Historia del animal que nunca pudiste atrapar en tu infancia: el gamusino

Es tan difícil atraparlo como localizar su origen exacto

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Este cartel sobre la caza de gamusinos lleva años circulando por foros y redes sociales.
Este cartel sobre la caza de gamusinos lleva años circulando por foros y redes sociales.

Hay seres fantásticos que casi todo el mundo conoce en España sin haberlos visto nunca, como dragones, trasgos, brujas… Canal Historia ha estrenado este mes una serie dedicada a ellos, Criaturas legendarias, que cuenta la historia y origen de muchas criaturas del folclore español. En sus siete capítulos se hablará de más de una treintena de criaturas, pero hay una que, a pesar de su fama, no aparecerá en la serie: el gamusino.

El gamusino es un animal imaginario que no tiene aspecto definido ni hábitat establecido. En algunos lugares se caza, en otros se pesca… y, aun así es conocido en buena parte de España y Latinoamérica. Aunque su nombre tiene variantes regionales (gambusino en el centro y sur de España y en algunos países latinoamericanos, gambozino en Portugal, gambosí en Cataluña…) en todos los lugares donde se conoce tiene un aspecto en común: se utiliza para gastar bromas a niños, en las que las víctimas tienen que intentar atrapar a estos animales.

Según las definiciones más antiguas del término, como la del diccionario de Gabriel García Vergara de 1929 —una de las más antiguas registradas en los archivos de la RAE—, estas bromas se hacían originalmente a viajeros y forasteros. Actualmente, se dirigen a niños. “Aquí se realizan desde hace décadas a los jóvenes que se iban de campamento y, desde principios de los 2000, empezamos a organizarlo como actividad en el pueblo”, cuenta por teléfono a Verne Paulino Velasco, animador sociocultural que ha organizado durante años la caza de gamusinos de Villanubla, en Valladolid, que se celebra cada verano. Según cuenta Velasco, se desarrolla así:

La actividad consiste en fingir una cacería con niños pequeños en una noche de verano. Llevan linterna y un saco [para guardar a los gamusinos cazados] y caminamos con ellos hacia la ribera de un arroyo. Los niños cantan una canción para atraer a los gamusinos [“gamusinos al morral”, aunque hay otras versiones, como “gamusino entra al saco, un, dos, tres, cuatro”] hasta que llegamos un matorral en el que les decimos hay gamusinos escondidos. Alguno de los adultos se pone entonces en un extremo del matorral y finge que ha capturado a los animales, y mete en el saco piedras o algún objeto voluminoso. Después, le decimos a los niños que hay que esperar a que los animales se duerman para sacarlos del saco y, para amenizar la espera, organizamos unos juegos. Mientras, sin que los niños se den cuenta, hacemos un agujero al saco y sacamos las piedras. Cuando los niños se acercan, se dan cuenta de que los gamusinos han roto el saco y han huido.

Vázquez explica que ahora la tradición es más “amable” y ha dejado de lado cualquier elemento violento. “Antes se iba también con palos, por ejemplo”, cuenta. Las versiones de la “caza de gamusinos” que, años antes, se hacían para reírse de los forasteros, eran más duras y crueles. Por ejemplo, en el libro Cultura popular de la comunidad de Calatayud (Zaragoza), que se recoge la tradición oral de la región, cuentan que lo que se introducía en el saco para engañar a los forasteros era un perro:

Los mozos engatusaban al forastero, diciéndole confidencialmente que iban a cazar un animal muy valioso. Se desperdigaban por el campo, simulaban su caza y metían dentro del saco un pesado y pacífico perro que la víctima había de llevar al hombro hasta la plaza del pueblo y abrirlo públicamente entre el cachondeo general.

El incierto nacimiento del gamusino

Como ocurre con muchas historias que se transmiten por tradición oral, se desconoce el momento y lugar exactos en el que nacieron los gamusinos. El lingüista José G. Moreno de Alba, que fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, dedicó a los gamusinos un capítulo de su libro Suma de minucias del lenguaje, que analiza el origen etimológico de algunas palabras. En él habla de que podría tener una relación con el mexicanismo gambusino, que se utilizaba en el siglo XIX para referirse a los buscadores de oro y que los lingüistas relacionan a su vez con las palabras inglesas gamble (jugar o apostar) y business (negocios).

“Cazar o pescar gamusinos puede ser entonces algo así como ir tras lo imposible o perder el tiempo”, escribe Moreno. “El parecido fonológico de las voces gamusino y gambusino es evidente [...], y tampoco parece demasiado osado ver cierta semejanza semántica entre pescar o cazar gamusinos (ir tras animales inexistentes, ir tras lo imposible) y la labor del gambusino, que, como bien sabemos, persigue siempre la quimera del oro”.

En el fichero general de la RAE, un archivo con más de diez millones de tarjetas sobre léxico del castellano y digitalizado para ser incluido en el Diccionario Histórico de la RAE [consúltalo aquí], hay 16 papeletas sobre “gamusino”. Una de ellas —procedente de la 19ª edición del Diccionario de la lengua española, de 1970, según confirman desde la RAE a Verne— defiende otro posible origen, una variación de gamo: “El gamo es difícil de cazar y se comprende que un gamito, al cual se puede aludir con gamusino, sea algo ilusorio para ser cazado por un cazador ingenuo o novato”.

Tarjeta del fichero RAE sobre el posible origen de la palabra gamusino

Un gamusino en cada país

Aunque el término gamusino y sus variantes son típicas de España y Latinoamérica, hay muchos países que cuentan con su propio gamusino: una criatura inexistente que intentar cazar como broma. En Alemania intentan atrapar al elwetritsch, en Francia y Suiza al dahu, en Estados Unidos al snipe… Tal vez te hayas dado cuenta si has visto Up, la película de Pixar, en versión original con subtítulos: en España, el anciano Carl Fredricksen manda a “cazar gamusinos” al scout Russell para deshacerse de él, mientras que en la versión inglesa puedes escuchar cómo lo manda a hacer snipe hunt.

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