Preguntamos a expertos daneses cómo montarte tu propio otoño 'hygge'

Olvida las velas, un brindis entre íntimos es más efectivo

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Mantita y recogimiento, ese maravilloso lugar
Mantita y recogimiento, ese maravilloso lugar.

Calma, intimidad, introversión e igualdad son los cuatro términos con los que Jeppe Linnet intenta definir una palabra danesa cada vez más conocida, aunque de difícil traducción: hygge. El antropólogo lleva años estudiando la que es ya una de las exportaciones más conocidas del país escandinavo. El otoño y el invierno son las estaciones más proclives para practicarlo. Varios expertos nacidos y criados en uno de los países más felices del mundo nos dan las claves para montárnoslo tan bien como ellos en días de frío.

En Dinamarca, no es una moda reciente eso de decir hygge (que se pronuncia algo así como huu-gue, aunque mejor escúchalo aquí). "Forma parte de nuestro vocabulario diario desde hace 200 años", asegura a Verne Meik Viking, director de The Happiness Research Institute (Instituto de investigación de la Felicidad) de Copenhague.

Él y Jeppe Linnet nos dan algunas claves concretas para que nos lo montemos tan bien como los daneses.

Solo funciona si puedes ser tú mismo. "Aunque también se puede disfrutar a solas, el hygge tiene un alto componente social. Se trata de compartir cosas que importan", dice Linnet. Para alcanzar ese estado de intimidad y paz interior, tienes que rodearte de personas que te conozcan bien, a ser posible desde la infancia o juventud. Familia, amigos del colegio o compañeros de la universidad son la compañía perfecta porque son con los que te permites ser tú mismo.

No más de cinco personas. Además de acompañarse de personas cercanas, hay que tener en cuenta el número idóneo de ellas para crear la atmósfera adecuada. "En ningún caso más de cinco. A partir de ese número, es más difícil hablar cara a cara y además los asistentes tienden a dividirse en grupos más pequeños", destaca Jeppe Linnet. "Deberían caber todos los invitados en torno a una pequeña mesa redonda y así participar en la misma conversación", dice Meik Wiking, que es también autor del manual hygge La felicidad en las pequeñas cosas.

Olvida la conversación casual. "Charla sobre algo que te importe y que desvele algo de tu personalidad. La idea es mostrarse auténtico, para que tu presencia sea valiosa para los otros y viceversa", comenta Linnet. "Eso no significa que haya que intentar impresionar a los demás. Todo lo contrario. Forzar la situación va a hacer que el resto no se sientan cómodos".

Llévate el hygge al trabajo. Tener todo el tiempo del mundo es lo ideal para sentirse cómodo y libre. Pero no esperes a tener un rato de ocio para practicar el hygge. Habla con tus compañeros sobre qué hiciste el fin de semana y explica por qué fue importante para ti. O cuéntales sobre un disco o un libro que te hayan emocionado especialmente, o sobre algo que haya supuesto un reto en tu vida. "Activarás sus neuronas espejo, se sentirán identificados contigo y crearás el sentimiento de cercanía necesario".

Rodéate de objetos personales. Es una forma de llevarse el hygge al trabajo. Por ejemplo, con esa taza que te regaló un familiar. Si decides practicarlo solo, cúbrete con tu manta favorita o ponte una prenda que te recuerda algo especial. Y si tiene que ser un peluche, que sea un peluche (quizá mejor no en la oficina). "En mi caso, tengo una silla de madera que hice junto a mi tío. Cada vez que invito a amigos a casa, me aseguro de que esté cerca", cuenta Wiking.

Sí a lo natural y a lo hecho con las manos. Si vas a llevar un pastel al trabajo, que sea casero. O, si estás en casa, cocínalo con tus amigos en vez de servirlo ya hecho. "El olor y el sabor de algo casero activará los sentimientos adecuados. Uno de ellos puede ser el de la nostalgia", comenta Jeppe Linnet. Para el antropólogo, una casa hygge es aquella que tiene materiales como la madera.

Sabores caseros y productos naturales para un buen hygge. Getty

Minimalismo y poca luz. "Aunque esto no es una ciencia y cada uno lo adapta a sus necesidades, dos de las cosas a evitar siempre son el diseño estrambótico y una iluminación excesiva. Destruyen el momento", recomienda Wiking. De ahí que se relacione tan a menudo esta receta de felicidad danesa con las velas.

Permítete faltar al trabajo, aunque no estés enfermo. Si puedes, gestiona tus vacaciones y días libres para tomarte de vez en cuando un "día hygge". No hace falta que estés enfermo para quedarte en casa entre semana. "Al fin y al cabo, el hygge es la forma que tenemos los daneses de perder nuestra disciplina y vivir sin responsabilidades durante un rato", comenta Linnet.

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