Las puertas del cementerio

Visitar cementerios es una de las mejores actividades a las que puedes dedicar el 1 de noviembre

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Will Graham (de 'Hannibal') paseando en un cementerio un pelín descuidado
Will Graham (de 'Hannibal') paseando en un cementerio un pelín descuidado

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Se acaba octubre y lamentablemente con él inktober, que nos deja maravillas como la colección de Mercedes Palacios, que ha dedicado cada uno de los días del mes a una mujer inventora, aquellas que, en sus palabras, rompieron moldes. Preciosa ha sido también la labor de esta ilustradora finlandesa que ha abierto una ventana al proceso creativo detrás de cada pieza.

Personalmente, también echaré de menos la iniciativa de Noel Ceballos, que está recomendando una película de terror en blanco y negro hasta el día 31. Una vez pasada esta fecha también vamos a poder dejar de vivir esa situación surrealista de los últimos 10 días en los que ibas al súper a comprar suavizante y te encontrabas con que la decoración de Halloween se había solapado con los primeros turrones y mazapanes navideños. Sociedad de consumo, go home, you’re drunk.

No seré yo ya que esté en contra de la festividad de Halloween, ni mucho menos. Es más, quizá toda esa celebración nocturna plagada de brilli brilli y lycra te preparen cuerpo y espíritu para celebrar a la mañana siguiente el día de difuntos como dios manda, con la cabeza embotada y una máxima pochez en el alma, igualito que hacía el propio Larra cuando salía a la calle la mañana del 1 y se preguntaba, “¿dónde está el cementerio? ¿fuera o dentro?” para descubrir, horrorizado que “cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo”. Lo llevaba regular, Larra, lo de que el infierno esté en los otros.

Un poco como los protagonistas de Mindhunter (producida entre otros por Charlize Theron y David Fincher y disponible en Netflix), que emprenden una serie de entrevistas a asesinos en serie (el road trip de los locatis) que inevitablemente les acaba pasando factura psicológica y emocional. Ya lo decía otro insigne experto en psiquiatría, hay agujeros en el suelo de la mente.

“Cari, tienes el cutis seco, ¿has pensado en hidratarlo con sangre?”

Opine lo que opine Larra, visitar cementerios, si es posible con con un abrigo largo y oscuro, es una de las mejores actividades a las que puedes dedicar el 1 de noviembre. Uno de mis favoritos a los que acudir, si tienes la fortuna de encontrarte en Madrid, es sin duda el Cementerio Británico, lugar muy recomendable para los amantes de la ambientación gótica, las tumbas de pilotos de la RAF muertos en la II Guerra Mundial y la simbología masónica. Su inauguración apareció en el Illustrated London News el 14 de Julio de 1855, en la misma página, curiosamente, que la noticia que recogía la dimisión de Espartero como regente, debido en gran medida a la sublevación de Barcelona y al posterior bombardeo de la ciudad condal. Qué tiempos más locos.

La visita, por otra parte, es ideal si te apetece seguir los pasos de otro avant garde británico de la melancolía, Morrissey, que quedaba a las puertas del cementerio a disfrutar de un sol pálido, con un poema de Keats (O Yeats) probablemente guardado a la altura del corazón. Nada mejor que la muerte para hacerte sentir al once.

Morrissey abrazado a una lápida
Morrissey abrazado a una lápida, otra vez
Moz, por favor, basta ya

Pero ¿qué hay mejor para contribuir a alimentar un talante lúgubre y taciturno que una visita al cementerio? Ir al cementerio a ver una representación del Tenorio, como las que se realizan en el de San Froilán (Lugo), San Fernando (Sevilla) o San Javier (Murcia). La pura verdad es que a servidora el Tenorio siempre le ha parecido un poco moñas; siguiendo con la temática del donjuanesca me quedaría, sin lugar a dudas, con El burlador de Sevilla, obra en la que no hay lugar para el arrepentimiento de última hora ya que, como sentencia el espectro que arrastra al burlador de mujeres al inframundo, “Este es poco para el fuego que buscaste [...] Quien tal hace, que tal pague”. Porque no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague. Ojalá fuese siempre así.

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