La Navidad me genera angustia, ¿es normal?

La obligación de mostrarnos felices puede ser negativa para las personas con ansiedad, según los expertos

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Reuters

Llega la Navidad y, con ella, sus rituales: las lucecitas, el árbol, los villancicos, las reuniones familiares, el amigo invisible... Todo el mundo está contento, o al menos lo parece, excepto tú. Puede que el año no te haya ido muy bien, puede que hayas perdido a un ser querido, o que simplemente estas fechas te pongan triste. No pasa nada, no eres un bicho raro. Los psicólogos coinciden en que las celebraciones de fin de año aumentan los niveles de estrés y ansiedad y, en algunas personas, provocan un profundo sentimiento de angustia.

"En esas fechas hay un aumento de casos de depresión subclínica, que es cuando alguien experimenta falta de ánimo, tristeza o ansiedad exacerbada", explica a Verne Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, en una entrevista por Skype. Eso no significa, sin embargo, que esas personas sufran algún trastorno psicológico, como la depresión patológica, que, según la Organización Mundial de la Salud, se caracteriza por una tristeza constante, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, entre otros síntomas.

La presión por reunirse con amigos y familiares, sentirse contentos y divertirse contribuyen a ese malestar ocasional, afirman los expertos consultados, pero hay otros factores. "Como se trata de una fiesta especialmente relacionada con la infancia y el calor del hogar, puede suscitar sentimientos de nostalgia y melancolía", comenta Carlos Baeza, psicólogo especialista en trastornos afectivos y de ansiedad.

Si el clima navideño te deprime sin una razón específica, Laura Sánchez, psicóloga clínica, recomienda analizar si se debe a algo que uno lleva arrastrando desde hace tiempo, como un duelo, o a un acontecimiento específico de los últimos días. "Es importante reflexionar sobre eso para decidir cómo abordar el problema", dice. Lo que no se puede hacer es sentirse culpable o disimular el estado emocional.

"Tenemos tan integrada la asociación Navidades-Felicidad que no nos permitirnos ser conscientes de qué nos ocurre y lo escondemos rápido en un cajón con llave porque pensamos que 'es una tontería', 'ya pasará', 'tengo que estar feliz'. Eso solo hace que nos sintamos raros por nuestros sentimientos y no los conectemos con la realidad", explica Sánchez.

Para las personas diagnosticadas con depresión, ansiedad o fobia social, las celebraciones se hacen aún más cuesta arriba. Enfrentar una reunión familiar, salir a comprar con las calles y tiendas llenas de gente e involucrarse en actividades sin ninguna ilusión por las fiestas aumenta la sensación de soledad y de incomprensión social. "La idea de felicidad general en esos días, tan opuesta a lo que sienten, solo refuerza la culpa, la tristeza y la sensación de que el mundo se mueve como un tren de alta velocidad y ellas se han quedado tiradas en el andén de algún lugar olvidado", describe Sánchez.

Las calles llenas de gente pueden ser motivo de angustia. Ralf Hirschberger (AFP)

La solución no es, sin embargo, aislarse, sino todo lo contrario. Los psicólogos señalan la conveniencia de potenciar la red de apoyo social, amigos y familiares, y priorizar una comunicación personal y cara a cara. "En vez de enviar un mensaje de 'felices fiestas' por WhatsApp, queda para un café con alguien cercano", aconseja Cano Vindel.

Para quienes se enfrentan a la depresión y a la ansiedad los 365 días del año, es importante saber que no van a desaparecer de golpe, así que nada de sentirse peor por no estar tranquilos y disfrutar de las fiestas. "No es momento de enfrentarse a grandes situaciones, si acaso solo pequeños objetivos, acorde a la situación, ritmo y necesidades de cada uno. Tú decides qué hacer con tu Navidad", afirma Sánchez.

Decidas participar en una gran cena familiar, hacer una celebración más intimista con pocas personas o incluso pasar de todos los clichés y ocupar los últimos días del año con otras actividades, los expertos coinciden en que lo importante es hacerlo libre de presiones. Y para ayudarte a encauzar la situación, aquí va una pequeña guía de supervivencia navideña:

  • Para empezar, no idealices las Navidades, despégate de las expectativas inculcadas. Ten en cuenta que los anuncios navideños son publicidad, no documentales.
  • Frena los "debería" y "tengo que" y di "no" ante lo que te sobrepasa. No te llenes de presión.
  • Simplifica las compras, celebraciones y compromisos. Olvida los detalles y céntrate en quienes son importantes para ti. Apóyate en las personas de confianza.
  • Celebra a tu manera. Si no te apetecen las cenas, pide comida en casa, ve una serie o una peli, viaja, ve a esquiar...
  • Si, al final, decides celebrar con amigos o familiares, evita los temas de conversación controvertidos, sean asuntos familiares delicados o temas políticos pasionales. No es el mejor momento para debatir lo de Cataluña.
  • Aunque el alcohol y otras drogas tienen un efecto evasivo, puede afectar negativamente el estado emocional. Así que no te pases.
  • Ten en cuenta el equilibrio y recuerda encontrar tiempo para el ocio y la atención personal. Saca un rato cada día para conectarte contigo mismo y entender cómo estás, qué sientes y qué necesitas.
  • Por fin, ten paciencia contigo mismo y con tus propias emociones.

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