El Cristo gay brasileño y otras comedias religiosas que se han enfrentado a jueces, manifestaciones y amenazas

'La vida de Brian' estuvo cerca de no rodarse

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El Supremo brasileño ha suspendido la censura sobre Netflix, después de que un juez del país ordenara a la plataforma retirar de manera provisional la comedia satírica La primera tentación de Cristo. En la película, también brasileña y estrenada en diciembre, se muestra de forma humorística a un Jesús (el hijo de Dios) llegando a casa con su novio Orlando.

La cinta fue objeto de duras críticas en Brasil, incluyendo una resolución de la Cámara de Diputados en la que se invitaba a un representante de Netflix a dar explicaciones. Además, la sede de la productora de los humoristas, Porta dos Fundos, fue atacada con cócteles molotov.

El grupo humorístico ya había recibido críticas por otros vídeos suyos, incluyendo Cielo católico, un corto de YouTube en el que se ve a Hitler disfrutando del paraíso porque pidió perdón antes de morir. En 2018 estrenaron La última resaca, también disponible en Netflix España, en la que los apóstoles no encuentran a Jesús después de haber bebido de más durante la última cena.

La sátira no suele ser bien recibida por quien es objeto de ella y el público religioso no es una excepción. El ejemplo clásico en el cine es La vida de Brian. Hoy, 41 años después de su estreno, está considerada un clásico y a menudo se cuela entre las películas que se emiten en televisión durante Semana Santa. Pero EMI, la productora, canceló el rodaje con el proyecto ya aprobado. Solo salió adelante cuando George Harrison, exguitarrista de The Beatles, hipotecó su casa y pagó los cuatro millones que costó. Estuvo prohibida durante años en países como Italia, Irlanda o Noruega.

En 1999, 20 años después de esta película de los Monty Python, se estrenó Dogma, dirigida por Kevin Smith. La historia comienza con dos ángeles (Matt Damon y Ben Affleck) que son expulsados del cielo. Y aparece una descendiente directa de Jesús que trabaja en una clínica de abortos.

Miramax, filial de Disney, iba a distribuir la película, pero vendió los derechos a Lions Gate tras la presión y las críticas. La producción participó en el festival de cine de Nueva York, donde protestaron centenares de personas que repartían folletos que aseguraban que Smith se burlaba “de todo lo que consideramos sagrado”. El director recibió amenazas de muerte.

En España podemos citar un ejemplo: Cómo cocinar a un cristo, de Javier Krahe y Enrique Seseña. El corto pasó inadvertido en su estreno, en 1977, pero en 2004 se emitió un fragmento como fondo a una entrevista al cantante en Lo + Plus. El Centro Jurídico Tomás Moro interpuso una querella por un supuesto delito de ofensa a los sentimientos religiosos del que Krahe fue absuelto en 2012 tras lo que calificó de “ocho años de incordio”.

Como recogía EL PAÍS, hay muy pocas sentencias en firme por este delito: normalmente se entiende que las manifestaciones que llegan a los tribunales son ejercicios de crítica y no burlas.

A menudo la sátira religiosa no levanta tantas iras. A veces porque es amable, como en el caso de Como Dios, protagonizada por Jim Carrey y con Morgan Freeman interpretando al Altísimo. Aunque fue prohibida en Egipto. O como en Virgen a los 2000 años, el episodio de Padre de familia estrenado en diciembre de 2014 en el que Jesús quiere perder la virginidad. Quizás porque la serie iba entonces por su decimotercera temporada y el público estaba más que acostumbrado a su tono.

Es probable que algún lector esté pensando aquello de “con Mahoma no hay valor” (no se suele usar la palabra "valor"). Pero también hay ejemplos de sátiras sobre el islam. En Four Lions (2010), cuatro británicos musulmanes aspiran a convertirse en terroristas suicidas. Su director, Chris Morris, ganó un Bafta por esta película.

Y, yendo a la televisión, los creadores de South Park fueron amenazados por un episodio en el que aparecía Mahoma dentro de un disfraz de oso. En el capítulo siguiente, el 201, el profeta aparecía sin disfraz, en un supergrupo de figuras religiosas que han de salvar la ciudad. Sin embargo y tras la amenaza, Comedy Central optó por editar el episodio y tapar todas las imágenes de Mahoma, además de emitir un pitido cada vez que sonaba su nombre. Este capítulo no se ha vuelto a emitir, aunque parte está en YouTube. También se retiró Super Best Friends, el tercero de la quinta temporada, en el que sí había aparecido Mahoma sin que se armara tanto revuelo.

Y hablamos de películas y series, pero hay que recordar que el pasado 7 de enero se cumplieron 5 años del atentado al semanario satírico francés Charlie Hebdo, crítico con el islam, en el que fueron asesinadas 12 personas.

Los límites de tu humor

Según escriben Peter McGraw y Joel Warner en The Humor Code, libro sobre psicología del humor, la comedia responde a lo que llaman benign violation (una agresión o violación benigna). Es decir, tiene que transgredir alguna norma social o alguna idea preestablecida, pero a la vez tiene que quedar más o menos claro que no se trata de una agresión real. El humor provoca incomodidad, pero no inseguridad, y esto además depende de cada persona: a alguien puede no gustarle el humor negro, por ejemplo, del mismo modo que a otra persona le pueden desagradar las películas violentas.

A esto se añaden otros factores, claro. Como quién cuenta el chiste y qué relación tenemos con esa persona. No es lo mismo un amigo que un desconocido. Y tampoco es lo mismo ver una película de un director que nos parece muy gracioso que de alguien que nos cae mal.

En Sobre el humor, el filósofo Simon Critchley añade que la comedia funciona cuando nos “suscita un cambio de perspectiva”, es decir, cuando nos ayuda a replantearnos y a reflexionar sobre ideas que damos por sentadas. Y esto también es aplicable a la sátira religiosa. No es solo que haga reír porque nos parece más o menos "incorrecto", sino que además le da la vuelta a cuestiones que, quizás, no nos habíamos planteado antes.

Es decir, el humor no tiene límites, pero nosotros sí. No es raro que nos resulte desagradable que alguien se ría de algo en lo que creemos o que para nosotros es importante. Pero ni Netflix ni ninguna otra productora nos obligan a ver todos sus estrenos. Si algo no nos gusta, basta con no darle al botón de play.

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