12 horas de tren, 700 kilómetros, tres intentos: así conseguí rogar el voto desde Liverpool

No solo hay que tener ganas, sino también tiempo y dinero (unos 100 euros, en mi caso)

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Así hay que rogar el voto en el consulado de Edimburgo
Así hay que rogar el voto en el consulado de Edimburgo.

(Si tú también has votado desde el extranjero, puedes contarnos tu experiencia a través de este formulario: ¿has tenido problemas? ¿Ha resultado más fácil o más difícil de lo que esperabas? ¿Te han llegado las papeletas a tiempo?).

Votar es relativamente fácil: solo hay que acercarse al colegio electoral más cercano. Votar en el extranjero no lo es tanto: hay que solicitar expresamente el voto y trasladarse al consulado, aunque esté a cientos de kilómetros de distancia de donde vives.

Para que os hagáis una idea, yo he vivido tres elecciones generales en Liverpool. La primera vez tuve que pedir que me prestaran el voto y la segunda, preferí viajar a España. Solo he conseguido rogar el voto a la tercera y para eso he tenido que viajar 360 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, reservar una noche de hotel y gastarme unas 90 libras en total (unos 105 euros).

La primera vez que me enfrenté al voto rogado fue en otoño de 2015, antes de las elecciones del 20 de diciembre. Ahora trabajo a tiempo completo, pero entonces estaba estudiando inglés y trabajando en una tienda a media jornada, y las elecciones coincidían con la campaña de Navidad. No podía adelantar mi regreso a España, ni permitirme un viaje de ida y vuelta a Edimburgo, donde está el consulado que me corresponde.

Fue entonces cuando, intentando encontrar soluciones por Internet, descubrí que el colectivo Marea Granate había puesto en marcha una página web en la que, bajo el lema #RescataMiVoto, abstencionistas voluntarios donaban su voto a emigrantes españoles que no pudieran votar. Así que me apunté a la lista de espera, esperando que en algún momento un abstencionista se pusiera en contacto conmigo.

Pero la lista era demasiado larga: éramos muchos los emigrantes que queríamos votar y no tantos los abstencionistas voluntarios que se inscribían. Así que comencé a preguntar en mis círculos más cercanos. Y lo conseguí: un amigo que pensaba abstenerse me donó su voto a cambio de mi abstención. El día de las elecciones me envió una foto junto a la urna del sobre con la papeleta del partido al que yo había decidido votar.

En 2018 volví a Liverpool tras pasar una temporada en España. Pensando en la proximidad de unas nuevas elecciones tras la moción de censura presentada por Pedro Sánchez, decidí inscribirme en el consulado como residente temporal, un trámite necesario para poder rogar el voto. Los residentes en el extranjero podemos inscribirnos en el CERA si vamos a residir de forma indefinida en el país, o en el ERTA, si nuestra intención es hacerlo de forma temporal. Esta opción es la que se recomienda a los estudiantes o trabajadores que no piensan estar durante años fuera de España.

Sin embargo, cuando me informé sobre cómo tramitar la solicitud de voto, me di cuenta de que tenía dos opciones: podía ir presencialmente a Edimburgo, rogar el voto en el consulado y esperar a que las papeletas llegaran a mi apartamento en Liverpool, sin garantías de recibirlas a tiempo, como han contado muchos españoles emigrados. Pero también podía hacer coincidir mis vacaciones con el fin de semana de las elecciones, coger un vuelo e ir a votar a mi colegio electoral en Madrid. Opté por esta última opción, al ser la única forma de asegurarme de que mi voto iba a llegar.

De camino al aeropuerto, pensaba en todas aquellas conversaciones que varios amigos españoles habíamos tenido días atrás. Hablábamos sobre las ganas que teníamos de cambiar las cosas y de cómo residir en el extranjero te hace ver todo lo que pasa en tu país desde otra perspectiva. Y de qué triste era que se nos pusieran tantas trabas para poder votar. Y que, si todo fuera más fácil, mucha más gente votaría. A fin de cuentas, no todo el mundo puede permitirse cuadrar sus vacaciones para ir a votar.

Consulado español en Edimburgo. Foto cedida por la autora

Según datos del INE, unas 240.000 personas han solicitado votar desde el extranjero para estas elecciones. Los residentes ya inscritos en el CERA no tienen que hacerlo presencialmente, pero quienes han tenido que seguir el procedimiento para residentes temporales (ERTA), como es mi caso, sí hemos tenido que rogar el voto en persona.

Tercer viaje y 105 euros más tarde

El 10 de noviembre hay nuevas elecciones y esta vez he podido completar todo el proceso. Ya estaba inscrita en el censo, pero tenía que rogar el voto. Al ser residente temporal, tenía que hacerlo en persona y no por correo.

El consulado más cercano a Liverpool es el de Londres, que está a unas dos horas y media en tren. Pero el que nos corresponde por nuestra demarcación consular es el de Edimburgo y es al que tenemos que ir para solicitar el voto. La distancia es similar, pero el trayecto es más largo. Los españoles que viven en Belfast, por ejemplo, también tienen que votar en Edimburgo, a unos 300 kilómetros, pero con mar de por medio. En otros países lo tienen peor: si hay algún español en Alaska, le toca rogar el voto en San Francisco si está inscrito como residente temporal.

Me pregunto cómo es posible que a estas alturas no se haya desarrollado un sistema con el que se pueda acreditar la identidad de forma telemática. Por ejemplo, para la solicitud del denominado “Pre Settlement” (que permitirá a los europeos permanecer con las condiciones actuales en el Reino Unido durante un período de cinco años tras el Brexit), el Gobierno británico ha desarrollado una app móvil con la que puedes escanear el chip de tu pasaporte y, mediante reconocimiento facial, acreditar tu identidad.

Para rogar el voto, mi pareja y yo tuvimos que pedirnos el viernes libre en el trabajo. El consulado abría de lunes a viernes hasta las tres de la tarde y, para los residentes temporales, un único sábado durante el periodo en el que se podía votar, el 19 de octubre. Como temíamos que surgiera cualquier imprevisto con el tren y no llegáramos a tiempo a Edimburgo (lo que significaría tener que volver a Liverpool sin haber podido hacer el trámite), viajamos el 18 y reservamos una noche de hotel para tener dos días de margen. 50,99 libras por la habitación, 25,48 euros por persona, aunque de haber ido sola habría tenido que asumir yo todo el gasto.

Podríamos haber ido en un tren directo, en cuatro horas, pero nos habría costado 71 libras a cada uno, así que fuimos vía Glasgow por un total de 40,25 libras. El tren salió a las 5.40 de casa y llegamos a Edimburgo a las 11.42, seis horas más tarde. A esto hay que sumar las 25 libras que nos costó desayunar, comer y cenar.

Después de dejar las maletas en el hotel, pusimos rumbo hacia el Consulado General de España (que, por cierto, está en un barrio precioso, la New Town de Edimburgo, Patrimonio de la Humanidad desde 1995). Llegamos al consulado a las 12.35. En la acera había varios policías británicos y un par de vallas, quizás para las colas. Aunque en ese momento no había ninguna, sí vimos un chorreo incesante de personas que entraban y salían del consulado.

Cuando llamamos y nos dejaron pasar para votar, nos llevaron a una sala que bien merece un párrafo propio para ser descrita: había un montón de personas rellenando documentos, muchas sentadas en el suelo y apoyándose en mesas bajas para escribir. Otros esperaban de pie a que quedara libre cualquier hueco para apoyar sus papeles. En la sala había varios trabajadores intentando ayudar a completar los documentos, todos muy amables.

Interior del consulado. Foto cedida por la autora

Mientras estábamos allí, una trabajadora del consulado preguntó en voz alta: “¿Algo que no sean votaciones?”. Nadie respondió. Todos estábamos para lo mismo: rogar el voto.

Nos confirmaron que estábamos registrados como no residentes y que podíamos rogar el voto con tan solo rellenar una solicitud para el consulado y otra para la Delegación Provincial de la Oficina del Censo Electoral. No tuvimos que hacer mucha cola: los que lo teníamos todo listo para entregarlo en ventanilla éramos bastantes menos.

Cuando nos tocó nuestro turno, nos confirmaron que todo estaba en orden. “¿Y ya está?”. Y nos dijeron que sí, que ya estaba. Solo quedaba esperar a que la Delegación Provincial de la Oficina del Censo Electoral nos enviara las papeletas para votar. Nos llegaron por correo urgente el 30 de octubre, casi dos semanas más tarde, aunque con tiempo antes del 6 de noviembre, último día del plazo para enviar el voto por correo. Los españoles residentes en el extranjero (no temporalmente, como es nuestro caso) podían también votar presencialmente en su consulado los días 6, 7 y 8. Enviar la carta certificada en una oficina de correos nos supuso otro desembolso de 6,55 libras. Esta cantidad, en teoría, sí la devuelve el Estado español, aunque eso supondrá otro trámite.

Las papeletas que me llegaron. Foto cedida por la autora

Así que nos marchamos del consulado, contentos y listos para recorrer Edimburgo. Eran las 13.25. Comprobamos que, al menos en este caso, lo difícil no es rogar el voto, sino llegar hasta aquí. Pedir a un amigo que rescatara mi voto en 2015. Viajar a España para votar en abril de 2019. Inscribirnos en el censo de no residentes. Pedir un día libre en el trabajo. Gastar dinero en transporte y alojamiento. Emplear seis horas para recorrer 360 kilómetros. Votar en una hora. No solo hay que tener ganas, sino también tiempo y dinero. Y no todo el mundo puede.

Otras experiencias

Después de nuestra aventura en Edimburgo, decidí postear en el grupo de Facebook “Españoles en Liverpool”. El grupo nos sirve para echarnos una mano y formar una pequeña comunidad aunque estemos lejos de casa. Algunos comparten ofertas de empleo, otros tratan de organizar quedadas para conocer gente nueva, algunos piden o dan consejo. Yo les pregunté por sus dificultades a la hora de rogar el voto. Estas son algunas de las respuestas que recibí.

- Uno de los administradores del grupo: “Es increíble que nadie haya escrito sobre esto antes, o muy poco. (...) Lo peor de todo es que, cuando se lo explicas a determinadas personas, te responden que la culpa es de la gente que es una vaga y que por eso no va al consulado, cuando el principal problema es que no se haya diseñado un sistema mejor.

- Mi esposo y yo estamos inscritos como residentes en el consulado de Edimburgo (desde hace más de dos años), pedimos el voto por correo para las elecciones del 28-A y nunca llegó. Fuera de plazo me llegó solo a mí la propaganda del PSOE.

- Mi pareja y yo no hemos podido votar tampoco. Mandamos todos los papeles, y cada vez que llamábamos al consulado de Edimburgo nos decía el contestador automático que estaba cerrado (en horario de oficina). Después de unos correos electrónicos diciendo que íbamos a poner una queja formal nos contestaron diciendo que teníamos que ir allí en persona (con un día de margen). No pudimos votar.

- Nosotros en España nunca hemos dejado de votar. Incluso aunque estuviéramos de viaje, hemos votado por correo. Pero aquí teníamos tan claro que era algo tan complicado por las experiencias que nos han contado, que al final ni nos lo hemos planteado…”

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