La jornada de reflexión en tiempos de Twitter: obsoleta y paternalista

¿Necesitamos un día en silencio para reflexionar?

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Durante la jornada de reflexión no se puede hacer propaganda electoral ni pedir el voto. Según la legislación vigente, a partir de "las cero horas del día inmediatamente anterior a la votación", los partidos nos deberían dejar descansar para que pudiéramos evaluar con tranquilidad a quién vamos a votar el domingo.

Pero hoy en día la comunicación política no se queda circunscrita a los medios de comunicación tradicionales y a los mítines, sino que también nos llegan continuamente todo tipo de mensajes al móvil a través de las redes sociales. De hecho, los partidos acostumbran a bajar el tono en redes durante esta jornada, pero no siempre dejan de compartir imágenes y mensajes que también tienen carga política.

La situación no está bien definida no solo porque cada vez sea más compleja, sino también porque ningún partido consideró necesario adaptar la ley electoral a las nuevas tecnologías cuando se llevó a cabo la reforma de 2010. Y en opinión de Jorge Galindo, investigador del Departamento de Sociología de la Universidad de Ginebra y editor de Politikon, tanto la jornada de descanso como los cinco días sin encuestas no tienen sentido en un contexto en el que se está difuminando la barrera entre la esfera pública y la privada.

“El ejemplo más claro es Twitter”, explica. Lo usamos como si estuviéramos conversando en la barra de un bar, pero para la ley es un medio de comunicación a todos los efectos, por lo que cualquiera podría denunciar ante la Junta Electoral a un tuitero que pidiera el voto. “¿Pero qué diferencia hay entre pedir el voto en Twitter o hacerlo subido a un banco?”.

La jornada de reflexión es “anacrónica y pretenciosa”, coincide el analista político Antoni Gutiérrez-Rubí. “Es irreal, no se corresponde a la vida moderna. Es una medida absurda que intenta crear fronteras artificiales”.

Por ejemplo, las conversaciones privadas quedan (obviamente) fuera de la legislación, pero no es tan fácil hacer la distinción entre un mismo mensaje en Twitter y en WhatsApp, con toda la capacidad que tiene este programa de mensajería, en teoría privado, para difundir y compartir contenidos.

Tampoco se aplica en todo el mundo: existe en países como Francia y Portugal, por ejemplo, pero no en Estados Unidos, Alemania y Reino Unido.

La esencia de la política: somos seres sociales

Galindo tampoco sería favorable a la jornada de reflexión incluso aunque las redes sociales no tuvieran la presencia que tienen actualmente. “La idea parte del supuesto extraño de que es malo que alguien elija su voto por influencia de partidos o de encuestas”. Pero eso ni es negativo ni se puede evitar: “Somos seres sociales. Nos dejamos influir e influimos a los demás. Es la esencia de la política”. Claro que los demás pueden hacer que cambiemos de idea antes de votar. En eso consisten las campañas electorales.

Además, y como añade Gutiérrez-Rubí, la jornada de reflexión presupone de una forma paternalista que “la reflexión ha de ser en silencio, cuando mucha gente reflexiona conversando con los demás”, ya sea en persona o en redes sociales.

Las encuestas aseguran que hay un alto porcentaje de indecisos para estas elecciones, tal y como ocurrió en diciembre. Según la última consulta del CIS, el 32,4% de los votantes aún no tenía claro a quién votar. ¿Cambia eso algo? ¿Significa que deberíamos ser más respetuosos con este tiempo de reflexión, ya que hay más gente que lo necesita? Galindo y Gutiérrez-Rubí creen que no: “Eso quiere decir que estos votantes no han conseguido la información que necesitaban en los días anteriores. ¿Por qué privarles de ella justo ahora?”.

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