Breve historia de un siglo cambiando de hora

Del horario del ferrocarril al referéndum de Queensland: desde cuándo cambiamos la hora y por qué

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Pasajeros y trenes en la estación de tren de Santa Justa en Sevilla. EL PAÍS

Cada seis meses toca adelantar y atrasar los relojes. Esto podría terminar en los próximos años si sale adelante la propuesta de la Comisión Europea, que quiere eliminar el cambio de hora. De hecho, este ajuste ha sido muy discutido: se pone en duda que ahorre energía, se recuerda que la mayor parte de países no lo hace, se apunta que podría entrañar riesgos para nuestra salud… Para saber cuándo comenzamos a cambiar la hora y si tiene sentido continuar haciéndolo, tenemos que hablar de trenes.

Cuando en Madrid y en Barcelona no era la misma hora

A mediados del siglo XIX la hora que había en los relojes no era la misma en todo el país, sino que cada localidad se ajustaba a su hora solar media. Por ejemplo, cuando los relojes de Barcelona marcaban las 12 del mediodía, en Madrid pasaban unos minutos de las 11:30. Esto cambió con la aparición del tren, que creó la necesidad de horarios (y horas) unificados para coordinar los trayectos.

Las empresas ferroviarias del Reino Unido fueron las primeras en proponer una unificación de horarios a partir de 1840, escribe Simon Garfield en su libro Cronometrados. El horario de los ferrocarriles se extendió a otros países con relativa rapidez: en Francia se adoptó la hora de París, por ejemplo, y en Alemania, la de Berlín. En Estados Unidos no se hizo hasta 1883 (con cuatro zonas horarias), a pesar de que los problemas eran aún mayores, como ponen de manifiesto los accidentes de 1853, que causaron decenas de muertes.

En 1900 se aprobó la implantación de un horario único oficial en España, que se comenzó a aplicar el 1 de enero de 1901: todo el país se puso en hora con el meridiano de Greenwich. Este meridiano pasa, por ejemplo, por Aragón. La hora oficial suponía una diferencia de unos 15 minutos con Madrid y otros 9 con Barcelona.

Los husos horarios

En la Conferencia Internacional del Meridiano de 1884 (en la que participó España) se aconsejó establecer el meridiano de Greenwich como referencia, dado que era el que ya se usaba en la mayoría de cartas náuticas. En paralelo y a medida que los países fueron adaptando horarios nacionales, “se fue implantando un sistema de husos horarios mundial”, como escribe el astrónomo Pere Planesas en este artículo (PDF).

En este sistema los horarios diferían en un número de horas enteras de la hora solar media de este meridiano. Con excepciones: por ejemplo, en Nepal es 5:45 horas más tarde que en Londres. La India tiene la misma zona horaria para todo el país (GMT + 5:30), a pesar de que de este a oeste hay hasta 2.000 kilómetros de distancia y hasta dos horas de diferencia en el amanecer y el anochecer de una punta a otra. Venezuela retrasó sus relojes media hora en 2007, con la intención de mejorar el rendimiento académico de los adolescentes. En 2016 volvió a adelantarlos con el objetivo de ahorrar energía.

El cambio de hora y el ahorro de aceite

Para saber por qué comenzamos a cambiar la hora de los relojes cada seis meses tenemos que remontarnos al siglo XVIII. Benjamin Franklin propuso aprovechar que amanecía antes en verano para madrugar y ahorrar así aceite de lámparas. Se sumaron más adelante el astrónomo y entomólogo neozelandés George Vernon Hudson a finales del siglo XIX y, ya en 1907, el constructor inglés William Willet.

Hay que tener en cuenta el cambio que supuso la aparición de los relojes mecánicos a partir del siglo XIII. Hasta entonces, la gente se levantaba al amanecer y las campanas se tocaban al salir el sol (la llamada hora prima de los conventos medievales). La aparición de la hora “oficial” de los relojes tenía el inconveniente de que a las siete de la mañana podía haber luz o no dependiendo de la latitud y de la época del año.

El primer país en hacer caso a Franklin fue Alemania, que durante la Primera Guerra Mundial aprobó el cambio de hora para reducir el consumo de carbón. El cambio de hora en España se empezó a aplicar en abril de 1918, también para intentar paliar la escasez de carbón provocada por la guerra, como recoge Planesas en el artículo antes citado. A partir de entonces y hasta 1949 se llevó a cabo algunos años, sin continuidad.

En 1974 año tanto Estados Unidos como muchos países europeos (incluido España) volvieron a aplicarlo a consecuencia de la crisis provocada por el incremento en los precios del petróleo. En los años 80, la Unión Europea (entonces Comunidad Económica Europea) fue unificando las fechas del cambio, para evitar desajustes entre los países miembros.

Antes de eso hubo un cambio significativo en nuestro país. Hasta 1940 los relojes marcaban la misma hora en nuestro país, Reino Unido y Portugal. España cambió su hora a la de Europa Central durante la Segunda Guerra Mundial, una medida que también tomaron otros países como el Reino Unido. Pero España, igual que Francia y al contrario que Inglaterra, mantuvo el horario de Berlín en 1945. Esta decisión también ha sido objeto de debate: ¿volver a la hora de Portugal nos ayudaría a tener horarios más racionales?

Los países que no hacen el cambio de hora

No todos los países hacen el cambio horario: a pesar de que a partir de 1974 se sumaron muchos, ahora mismo son algo más de 60. Este cambio está circunscrito sobre todo a países de América del Norte y Europa. La mayor parte de Centroamérica, Sudamérica, Asia y África ni adelanta ni retrasa sus relojes. Tampoco Islandia.

Los países más cercanos al Ecuador no necesitan hacer este cambio, ya que sus horas de luz y oscuridad cambian poco a lo largo del año. Además, en los países situados más al norte el cambio también carece de sentido, ya que la diferencia entre horas de luz en invierno y en verano es demasiada como para que se pueda compensar moviendo las agujas del reloj: por ejemplo, en Helsinki el sol sale a las cuatro de la mañana y se pone a las diez y media de la noche en junio; en diciembre sale a las nueve y se pone a las tres de la tarde. Como recuerda Planesas, si los países nórdicos hacen este cambio es por armonizarse con el resto de la Unión Europea.

En Australia, solo se sigue en parte. No hacen el cambio en tres de los seis Estados: Australia Occidental, Territorio del Norte y Queensland. En este último la decisión se tomó tras un referéndum en 1992, con un 54,5% de la población a favor de eliminarlo.

En 2011, Rusia decidió prescindir del cambio de hora y quedarse con el horario de invierno todo el año. También modificó los husos horarios del país, que pasaron de nueve a once. Es decir, Moscú quedó en GMT +3 todo el año. Entre marzo y octubre, cuando en Madrid son las 9, en Moscú son las 10.

También se decidió eliminar el cambio de hora en Chile en 2015, que volvió a aplicarlo en 2016. Con una excepción: la provincia de Magallanes, situada al sur del país, que mantiene el horario de verano todo el año.

No es el único país con esta diferencia entre regiones. En México, Sonora mantiene el mismo horario todo el año. Esta decisión viene dada por las altas temperaturas que se registran en la región. Sonora además hace frontera con Arizona. Este Estado y Hawái son los únicos de Estados Unidos que tampoco cambian la hora en verano. Algo parecido ocurre en Brasil: las regiones Norte y Nordeste no hacen el cambio.

En España se da otra excepción muy concreta algunos años, aunque no sea realmente oficial: Tobarra, municipio de Albacete. Desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección se celebra una tamborrada de 104 horas en la localidad. Cuando el cambio coincide con la última noche de la tradición, en lugar de resignarse a tocar los tambores durante 103 horas, los tobarreños no adelantan sus relojes hasta el día siguiente.

¿Sirve para algo cambiar la hora?

El cambio de hora ayuda a acercar la hora del amanecer a la hora a la que nos despertamos para ir a trabajar. Esto se ha asociado habitualmente al ahorro energético: si las horas a las que estamos despiertos coinciden con las horas de luz, necesitaremos consumir menos electricidad. Pero, al menos en los últimos años y según la información que proporcionaba la propia Comisión Europea en la web de su consulta, el ahorro de energía en realidad es marginal.

En su libro Why We Sleep, el neurocientífico Matthew Walker recuerda que el cambio de hora de marzo -que supone dormir una hora menos el fin de semana y despertarnos una hora antes de lo acostumbrado el lunes- coincide con un incremento en los infartos al día siguiente. En octubre ocurre lo contrario: al dormir una hora más, esta cifra decrece. “Podemos ver una relación similar de incrementos y caídas en el número de accidentes de tráfico”, añade.

Eso sí, la Comisión Europea también advierte de que el aumento de las horas de luz vespertina durante el verano podría tener un efecto positivo en la seguridad vial y añade que “suele ser difícil determinar el efecto directo de la hora de verano en los índices de accidentes”.

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