"¿Qué es lo primero que harás al salir?": Jaime Santirso, aislado por el coronavirus, responde a los lectores

El periodista de El País contesta desde el hospital a algunas de las cientos de dudas que habéis enviado

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Jaime Santirso, en su habitación del hospital Gómez Ulla
Jaime Santirso, en su habitación del hospital Gómez Ulla.

Jaime Santirso, periodista de EL PAÍS, es uno de los contados profesionales extranjeros que cubrieron el brote de coronavirus desde su epicentro en Wuhan. Eso lo ha convertido en uno de los 21 españoles que ahora mismo se encuentran en cuarentena en España después de su repatriación desde la ciudad china. Desde el Hospital Gómez Ulla de Madrid, publica un diario sobre el día a día de los afectados por la cuarentena. Siguiendo el formato de las entrevistas AMA ("Ask me anything" o "Pregúntame cualquier cosa"), un género clásico en Internet y que se ha aplicado en otros casos de cuarentena, os pedimos que le enviarais preguntas sobre aquello que os generaba más curiosidad. Habéis respondido con mucho entusiasmo (cientos de ellas) y os damos las gracias. Estas son las respuestas de Jaime Santirso a una selección de las preguntas que hemos recibido. [Aquí puedes seguir toda la actualidad sobre el coronavirus de Wuhan].

Pregunta. ¿Qué pruebas rutinarias se le realizan a alguien en periodo de aislamiento? ¿Qué tratamientos o medicamentos ha dicho el médico que debes tomar?

Respuesta. En nuestro caso los médicos han sido muy claros desde el principio en que nosotros no somos enfermos, sino personas que responden a un criterio epidemiológico, pero no a un criterio clínico. Por eso nuestro tratamiento se ha reducido a una toma de temperatura tres veces al día. Hace un par de días nos hicieron una prueba específica para ver si alguno de nosotros tenía presencia de ADN del coronavirus en su cuerpo y todo salió negativo, por lo que ya solo es una cuestión de tiempo.

P. ¿Se te informa de tu situación cuando la requieres?

R. La verdad es que en este caso somos nosotros los que tenemos que informar a los médicos de nuestra situación, de si notamos algún cambio o algún malestar. Por su parte todo se reduce a la toma de temperatura.

P. Qué echas más de menos, ¿croquetas o puchero? ¿Qué será lo primero que comas cuando salgas?

R. Estando aquí dentro todos hablamos a menudo de lo primero que haremos al salir. Eso incluye también, claro, la comida. Yo, que vivo lejos de casa, echo de menos la comida de mi tierra, Asturias. Así que la primera vez que me siente a la mesa como hombre libre intentaré disfrutar de una fabada y un cachopo, regado con sidra y acompañado de buenos amigos.

P. ¿Cómo se empezó a correr la voz en aquella ciudad de que se enfrentaban a un virus mortal? ¿Cómo te enteraste por primera vez del brote de coronavirus?

R. Recuerdo perfectamente leer las primeras noticias que alertaban de la aparición de una extraña neumonía en Wuhan a mediados de diciembre. Publicamos nuestro primer artículo el 9 de enero, cuando se descubrió que la dolencia respondía a un nuevo coronavirus. Los datos disponibles entonces muestran hasta qué punto se ha agravado la situación: de aquellas, solo había 15 casos confirmados, ninguna víctima mortal y se había descartado la transmisión entre humanos. En el momento en el que escribo estas líneas, en cambio, las últimas cifras oficiales hablan de 637 fallecidos y 31.232 infectados solo en China. Desde aquel día seguimos de cerca la evolución del brote, hasta que el 22 de enero decidimos cubrir su avance sobre el terreno.

P. ¿Tienes miedo?

R. No. El momento más peligroso fue la salida de Wuhan, ya que el operativo se planificó sobre la marcha y estuvo en el aire hasta el último momento. A partir de entonces, todo ha sido mucho más sencillo.

P. ¿Te sientes mal? Hablo de la presión mediática y social...

R. Al contrario, me siento enormemente afortunado y agradecido por formar parte de un país que se preocupa de sus ciudadanos. Tanto la repatriación como la atención médica durante la cuarentena no han hecho más que afianzar esa sensación.

P. ¿Has pensado mucho en la muerte?

R. En Wuhan la situación era más grave, ya que los servicios médicos estaban saturados y aún a día de hoy siguen faltando muchos detalles clave sobre el virus: su origen, su transmisión, su tratamiento. La posibilidad que más me preocupaba estando allí pasaba por que un resfriado me provocara unas décimas de fiebre y que, tras un control de temperatura, me ingresaran. En lo tocante a mi persona, toda la intranquilidad desapareció al volver a España: aquí las autoridades cuentan con recursos suficientes para lidiar con un virus de estas características y el riesgo mortal es mínimo. En la actualidad, solo un 2% de los infectados ha fallecido, y en su mayoría eran personas ancianas o que ya sufrían de alguna dolencia previa.

P. ¿Volverías a China si algún día se acaba todo este rollo?

R. Sí, por supuesto. Yo vivo en China, en Pekín, desde hace cinco años y mi trabajo es informar de lo que sucede allí. Por eso, en cuanto las cosas vuelvan a la normalidad, regresaré.

P. ¿Qué tal la comida en el hospital?

R. Todos estamos disfrutando muchísimo de la comida. Los trabajadores sanitarios no lo pueden entender y se miran atónitos cuando nos deshacemos en elogios.

P. ¿Sientes algún dolor o has notado algún cambio en tu estado físico o anímico?

R. No.

P. ¿Qué le dirías a la sociedad española sobre su relación con ciudadanos de origen chino?

R. Entiendo la preocupación. Incluso en la propia China se han lanzado en una caza y captura de la gente de Wuhan repartida por el territorio doméstico, en algunos casos recurriendo a la violencia. Muchos de ellos se han convertido en unos parias en su propio país: no les aceptan en ningún hotel y no pueden regresar a su ciudad de origen. Otros han sido encerrados a la fuerza. En China, la raza y la nacionalidad forman un solo concepto, lo que facilita el desencadenamiento de episodios xenófobos en el extranjero. Aún así, no podemos dejar que el miedo haga aflorar la peor de nosotros. España es uno de los países más tolerantes y abiertos del mundo, y el coronavirus no entiende de etnias.

P. ¿Cómo está siendo el trato?

R. Excepcional. El equipo de la embajada y el consulado español en China hicieron todo lo posible para sacarnos de allí cuanto antes. La tripulación del avión nos dio la bienvenida y nos condujo de vuelta a casa. En el hospital, los trabajadores sanitarios se desviven para que estemos cómodos. Es abrumador y emocionante pensar en la cantidad de personas que han trabajado para que mis compañeros y yo estemos aquí, a salvo. Un país es, entre muchas otras cosas, una red de vínculos de agradecimiento.

P. ¿Ves lo que sale en las noticias sobre el coronavirus o prefieres no escuchar nada?

R. Sí, estar al tanto del desarrollo de la epidemia es parte de mi cometido profesional. Es cierto que estando en Wuhan había veces en las que resoplaba antes de refrescar la página de datos oficiales. Fue entonces cuando me di cuenta de que el pánico también es una epidemia que puede resultar terriblemente peligrosa. Por eso en situaciones como estas las informaciones falsas son tan dañinas, y el periodismo riguroso tan necesario.

P. ¿Qué nombre de película tipo hollywoodiense le pondrías a todo lo que has visto y vivido sobre el coronavirus?

R. Evasión o victoria, se me ocurre; aunque sustituyendo la conjunción disyuntiva por una copulativa. En cualquier caso, supedito mi respuesta al criterio de Carlos Boyero y Javier Ocaña.

P. ¿Cómo era la cuarentena en Wuhan?

R. Una ciudad fantasma sin peatones, coches ni tiendas.

P. ¿Te han dado internet, un portátil, Netflix, revistas, libros, etc? ¡¡Mucho ánimo!!

R. Los trabajadores del hospital han sido muy agradables y han hecho muchos esfuerzos para que desde el primer momento estuviéramos cómodos y nos sintiéramos, si no como en casa, al menos parecido. Entonces, tenemos prensa, muchos libros, una televisión en la habitación, conexión a internet. Luego además cada uno tiene su teléfono móvil, por lo que no es complicado estar en contacto con el mundo exterior o entretenerse.

P. ¿Algún libro para pasar el tiempo?

R. Me llevé de Pekín la antología poética de Wislawa Szymborska. Estando en Wuhan ni siquiera pude abrirlo, pero a raíz de la cuarentena ha resultado ser una decisión ideal.

P. ¿Dónde te tienen aislado? Es decir, ¿te encuentras en una habitación y puedes salir de ella?

R. Mis 20 compañeros y yo estamos recluidos en la planta 17 del hospital militar Gómez Ulla. Dentro de ella podemos movernos con total libertad. Cada uno tiene una habitación individual, y también han dispuesto para nosotros dos salas de ocio y una tercera para hacer ejercicio. El centro tiene, además, unas vistas espectaculares de Madrid que hacen el encierro mucho más llevadero.

P. ¿Cómo percibes el ánimo de la gente en general?

R. La situación es muy poco ordinaria, lo que facilita el alivio que proporciona el sentido del humor. Aun así, hay gente que lo ha pasado muy mal. El anuncio de que todos habíamos dado negativo en la prueba del coronavirus ha proporcionado mucha tranquilidad. Desde ahora, todo es cuestión de paciencia.

P. ¿Cómo se lidia mentalmente con la incertidumbre de no saber si el virus se acabará desarrollando?

R. No es sencillo. En mi caso, extremando las medidas de precaución y centrándome en mi trabajo.

P. ¿Tienes que pagar la tv todos los días? ¿O te la dejan gratis?

R. Uno de los muchos detalles que la gestión del hospital ha tenido con nosotros ha sido el de desbloquear las televisiones de las habitaciones para que podamos usarlas con libertad.

P. De una escala de 1 al 10, ¿cuál es la verdadera gravedad en la situación de China? ¿Crees que China dice la verdad sobre el tipo real de enfermedad y sus afectados?

R. Los datos oficiales responden a criterios verificables, pero al mismo tiempo no reflejan la magnitud total del problema por una falta de recursos sobre el terreno. Es mucha la gente que ha fallecido sin ser contabilizada. La corresponsal de EL PAÍS Macarena Vidal Liy lo explica bien en esta noticia.

P. ¿Te crees la aparente transparencia de la información que está dando China?

R. No es una transparencia total, pero sigue siendo una sorprendente excepción para los estándares nacionales. Para lidiar con esta amenaza y frenar su avance es indispensable encarar la realidad tal y como es.

P. ¿Crees realmente que este virus va mucho más allá que una gripe? ¿O se ha generado mucho alarmismo?

R. El alarmismo es, hasta cierto punto, necesario. Nos enfrentamos a un virus descubierto hace menos de un mes. Seguimos sin conocer detalles importantes con respecto a su origen, transmisión o tratamiento. Compararlo con la gripe, una dolencia de la que se sabe todo y con una tasa de mortalidad mucho menor, supone colocarse en un marco equivocado.

P. ¿No crees que el virus no es para tanto? ¿Que le están dando demasiado bombo? ¿Crees que se convertirá en una epidemia a nivel global?

R. Por desgracia, ya lo es.

P. ¿Esto es lo peor que te ha pasado en la vida?

R. No. En algunos sentidos, de hecho, ha sido lo mejor.

P. ¿Y tu familia que piensa al respecto?

R. Lo han vivido con preocupación, como es lógico, pero siempre me han apoyado. Mi abuela, de 99 años y que llora cada vez que vuelvo a China porque teme "que me conviertan en comunista", no supo nada de dónde me encontraba. Cuando una semana después se enteró de la existencia del coronavirus, insistía en que "me avisaran". Por suerte, ella no lee prensa digital.

P. ¿Siente miedo por que haya, aún siendo remota, una posibilidad de contagiar a algún ser querido?

R. Sí. De hecho, he decidido que mis visitas se hagan a través de una mampara de cristal para limitar al máximo cualquier riesgo.

P. ¿Qué es lo que más desearías hacer y no puedes a causa de la cuarentena?

R. Pasar tiempo con mis seres queridos.

P. ¿Qué le parece que EL PAÍS haya enviado a un periodista al foco de la epidemia?

R. Me parece necesario. Y haberlo logrado, un motivo de orgullo: solo seis medios de todo el mundo tuvieron un periodista sobre el terreno durante el cierre de Wuhan.

Ya que estás aquí...

...Jaime Santirso está escribiendo un diario de su cuarentena. Puedes leer todas las entradas aquí.

...Este 6 de febrero se confirmó la muerte de Li Wenliang, el oftalmólogo que fue represaliado por alertar sobre la epidemia de coronavirus. Los mensajes de pésame en las redes sociales por su fallecimiento se están enfrentando a la censura china.

...La expansión del coronavirus también ha provocado que surjan en diferentes países reacciones racistas contra la comunidad asiática. Para luchar contra ellas, la comunidad asiática ha lanzado una campaña en redes llamada #NoSoyUnVirus.

...Para prevenir la propagación y cuidar a los infectados, el Gobierno Chino mandó crear un hospital, cuya construcción se pudo seguir en directo. Puedes ver más vídeos de la construcción del hospital en esta noticia de Verne. Pues ver el hospital por dentro, ya terminado, aquí.

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