¿Escuchar música en la oficina concentra o distrae?

Hablamos con expertos sobre cómo y cuándo recurrir a ella

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10'000 Hours (Getty)
10'000 Hours (Getty)

¿Se puede uno concentrar con el último éxito de J Balvin o de Pablo Alborán sonando en sus oídos? ¿Las composiciones de Mozart nos hacen más listos? Escuchar música mientras se estudia o se trabaja mejora el rendimiento solo en situaciones muy concretas. El resto del tiempo, distrae. La clave está en saber cuándo y cómo recurrir a ella.

1. Depende de si el esfuerzo es físico o intelectual

No es ningún misterio que la música estimula el cerebro, pero no siempre ayuda a mejorar nuestro rendimiento. "Cuando se trata de practicar deporte o de realizar un trabajo físico y mecánico, como en la cadena de una fábrica, suele ser recomendable. Su base rítmica ayuda a desempeñar un acto repetitivo", cuenta a Verne Jordi A. Jauset, doctor en Comunicación, músico y autor del libro ¿La música distrae?

"El tempo de la música escuchada de fondo mientras se realiza otra actividad influye en el tempo de las actividades que se realizan simultáneamente. Por lo tanto, ha de existir una sincronía entre ambas", explica Lucía Herrera Torres, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Granada.

En otras palabras, la música enérgica sirve para correr o hacer trabajos manuales que necesiten resolverse rápido y la música instrumental y de ritmos tranquilos es la mejor opción cuando se necesita concentración.

2. Mejor que sea una experiencia individual

El cerebro genera dopamina cuando una canción se cuela en él, lo que se traduce en un subidón de atención y un mejor humor. Si esa canción te agrada, claro.

Lo explica Jauset: "Escuchar a tu grupo favorito cuando tienes que iniciar una actividad intelectual como el estudio o el trabajo de oficina puede ayudarte a arrancar, pero una vez animado es mejor dejarla de lado".

Es importante el matiz "si te agrada". Es más adecuado disfrutar de la música con auriculares y huir de lugares con hilo musical. Nunca llueven notas al gusto de todos. ¿Irías a un concierto con todos los compañeros con los que compartes mesa en la oficina?

3. Si quieres concentrarte, la letra estorba

Que no todas las melodías ayudan a concentrarse lo saben bien en el sector de los videojuegos. Aunque se trate de una actividad de ocio, pasar a la siguiente pantalla exige cierta atención para mantener los niveles de destreza necesarios. Por eso se incluyen en ellos melodías pensadas para ser escuchadas una y otra vez, que estimulen la creatividad sin llegar a desconcentrar.

Es poco probable encontrar canciones en videojuegos que lleven letra. La parte vocal suele estorbar cuando se recurre a la música por enfocarse en una actividad intelectual. Nuestro cerebro está programado para detectar humanos y, por tanto, para prestar atención a todo lo que sea propio de nuestra especie. El lenguaje y la voz son dos características humanas. Por tanto, las melodías instrumentales siempre van a ser más efectivas en estos casos.

"En especial, la música con letra conduce a resultados cognitivos y de actitud más deficientes para aquellos oyentes que tienen una menor capacidad de memoria operativa [relacionada con la planificación, el razonamiento y la toma de decisiones]", apunta Lucía Herrera por correo electrónico. Si esas son tus tareas habituales, huye de la letra.

Porque una cosa es estimular el cerebro y otra ponerle un cebo que atraiga su atención. "La melodía tiene que ser algo monótona y predecible, que no genere expectativas en el cerebro para que no se quede pendiente de qué ocurrirá después", dice Jauset.

4. Mozart no te hace más listo

La relación entre música y concentración no es directa. Como decíamos, la música eleva el estado de ánimo y esa actitud es la que mejora las habilidades cognitivas. ¿Qué hay entonces del efecto Mozart?

La psicóloga Francesa Rauscher, de la Universidad de California, publicó en 1993 en la revista Nature un artículo en el que explicaba un experimento relacionado con el compositor austriaco.

Hizo que una treintena de estudiantes escucharan su música durante 10 minutos. Según sus conclusiones, esta exposición tuvo efectos positivos en las pruebas de razonamiento espacio temporal durante los 10 minutos siguientes. El grupo de estudiantes que se habían preparado musicalmente obtuvieron mejores resultados que los que hicieron las pruebas sin ayuda de Mozart.

Jordi A. Jauset recuerda que la prueba "se realizó entre jóvenes universitarios y se vendió para algo que no tenía nada que ver, así que se convirtió en una simple campaña de márketing". El llamado efecto Mozart sirvió luego para vender productos que mejoraran las aptitudes de bebés y de niños, como los vídeos y discos Baby Mozart, sin que existiera desde entonces una confirmación científica.

Si se escucha música a menudo, se producen beneficios a nivel cognitivo. "Múltiples estudios ponen de relieve la relación entre la música y el desarrollo de la inteligencia, la memoria a corto plazo y la memoria operativa, el lenguaje oral y escrito y el razonamiento lógico-matemático", recuerda a Verne Lucía Herrera Torres, pero no se trata de una virtud específica de un compositor en concreto ni se logra resultados en solo 10 minutos.

Así que mejor no depender de milagros: recurrir a la Sonata para dos pianos en re mayor de Mozart un rato antes de ponerte a escribir el informe que tu jefe lleva días esperando no te va a solucionar el marrón.

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