Tenemos que hablar de tus ex

Nos referimos al prefijo lingüístico

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Mariano Rajoy en Santa Pola
Mariano Rajoy en Santa Pola.

Se acabó el verano, se acabaron las vacaciones y se acabaron tantas parejitas que aún se querían en agosto. Aunque septiembre no es (pese al tópico) el mes con mayor número de demandas de divorcio, sí que es la época de despedida de los efímeros amores veraniegos. Por eso, ahora que muchos novios y rollos se convierten en ex, te preparamos para hablar del tema con toda propiedad. Sigue para ello nuestras pistas.

¿Para qué sirve ex? Con solo dos letras, ex es capaz de evocar algo pasado; habitualmente se anticipa a nombres de parentesco y a responsabilidades laborales o sociales para dejarnos todo un catálogo de gente que fue algo y ya no es: tu exnovio, mi exjefa, nuestros excompañeros, los exministros, aquellos exvecinos. En general, ex es un prefijo muy humano, ya que no se une normalmente a aquello que no es animado (hablamos de "las antiguas normas" o de un "antiguo cuartel" que se ha convertido en colegio, pero no de un excuartel o de las exnormas).

En todos los casos, ex se pone delante, como prefijo que es, para adherirse a la palabra que le sigue. Hay otra forma de usar "ex"; puedes quitarlo de la palabra a la que pegajosamente se adhiere y usarlo como elemento plenamente independiente. Es el ex que funciona como sustantivo en frases como "no hablo con mi ex" o "he visto a tu ex" y que no admite que se le añada la ese del plural ("mis ex", en plural, tienen las mismas dos letras que "mi ex"). En esos casos de uso independiente ex siempre evoca una relación sentimental previa ya finalizada.

¿De dónde sale ex? Lo del origen tiene su gracia porque ex es, gramaticalmente, una expreposición. Proviene de la preposición latina ex, que significaba "desde dentro", "desde el interior". En castellano se ha heredado en voces donde es completamente separable como "excomulgar" o "exculpar" (de las que existen las voces comulgar y culpar), pero también hemos adoptado ex como forma incorporada en palabras como "exhumar" (ahora a diario en las noticias a cuento de la exhumación de Franco; literalmente significa sacar de la tierra o humus) o "exhibir" (donde es parte inseparable de la palabra y no reconocemos que eso sea un prefijo).

Hay veces en que la soldadura de ex a la palabra que sigue es tan fuerte que no reconocemos el prefijo, porque la equis de ex ha sido absorbida por la palabra a la que se antepone; por ejemplo, hubo ex en el origen de evaporar y no es fácilmente reconocible, o en el de escoger (excolligere) donde la equis se ha pasado a ese. Escondidos por la lengua, como se esconden en Tinder, hay muchos ex sueltos.

Los ex de la lengua no son tan separables como los de la vida real. Aunque ex signifique precisamente "separación", se escribe en general sin separación de la palabra a la que acompaña. Igual que nos referimos a un perro semihundido, una situación prebélica, una voz de ultratumba o un macroescándalo (escribiendo "semi", "pre", "ultra" o "macro" todo junto), generalmente escribimos el prefijo ex unido a la palabra a la que acompaña. Esto es una novedad relativamente reciente en la norma gráfica del español (introducida por la última Ortografía de la RAE, de 2010, y aún no incluida en obras anteriores).

No se pone guion ni se deja espacio en medio, salvo en casos muy concretos: cuando sigue una palabra que va en mayúscula (en ese caso ponemos guion: ex-Rolling) o cuando ex se aplica a una cadena de palabras que funciona como grupo con significado unitario (ex relaciones públicas, ex alto cargo). O sea, hablamos de un exnovio (junto), nos referimos a Yurena como ex-Tamara (con guion) y escribimos separado ex primer ministro. Por frecuencia, gana el número de veces que ex se adhiere a la palabra que sigue: no es tan fácil alejarse de un ex, no.

Igual que llevarse bien con una expareja no tiene por qué ser fácil, hay también una parte delicada en esto de la ortografía de los ex. Las desavenencias han surgido en dos matrimonios particularmente conflictivos: cuando ex se une a una palabra con equis y cuando se une a una palabra que empieza por ese. Si antes tocabas el xilófono en la orquesta y ahora ya no lo tocas, entonces eres exilofonista (o sea, la suma de ex+ xilofonista). Y casos similares se dan cuando se une ex a una palabra que empieza con ese: el que ya no ejerce como secretario es exsecretario. Esto puede llamarnos la atención, ya que la equis en español se pronuncia como ‘ks’; de hecho, el escritor y académico Javier Marías se pronunció en 2011 contra la escritura de formas recomendadas por la RAE como exsuegro.

En cualquier caso, y como ya sabemos, hay siempre una distancia entre lo que pronunciamos y cómo lo escribimos; sucede en todas las ortografías del mundo y a veces es difícil llegar a un acuerdo que a todos convenza. El tiempo dirá si la propuesta de escribir ex uniéndolo en casi todos los casos a lo que sigue termina siendo la más aceptada por los usuarios del español.

El prefijo ex, en fin, va por la lengua avisando de que casi todas las relaciones humanas (amorosas, laborales, sociales) que establecemos pueden un día rasgarse para generar un ex que pertenece al pasado en nuestra realidad y al presente en nuestro recuerdo. Pero, ya que tenemos dominado a este prefijo de dos letras, extraigamos al ex del recuerdo y miremos lo que tenemos por delante en este curso que empieza. Lo avisó la Biblia y lo poetizó el poeta cordobés Pablo García Baena: el inútil retorno talla de sales duras la mirada al pasado. Duelen menos los ex de la lengua que los de la vida real.

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