No hagas estas cosas si no quieres enfadar a los camareros

Practica la empatía con los que te sirven en los bares

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Miguel Alcántara era un muy buen camarero
Miguel Alcántara era un muy buen camarero.

Paciencia. Empatía. Simpatía. Además de brillante memoria, agilidad, rapidez, buena mano tirando cañas, sirviendo cafés… Todas ellas son cualidades que se le exigen a los camareros. Con frecuencia resaltamos las segundas, las más físicas y visibles, y se nos olvida que las primeras, las más psicológicas, son las que más tienen que desarrollar para no acabar abandonando la barra, tirando la bandeja o mandando al cliente… al otro bar.

Ya se sabe, las profesiones de cara al público desgastan. De ahí que los camareros tengan que llenarse de paciencia nuevamente cada vez que empiezan un turno y tengan que desarrollar su capacidad de ponerse en el lugar del otro, de manera que puedan anticiparse a lo que se le antoje al cliente de turno.

Somos un país muy de bares, aunque la cifra haya caído en los últimos años. A la vista de los datos recogidos recientemente por Amstel Index, el sentimiento que tenemos por los camareros en España es de reconocimiento hacia su profesión.

Esta herramienta, que mide el reconocimiento en redes sociales y lo expresa en una escala de 0 a 100, encontró que el 61% de los comentarios hacia los camareros volcados en Twitter eran para reconocer su trabajo frente al 39% de crítica. La mayor parte de los comentarios críticos se identificaron como enojos o enfados, explicaciones de malas experiencias muy concretas, como falta de atención o mal carácter.

El 12% de las menciones se hicieron para admirar el trabajo de la profesión en general o para reconocer a un camarero en concreto. Además, el 25% hablaba bien de las virtudes de los que están detrás de la barra, frente a un ínfimo 2% que prefiere señalar los defectos.

¿Qué dicen los camareros de los clientes?

Cuando Amstel Index escucha el otro lado de la conversación, qué dicen los camareros de los clientes, la cosa cambia. Los comentarios recogidos entre los profesionales del sector recogen un 72% de críticas. Es decir, aún hay mucho que podemos mejorar para no molestarles o enfadarles. A veces, lo hacemos inconscientemente.

“Que nos silben o nos llamen con golpecitos en la barra. O peor, que nos llamen dando golpes en la barra con el vaso o la botella”, dice un camarero en un artículo de Verne sobre las quejas de este colectivo. Otro contaba algo que a mucho nos puede resultar familiar (¡deja de hacerlo si es así!): “La gente que termina de tomarse el café y, entonces, empieza su trabajo: hace pedacitos el sobre de azúcar, lo echan dentro del vaso y lo amasan con el azúcar y café restante”.

Basándonos en los datos recogidos por Amstel Index en su escucha a los camareros podemos evitar algunas actitudes para que la relación entre camarero y cliente sea tan fácil como debería. Hazlo por esa caña gratis, esa tapa más grande o que se aprendan tu nombre. O, simplemente, porque se lo merecen.

Tengamos modales

Aquello de “jefe” quedó en el pasado. Si no sabes el nombre del camarero o camarera, no utilices ningún otro apelativo para dirigirte a ellos. Con un simple y directo, “perdona”, “por favor” o “cuando puedas” te atenderán encantados. Y, por supuesto, olvida los silbidos o los golpes en la barra con tu tercio o quinto para reclamar otro.

El modo en el que los clientes llaman a los camareros sigue siendo una de las principales críticas de estos profesionales. El 9% de los comentarios que hablaban del tema hacían referencia precisa al dichoso silbido. Por suerte, algo está cambiando, porque no solo lo critican los propios camareros, sino otros clientes.

El bar no es su casa

Puede que pases tanto tiempo en él que llegues a pensarlo, pero hay gente que trabaja ahí, gente que se quiere ir a su casa, porque no viven en el bar. Otra de las críticas clásicas de los camareros es hacia esos clientes que alargan las sobremesas sin pensar en el horario de cierre. Cuanto más vacío ven el bar, más tranquilos parecen y todavía piden una última ronda cinco minutos antes de cerrar.

Amstel Index ha encontrado muchos comentarios hablando de este tipo de clientes, como aquellos que entran a un bar cuando ya está todo recogido exigiendo una copa más o un café.

Quizá deberíamos ser los clientes los que desarrollemos más la paciencia y la empatía, aprendamos a ponernos un poco más en el lugar de esos profesionales que nos sirven las cañas bien fresquitas y nos ponen las tapas que nos gustan, incluso si no todos los días lo hacen con una sonrisa de oreja a oreja.

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