Las cartillas Micho para aprender a leer fueron un invento de tres maestras de Cuenca

"Es un método muy divertido. Creo que por eso fue un éxito tan grande", dice una de las autoras

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Felisa García, una de las autoras del sistema de lectoescritura Micho, posa con la primera edición, de 1981
Felisa García, una de las autoras del sistema de lectoescritura Micho, posa con la primera edición, de 1981.

Morito, Canelo y Michín, hijos de papá Micho y mamá Gata, han enseñado a leer y a escribir a miles de españoles a través de sus aventuras. Esta es la primera, en la cartilla Micho, método de lectura castellana (1981), más conocida como la cartilla roja: "Cierto día, un feo abejorro pasó a su casa cuando los tres gatos estaban tranquilos y felices. El abejorro picó en la mano de Canelo que dijo: o, o, o, o, hasta que el abejorro asustado se marchó".

El abejorro casi pica a Canelo

La imagen es de una de las cartillas que Felisa García guarda como un tesoro en su casa. Es una de las tres profesoras que crearon el popular método de lectoescritura. Nos recibe con todo el material de Micho (libros, guías para profesores, cintas musicales, letras de plástico...) sobre una cama de su casa en Madrid. "Es un método muy divertido. Creo que por eso fue un éxito tan grande", dice García a Verne.

Micho es un icono para varias generaciones de españoles. La editorial, Bruño, asegura que en los años 80 y 90 vendieron cientos de miles de copias del método en toda España. La editorial asegura que los datos se han perdido tras un cambio de propiedad. Niños de tres a seis años aprendieron con los libros de los gatos, que pasaban de hermanos mayores a pequeños. Hasta se utilizaban para algún que otro insulto: "Este se ha quedado en el Micho 1". Las ediciones más conocidas son las de 1981 y 1991.

A la izquierda, la edición de 1981. A la derecha, la de 1991

Estas cartillas nacieron hace 37 años en un colegio de Cuenca, provincia de García (73 años) y también de las otras dos autoras, Pilar Martínez (85) y María Isabel Sahuquillo (71). "Era el colegio Primo de Rivera. Ahora se llama colegio La Paz", recuerda García. Empezaron a trabajar juntas en 1973. Eran las responsables de educación infantil junto a otra profesora más veterana, Emilia Canga-Argüelles. Aparece como autora en la primera cartilla, pero no en las posteriores.

Canga-Argüelles había trabajado bastante en la historia de unos felinos. "Emilia había escrito un cuento para enseñar con gatos. Era el principio de lo que se acabaría convirtiéndo en Micho", recuerda Martínez. Las cuatro utilizaban el cuento en sus clases, una narración que hacía más atractivo un sistema de lectoescritura novedoso: el onomatopéyico, basado en enseñar los fonemas puros de cada letra (primero las vocales y luego las consonantes), asociados a señas mímicas (con manos, brazos, pies y el rostro), previas a la escritura.

Este método, desarrollado por el pedagogo Matías Martín Sanabria, supuso una revolución en la enseñanza en los años 60, como explica ABC en este artículo de 2017. "Estaba diseñado para adultos, dentro de la campaña de alfabetización de la época. Nosotras le añadimos la historia de los gatos y lo dotamos de otras muchas cosas: números, relación de letras y colores, conceptos espaciales, psicomotricidad...", dice García. "Los niños disfrutaban una barbaridad. Aprendían pasándolo muy bien", comenta Martínez.

De Cuenca a toda España

El método de estas tres profesoras se podía haber quedado en Cuenca, sin ningún rastro en el resto de España. Pero no fue así. En 1980, el colegio Primo de Rivera recibió a una inspectora del Ministerio de Educación. "Le encantó lo que vio. Los niños cantaban, bailaban, estaban alegres y, además, mucho más avanzados que en otros colegios. La inspectora nos animó a publicar el método. Nos dijo que si no lo quería ninguna editorial lo imprimían desde lo público", cuenta García.

La seña de la ce era bastante sencilla

La editorial Bruño echó el lazo al método. Por entonces estaba claro que los protagonistas iban a ser los gatos ideados por la veterana del colegio. "En mi tierra, a los gatos se les llama Micho. De ahí el nombre. Los nombres de los gatos son fáciles: papá Micho y mamá Gata no hay ni que explicarlos, Michín porque se parecía al padre, Canelo porque es de color canela y Morito porque es negro", indica García. Era otra época.

Lo mucho que hemos cambiado como sociedad desde entonces también se nota en el inicio del primer cuento: "El papá era Micho. Tenía una moto para ir al trabajo unas veces, y otras, para divertirse. La mamá, que se llamaba Gata, era una excelente ama de casa. Limpiaba, hacía la comida y por la noche contaba cuentos a sus hijitos antes de irse a la cama".

Las autoras se repartían el trabajo: García pintaba los dibujos ("los hice con plastidecor"), Martínez desarrollaba los fonemas ("es una parte muy importante") y Sahuquillo elaboraba textos y daba forma al todo ("era la que mejor me apañaba con la tecnología"). Las historias de cada cuento eran ideadas por todas, que se reunieron durante varios meses en casa de Sahuquillo hasta que terminaron la primera cartilla.

Han pasado casi cuatro décadas desde la primera edición del método, un éxito desde el principio. "Se vendieron cientos de miles de copias el primer curso. Viajé por toda España para promocionar las cartillas. La querían en todos sitios", recuerda García. Varias generaciones de profesores han enseñado a sus alumnos con las cartillas Micho. "Cuando digo que soy una de las autoras, los profesores siempre me hacen muchas preguntas y me dicen lo importante que ha sido para ellos", añade García.

Arriba, la edición de 1981. Abajo, la de 1991. El cuento era el mismo: "Pronto pasó por allí la mula Castaña rebuznando y al ver caído al gatito también quiso reírse. Pero ella no sabía hacer como los gatitos; solo sabía rebuznar: a, a, a, a".

En su conversación con Verne, las tres destacan los detalles que hacían diferente el módelo. "Por ejemplo, introdujimos la asociación de fonemas con colores. Los sonidos fuertes eran de colores como el rojo. Los débiles, de azul. Se familiarizaban con letras y fonemas antes de empezar a escribir", indica Sahuquillo. Algunas de las personas que fueron a educación infantil entre los 80 y los 90 con los que hablamos antes de hacer este artículo reconocen que siguen asociando las letras con colores.

En la primera edición, las tres compañeras del colegio de Cuenca eran las que cantaban en las cintas de casette, uno de los elementos más importantes del método Micho. Para la edición de 1991, la editorial contrató a un cantante profesional. También incorporó una ilustradora. El dibujo de los gatos cambió más todavía en los dos últimas ediciones, las de 2000 y 2003.

"Estas ediciones renovadas han funcionado peor que las otras", indica García, un dato que confirman desde la editorial. Sin referencias exactas de las ediciones de 1981 y 1991, las 400.000 copias vendidas de las ediciones de 2000 y 2003 son "pocas" en comparación, aseguran desde Bruño. Así lucen hoy Morito, Canelo y Michín.

A la derecho Morito. A la izquierda, Canelo y Michín

Sin entrar en cifras, García asegura que ganaron "algo de dinero" con los libros Micho, especialmente durante los 80 y los 90. Cada una de ellas siguió enseñando en sus clases de educación infantil con su método hasta la jubilación. Y siguen siendo amigas. "A lo mejor ahora hay otro grupo de profesoras que esté a punto de sacar un método que triunfe como el nuestro. ¿Mi consejo? Que anoten todo lo que aprendan en el aula, que les servirá en el futuro a ellas y a las generaciones que vengan", añade García, cuyos nietos aprenden a leer y a escribir con las aventuras de estos tres gatos.

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