Analizamos los cuatro acordes de la discordia entre Lana del Rey y Radiohead

¿Cuál es el límite entre inspiración y plagio?

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La canción Get Free (así suena) de Lana del Rey está en el punto de mira desde que ella misma contase que Radiohead le ha acusado de plagio de la mítica Creep (y esta, así). La discográfica de Radiohead, Warner/Chappell, aclaró en un comunicado que mantiene conversaciones con los representantes de Del Rey desde agosto, y que está tratando que se incluya a los autores en los créditos del tema.

Aunque sé que mi canción no está inspirada en Creep, ellos sienten que sí y quieren el 100% de los derechos de publicación. Les he ofrecido el 40% pero sus abogados no han accedido, así que tendremos que vernos en los tribunales

El músico y productor Nahúm García afirma para Verne que, aunque con la ley en la mano quizá el caso sí se resolviese con un delito de plagio, en su opinión, no es tal: “La música son unos elementos que se pueden dividir a su vez en más elementos, hasta que llegas a las partículas elementales, que son las notas. Todo el mundo se inspira en los elementos de otros, como en todas las artes, nadie crea de la nada”.

García recomienda el vídeo del divulgador de música Jaime Altozano, que en tres días ha tenido casi 200.000 visitas. En él analiza cómo Creep está basada “en cuatro acordes, que suenan en bucle”, poco frecuentes en la música pop, lo que hace que rápidamente cuando los escuchemos los identifiquemos con esta canción. Esto es lo que pasa cuando suena el Get Free de Lana del Rey. Altozano hace un símil con la literatura: “Cuatro acordes equivalen a una palabra, si yo en un poema utilizo la palabra fagocitar, no puedo decir que me estás copiando si la utilizas tú también”.

El divulgador desgrana los acordes de ambas canciones y llega a una conclusión: Get Free tiene una estructura ABAB, siendo la A una mezcla de “la segunda mitad de la estrofa y la primera mitad del estribillo de Creep. La parte B es totalmente distinta”, asegura.

García resalta que no es tan difícil llegar por medios propios a componer algo que tiene algún elemento similar a lo que ya han hecho otros: “La música pop se mueve en unos parámetros muy limitados en cada época, por lo tanto, al componer dentro de esos parámetros se puede llegar a mismas ruedas de acordes, mismos sonidos, etc. El rock and roll se basaba en las mismas ruedas de acordes, igual que el blues. Todo el mundo siempre está cantando sobre los mismos temas, y siempre será así, porque la música es así. Pero al final, es inevitable que, aún así, cada obra tenga la personalidad de quien la hace, y por eso, en mi opinión, el plagio entre músicos debería ser muy, muy, muy excepcional”.

La rigidez de la ley

“La realidad es que las leyes de propiedad intelectual no son realistas con cómo funciona la música”, advierte García. Sin embargo, el abogado de Legálitas Ricardo Nogales cuenta a Verne cómo en estos casos hay que analizar si el acusado ha tenido la voluntad deliberada de cometer el plagio. En su opinión es “prácticamente imposible que dos obras coincidan, aunque se trate de pocos acordes, o son fragmentos muy triviales que ni siquiera sean dignos de protección, o la denuncia de plagio va a prosperar”, asegura.

Para resolver estos litigios son imprescindibles las pruebas periciales. Profesores de música actúan como peritos para presentar al juez un análisis: “Comparan las canciones entre ellas e incluso con la historia de la música, porque se puede dar el caso en el que se descubra que ambos se han aprovechado de una obra anterior que no tenía derechos de autor”. Este fue el caso de Michael Jackson y Albano y Romina. Después de haber peleado en los tribunales si el rey del pop había plagiado en su Will you be there la canción Cigni di Balaka, se descubrió que ambas creaciones se habían inspirado en un tema indio.

Nogales explica que tras la reforma del Código Penal de 2015 si el juez decide que se ha producido delito de plagio, las sanciones pueden alcanzar, según el artículo 270, “pena de prisión de seis meses a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses”. Sin embargo, estos temas suelen resolverse sin llegar a juicio, pactando pagar un tanto por ciento de los beneficios de explotación.

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