¿Podemos sentir empatía hacia un robot?

La empresa Boston Dynamics empuja y golpea a su última (y aterradora) creación

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Boston Dynamics, empresa propiedad de Google, ha presentado en YouTube su nuevo robot. El "Atlas, The Next Generation" mide 1,70 m. y está diseñado para evitar obstáculos, evaluar el terreno y manipular objetos. El vídeo se ha visto más de 12 millones de veces y, como suele ocurrir con las creaciones de esta empresa, es terrorífico.

La presentación está dividida en dos partes: en la primera vemos a este robot sin rostro caminando en la nieve y emitiendo quejidos hidráulicos. En la segunda, un empleado de la empresa pone a prueba su equilibrio y capacidad de respuesta, apartándole una caja, dándole empujones y llegando a tirarlo al suelo. El robot se levanta y se larga, en lugar de girarse y gritar algo así como: "Pero tío, ¿qué haces? ¿Eso a qué venía?".

Entre los 28.000 comentarios vemos no solo elogios y miedo, sino también manifestaciones de empatía.

“Me sabe mal que empujen al robot”.

“El tipo con el palo de hockey merece que le den una paliza”.

“No puedo ser el único que quería que el robot le soltara una descarga eléctrica al tipo que le empujó”.

“Para el futuro: queridos robots, no apoyo este trato violento hacia vosotros. Por favor, no me matéis”.

En Reddit incluso imaginan lo que Atlas podría estar pensando: “No voy a enfadarme. No voy a enfadarme. Solo voy a levantarme y a lo mejor dejará de darme empujones”.

Las imágenes se han compartido en Twitter con un gif que recopila estos y otros momentos de tortura a robots y que acaban con un premonitorio mensaje: una escena de la guerra entre máquinas y humanos de la saga Terminator. Otro vídeo de YouTube las presenta como si formaran parte de una campaña de protección de los derechos de los robots: Robot Lives Matter (las vidas de los robots importan).

Lo que esperamos del robot

Es normal que esta mole mecánica y sin rostro nos deje intranquilos. En este caso no se trata del llamado valle inquietante, provocado por robots con aspecto más humano de lo que deberían, pero menos de lo suficiente. Simplemente es "la sensación de indefensión al estar ante algo más poderoso que tú”, explica a Verne la psicóloga Helena Matute, coautora de Psicología de las nuevas tecnologías: de la adicción a internet a la convivencia con robots. Es decir, sabemos que si nos encontráramos con Atlas en el bosque, no tendríamos ninguna posibilidad.

Pero tampoco es extraño que haya mensajes manifestando malestar con el maltrato al hombre mecánico. “En la segunda parte del vídeo se da otra reacción que también es posible con un robot, aparte del miedo”, explica Matute, refiriéndose a la empatía.

La psicóloga nos habla de la teoría de la mente, que explica “las ideas que nos hacemos sobre la mente de los demás. Sabemos, por ejemplo, cómo va a reaccionar alguien a quien damos un empujón”. Esto no solo funciona para personas, sino también para los animales. Por ejemplo, “si le damos una patada a un perro, nos imaginamos que nos puede morder”.

Cuando no sabemos nada de esa persona, animal o cosa, como ocurre con el robot, “inferimos cómo sería su mente a partir de similitudes con lo ya conocido”. En este caso prevemos reacciones equivalentes a las de un humano: no solo suponemos que le ha dolido, sino que también “esperamos la defensa ante un ataque". Pero como esta defensa no llega, esto a su vez provoca otra serie de ideas y preocupaciones: “Su obediencia, la esclavitud, la duda de por qué no responden cuando los acabamos de ver tan poderosos...”.

Son como nosotros (o eso nos parece)

La empatía hacia las creaciones metálicas se ha evidenciado en algunos estudios: por ejemplo, en noviembre del año pasado se publicaron los resultados de un trabajo en el que 15 adultos se sometieron a un electroencefalograma mientras veían fotos de manos de humanos y de robots en situaciones dolorosas, como cortándose con unas tijeras o con un cuchillo.

¡Ay!

A pesar de que los participantes aseguraban ser conscientes de que los robots no sentían ningún dolor, sus cerebros respondían de forma similar ante los dos tipos de imágenes: se daba una primera reacción, más visceral, que era igual, y después una segunda, que venía tras procesar las imágenes y que era algo más débil para las manos robóticas.

Esto, recuerda Matute, viene en gran medida determinado por el parecido físico con un ser humano. Si alguien le diera una patada al brazo mecánico de una fábrica, la empatía sería mucho menor o incluso inexistente.

¿Llegaremos a ser amigos?

Evidentemente, hubiera sido aún más terrorífico que Atlas hiciera lo que se esperaba de él: levantarse y agarrar del cuello al empleado de Boston Dynamics. “Si vamos a seguir haciendo robots -apunta Matute-, parece que tendremos que asegurarnos de que serán inofensivos”.

¿Y podremos hacer que sientan por nosotros la misma empatía que nosotros sentimos por ellos? “Se está trabajando en esa línea -responde Matute-. De momento, solo la simulan”. Esta mera imitación también es importante porque “hay estudios que revelan que si los robots no muestran ninguna emoción, nos gustan menos”. Nos sentimos más cómodos con la idea de que ellos también lo pasarían mal si alguien (o algo) nos empujara con un palo.

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