Cómo gestionar éxitos y derrotas en el deporte… y en la política

Uno de los problemas viene cuando solo nos preocupamos por los resultados

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Celia Villalobos, entrevistada por La Sexta, y Juan Carlos Monedero, este sábado
Celia Villalobos, entrevistada por La Sexta, y Juan Carlos Monedero, este sábado

La periodista Ana Pastor preguntaba a Celia Villalobos, diputada del Partido Popular, si Mariano Rajoy tenía pensado dimitir antes de la votación de la moción de censura. Villalobos prefería eludir la pregunta: “Os vais a aburrir mucho en La Sexta sin tener al PP dándole caña todo el puto día”. Horas después apartaba otro micro de la misma cadena con la mano. Muchos interpretaron estos gestos como los de alguien que no sabe perder.

La otra cara de la moneda la veíamos tras el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez. Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, cogía por los hombros a Soraya Sáenz de Santamaría, exvicepresidenta del Gobierno, y le decía: “Me alegro de que os vayáis”. Monedero reconoció más tarde que ese gesto se lo podría “haber ahorrado” y admitió que podía “parecer machista”. También parece el de alguien que no sabe ganar.

Valores y humildad

Desde niños tenemos que aprender que a menudo perderemos, ya sea en juegos y deportes como en votaciones en el Congreso, y que hemos de saber gestionar la frustración que eso supone. Tanto saber perder como aprender a gestionar el éxito “está conectado con nuestros valores y con la humildad -explica a Verne la psicóloga deportiva Zoraida Rodríguez Vilchez-. En deporte, que tú ganes una vez no significa que todo esté ganado. Y más allá del deporte, cada vez nos llega a la consulta más gente joven que no tolera la frustración, ya que no le han enseñado a perder ni le han explicado que es normal que no siempre obtengamos lo que queremos”.

Una de las señales de esta frustración mal gestionada la vemos en el taco que suelta Villalobos. Como ya comentamos en Verne, los insultos son una forma fácil y rápida de regular una frustración, pero no son la mejor manera de gestionar estas respuestas emocionales.

Normalmente hablamos de mal perder porque es más habitual, pero también hay que aprender a ganar sin pretender humillar ni mostrarse prepotente: “Lo normal es que haya más fracasos que éxitos en la vida”, pero esta actitud en las victorias puede ser “una falta de respeto”. Asimismo, también puede reflejar “cierta inseguridad de la persona. Si yo necesito restregarte que he ganado es porque algo me falta. Es como si necesitara resarcirme”. En cambio, cuando alguien sabe “que es bueno, en el momento en el que gana, la victoria es para sí mismo”.

Perder forma parte del juego

Todos estos valores "se han de transmitir a los niños desde la infancia”, explica Rodríguez Vílchez. Esta es una de las funciones del juego en la infancia: enseñarnos a gestionar nuestras emociones cuando perdemos. No solo hemos de aprender las normas de juegos y deportes, sino también las conductas deportivas y el juego limpio.

El problema viene cuando el deporte -como ocurre a veces con la política- “se enfoca solo hacia los resultados”. A veces “los entrenadores son los que cometen el fallo de entrenar a los niños para estos resultados y se olvidan del rendimiento deportivo”.

En los gestos de Monedero y de Villalobos se aprecia esta interpretación de una derrota “como un fracaso personal y no como un momento de la carrera política”. Al contrario que Sáenz de Santamaría, que contesta a Monedero: “Esto es democracia”. Según explica la psicóloga: “Ella entiende que lo que está pasando es parte del juego”.

Ganar o perder no es lo único que importa: practicando deporte uno puede aprender, ejercitarse y, sobre todo, divertirse. En política, aunque se pierda una votación, se puede influir en la opinión pública o mostrar que la democracia no consiste solo en ganar elecciones, sino también en respetar la pluralidad.

Estos gestos públicos son importantes, según Rodríguez Vílchez, tanto en políticos como en deportistas: si vemos a gente que no sabe perder o ganar, estas reacciones “se normalizan”. Empezamos a ver como algo normal arrojar raquetas al suelo, soltarle un mordisco al adversario o agarrar a los demás por los hombros. Y añade: “Si como personaje público te permites esas formas, ¿qué tipo de sociedad estas construyendo? ¿Qué valores inculcas?”.

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