¿Todo el día enfadadas? ¡Ja!

El feminismo es una lucha colectiva, pero nadie dijo que no podríamos divertinos

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Ilustración: Anabel Bueno con foto Getty.
Ilustración: Anabel Bueno con foto Getty.

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Esto le ha pasado a la mayoría de las mujeres que conozco: sales un día (a cenar, a tomar una cerveza, de fiesta), alguien hace un comentario machista, tú explicas que eso es machista y la noche acaba en una discusión que te deja un sentimiento de rabia y frustración. Y te vas a casa enfadada.

En redes sociales, el ciclo es más corto: si señalas que algo es machista, es fácil que alguien, un desconocido al que no has preguntado su opinión, diga eso de que “las feministas siempre estáis enfadadas y amargadas”.

Es cierto que muchas veces acabamos enfadadas después de explicar por enésima vez que “ni machismo ni feminismo” es una barbaridad. Y es frustrante. Pero es ridículo pensar que las feministas están amargadas. Una de las últimas veces que escuché ese comentario esbocé una lista de cosas buenas y divertidas que me ha dado el feminismo durante 2017. Y sí, el feminismo es una lucha colectiva orientada a mejorar las condiciones de quienes más lo necesitan y nos queda muchísimo por pelear, pero nadie dijo que no podríamos divertinos a veces. Esta es una lista personal de cosas bonitas que me ha dejado en los últimos meses.

1. He conocido a mujeres listas, interesantes y muy divertidas. Primero por redes sociales y luego en persona. He acudido a cenas y tomado cervezas con perfectas desconocidas con las que de pronto compartía una extraña intimidad hablando de temas como la desigualdad salarial.

2. He sacado tiempo y ganas para volver a “estudiar” después del trabajo y hacer cursos relacionados con el feminismo. Además de leer y aprender la teoría que sustenta el movimiento, me ha obligado a escribir un relato de ficción, algo que llevaba sin hacer desde la adolescencia. Y me lo he pasado pipa.

3. Me he reído. Mucho. Leyendo a autoras, compartiendo viñetas, viendo vídeos, siguiendo a tuiteras, en grupos de WhatsApp… Como dice una amiga, “que somos unas feministas muy graciosas”.

4. He hablado con compañeras de trabajo con las que antes ni me saludaba. Me he atrevido a pedirle consejo a mujeres con más experiencia que yo.

5. Le he dicho que no a un señor.

6. Me ha obligado a enfrentarme a mi miedo escénico. ¿Cómo puedo quejarme de que las mujeres no tenemos espacios y luego evitar hablar en público? He participado en conferencias y algo que me ha hecho especial ilusión: di una clase en la universidad en la que estudié.

7. He leído teorías (muchas) a favor y en contra de mis ideas preestablecidas en temas como la prostitución, los vientres de alquiler y el consentimiento. Aunque a veces ha sido cansado, he debatido mucho con amigas y he cambiado de opinión sobre temas que creía que tenía claros. Ojalá hubiera reflexionado tanto sobre otras muchas “certezas” de mi vida.

8. He puesto en marcha dos proyectos laborales que surgen de todas estas inquietudes. El primero, esta carta que enviamos el primer domingo de cada mes. El segundo, el especial 28 días: 28 historias para acabar con los tabúes sobre la regla. En él participaron mujeres con mucho talento.

9. Me he puesto unos pantalones que no me atrevía a vestir porque se suponía que no eran para mi cuerpo. Y no me ha disgustado.

10. He luchado contra mis prejuicios hacia otras mujeres. Esta es una de las cosas más bonitas. Cuántas veces he sentido desconfianza e incluso envidia hacia otras solo por ser mujeres. Y las he juzgado más duramente que a un hombre. Nos han educado en la rivalidad y en sentirnos amenazadas entre nosotras. Aunque me sigue pasando, ahora al menos tengo más o menos identificado el mecanismo mental y me saltan las alarmas.

11. Y lo más importante: he conocido las luchas de muchas otras mujeres y he tomado conciencia de mis propios privilegios, lo que me ha permitido ser más reflexiva y empática. Y ver todo lo que nos queda por hacer. Por encima de todo lo demás, creo que esta es la principal enseñanza que me he llevado.

ESTOS DÍAS, ME HA GUSTADO MUCHO LEER

1. Ojalá una Jessica Benett en cada redacción (S Moda). La periodista es la editora de género de The New York Times. Es una figura nueva que intentará que la información del legendario periódico tenga una perspectiva de género. Ella define en esta entrevista su nuevo papel: “Vamos a cubrir los asuntos de género desde diferentes puntos. Se trata de una iniciativa global, por lo que estamos pensando en historias y productos 360 grados: problemas de mujeres y trabajo, identidad sexual y de género, fluidez, la intersección de raza y clase, historias sobre política, deportes, economía, ciencia, salud… Todo a través de una lente de género”. Además, han lanzado una newsletter: The #Metoo Moment. (¡Como nosotras!).

2. Las mujeres de la vida de Ana I. Bernal (eldiario.es). Su tía Isabel, su yaya, su tía Mari, su madre. Seguro que muchas mujeres de nuestras vidas pasaron calladas y casi desapercibidas, porque no querían molestar.

3. Era ella, Gerda Taro (RTVE). Todo empezó con un hilo de Twitter. Una fotografía antigua, rescatada y publicada en redes sociales. La imagen escondía una historia detrás que intuyeron los tuiteros y acabó desvelando el periodista Carlos del Amor: era la última fotografía de Gerda Taro, fotoperiodista de guerra que murió en la Guerra Civil española. El hallazgo de la fotografía ha servido para rescatar - y para muchos, descubrir - la figura de esta periodista que hacía fotografías bajo el seudónimo de Robert Capa, a medias con su pareja. En este artículo de eldiario.es explican muy bien su historia y nos recuerdan “los peligros de firmar con un seudónimo masculino”.

4. Laura Freixas tiene un mensaje para los columnistas (El País). La escritora responde a esa nueva costumbre dominical de que Javier Marías se conviertan en trending topic. Hoy es domingo, ¿también habrá pasado?

5. Si hablamos de fiesta y pasárselo bien, hablamos de Carnaval (Pikara). Este artículo de Mar Gallego es de hace un año, pero recientemente ha sido galardonado con el Premio Carmen Goes. Porque, aunque a veces nos encontremos con letras como la de esta comparsa que apoya a la víctima de La manada, como dice Gallego: “Y es que, con toítos mis respectos, la fiesta de Cádiz todavía tiene que pensar sus ausencias”.

6. Si las chirigotas pueden ser feministas, imagínate la copla (Sangre Fucsia). Como estamos cantarinas, he rescatado este podcast en el que se habla de la copla y el feminismo. Aunque tiene un par de años, lo he escuchado recientemente. Con joyas de Martirio, Amalia Molina y Estrellita de Palma, entre otras.

UNA FRASE QUE PUEDES TUITEAR

Ya he contado alguna vez que Katharine Graham es un personaje con una vida fascinante. Ahora, Meryl Streep da vida a la editora del Washington Post en Los archivos del Pentágono. En su autobiografía, cuenta cómo tuvo que aprender a ser una mujer independiente tras la muerte de su marido y cómo alcanzó "la cima del periodismo en un mundo de hombres". Ella, que nació siendo rica y heredó el poder, sabía que pese a su situación privilegiada, no jugaba en igualdad.

El movimiento feminista me ayudó a aclarar mi pensamiento. Y lo más importante, para mí, no era su mensaje esencial —que las mujeres eran iguales a los hombres—, sino que las mujeres tenían derecho a escoger la forma de vida que les conviniera" (Katharine Graham)

ESTO HAY QUE VERLO

12 meses, 12 ilustradoras españolas y 12 ideas sobre la mujer en 2018. En Smoda han invitado a artistas como Ana Juan, Carla Berrocal y Paula Bonet a dibujar cómo lo ven ellas y les han salido cosas tan bonitas (y duras) como estas.

Ilustraciones de María Hesse, Carla Fuentes, Carla Berrocal y Marga Castaño.

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