De la carpeta con recortes a las chuletas en el móvil. Qué ha cambiado y qué sigue igual en el 'insti'

Repasamos, con la ayuda de la autora de '¡Está ardiendo una papelera!', las aventuras y desventuras de un director de instituto actual

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En 'Física o Química' aun se mandaban notitas en vez de WhatsApps, pero eran muy adelantados en otros menesteres
En 'Física o Química' aun se mandaban notitas en vez de WhatsApps, pero eran muy adelantados en otros menesteres

Cuenta Pilar Montero que cuando vas "a una tienda, a una reunión de vecinos o te presentan a un desconocido y dices que eres profesor, enseguida te dan sus condolencias, cuando no el pésame. Si te atreves a decir que diriges un instituto con 800 alumnos (…), entonces te miran con ojos como platos”.

Montero, que acaba de publicar ¡Está ardiendo una papelera! Diario de una directora de instituto, sabe bien lo que dice porque estuvo nueve años como responsable de un centro de educación secundaria y acumula 34 como docente.

Hablamos por teléfono y nos cuenta que en los equipos directivos es muy difícil encontrar mujeres -esto sigue igual- y que lo que más disfrutaba de su cargo era “discurrir cómo hacer cosas con poco dinero”. Nos servimos de su experiencia y de las anécdotas que recoge en su libro para comparar el ayer y el hoy del insti: ese lugar en el que pasamos -con más pena que gloria- la edad del pavo.

Llamadnos viejunos, pero ahí va una recopilación de cosas que ya no son como antes:

- La forma de pasar lista: De aquel papel con los nombres impresos se ha pasado a las PDA, primero, y a un sistema telemático, después. Éste permite que los padres reciban un mensaje en el móvil con las faltas de sus hijos en tiempo real. Ya no es posible robar la lista al profe para escaquearse o implorarle para que no llame a casa. ¿Es eficaz? “Yo creo que sí”, señala Pilar, “porque los padres acaban tan hartos de recibir las notificaciones que toman cartas en el asunto”.

- La procedencia de los compañeros: El que se sienta a tu lado es rumano y el de detrás, chino. El grado de diversidad de los alumnos y profesores varía según la zona, pero es un hecho y un fiel reflejo de la sociedad. Antes, en tu clase había como mucho uno ‘de fuera’ y no pasaba precisamente desapercibido.

- El bilingüismo: Si en las clases de Inglés alguien osaba esmerarse en la pronunciación y sacar al british que llevaba dentro, las burlas estaban aseguradas. Ahora muchos centros imparten sus clases en Inglés… aunque el profesorado sea from Moratalaz.

- Los apuntes: Las fotos de los guaperas de turno ya no empapelan las carpetas, rulan por los móviles. “Si en la pizarra se está haciendo el análisis sintáctico de una oración, nada de copiar: se saca una foto y punto”, señala Pilar. Las pantallas de los móviles y los relojes son también las preferidas para ‘esconder’ las chuletas así que antes de un examen en la mesa del profesor no se deja el cuaderno, se entrega el teléfono.

- "¿Lo busco en Google profe?": Otro cantar es el uso de internet. La gestión depende de cada centro así que puede pasar que tengas un director que habilite una red WIFI para todo el instituto, o uno que cuelgue el cartel de ‘Prohibido el móvil’. “Yo por ejemplo soy partidaria de usarlo en momentos puntuales”, cuenta Pilar, “si estoy explicando algo pero no estoy segura de un dato concreto, no me importa que los estudiantes se conecten desde sus móviles para buscarlo y salir de dudas”.

- El acoso escolar: Siempre ha habido casos, pero los centros ahora se cuidan mucho de establecer protocolos de actuación para detectarlos y atajarlos a tiempo. Los profesores y los alumnos se forman en gestión de conflictos, y los institutos reciben premios por sus buenas prácticas para la mejora de la convivencia. Lo que sigue preocupando: las grabaciones que se hacen de compañeros a los que se quiere ridiculizar y se publican en las redes sociales. “En las redes todo va muy rápido y cualquier cosa se magnifica”.

- La actitud de los padres hacia los docentes: Hubo un tiempo en el que a los profesores se les trataba de usted y su palabra se respetaba por encima de todas las cosas. Si llegabas a casa castigado, algo malo habrías hecho. Ahora es habitual que los padres amenacen con denunciar a los profesores cuando sus hijos son llamados al orden. “Tuvimos un pico muy alto de agresividad hace unos cinco años”, recuerda Pilar, “pero últimamente son más educados y comprensivos. Es extraño: por un lado la sociedad cada vez delega más en nosotros, pero por otro desconfía de nuestra labor”.

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