimos que no ocurrirá -sea lo que sea-, el niño puede sentirse engañado”. Ella sugiere “darle seguridad ante todo, pero sin mentir”. Se puede decir que “no podemos saber lo que va a pasar, pero insistir en que esto es algo excepcional y que es muy difícil que ocurra”.

¿Volverá a pasar?

Además de explicar que se trata, como hemos dicho, de hechos excepcionales de personas muy malvadas, Clemente apunta que podemos decir que hablamos de gente que quiere conseguir cosas de manera completamente equivocada o que es un grupo que solo quiere hacer mucho daño. También apunta que no pasa nada por decir que “no lo sabemos. A menudo los padres tenemos cierta ansiedad por responder a todo”, pero el niño puede entender que no tengamos todas las respuestas.

Banús ya nos recomendaba hace unos meses, tras el atentado de Manchester, hacer referencia a la radicalización cuando hablamos con adolescentes. Podemos “explicar que se trata de una minoría de personas que se aíslan de la sociedad, que tienen sus propias ideas y que se retroalimentan”. También se puede explicar cómo se está combatiendo a estos radicales, incidiendo en el ya mencionado mensaje de optimismo.

Tengo miedo...

Es normal que los niños –y los adultos– tengan miedo después de un atentado, pero no podemos dejar de hacer cosas por ese motivo. Hay que salir a la calle, opina Clemente: “Si no los sacamos por miedo de ellos o nuestro, la situación puede empeorar”. Hay que explicarles que “necesitamos disfrutar de la vida y hacer la compra, por ejemplo” e intentar darles las razones por las que no podemos encerrarnos en casa. También es muy importante que los padres y madres (y tíos y abuelos) no transmitan comentarios que puedan provocar miedo a hacer vida normal.

En este sentido, Banús apunta que el niño tiene que ver que sus padres actúan con normalidad. Si los adultos alteran sus rutinas por lo que pudiera pasar, pueden contagiar el miedo a sus hijos.

Mira esto que sale en la tele...

La información va a aparecer en los medios de comunicación y a todas horas, pero hay que intentar que los niños más pequeños no vean todo lo que se publica. “Como la exposición será más prolongada, al haber ocurrido en Barcelona, corremos el riesgo de exponer más a los niños, lo que les puede provocar más miedo”.

A medida que los niños se hacen mayores, es más difícil evitar esta exposición. “Los adolescentes tienen acceso a redes y a los móviles”, recuerda Banús, que apunta que es importante transmitir mensajes como los de Policía y los Mossos d’Esquadra, para que al menos no difundan las imágenes y vídeos que les puedan llegar. En la medida de lo posible, los padres tienen que estar con ellos y dar contexto a la información que sus hijos e hijas reciben.

¿Puedo ayudar?

Un consejo que también nos daba Banús tras el atentado de Manchester, es el de “resolver el duelo”. Por eso, explica, “en los lugares de los atentados hay flores, fotos, también se pueden enviar mensajes…”. Se trata de una forma de “exteriorizar el acercamiento a las víctimas” y puede ser un “instrumento de expresión del duelo”.

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