'Con amigos invisibles, ¿quién necesita enemigos?'

Carta (humorística) a los compañeros que participarán este año en el amigo invisible

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El amigo invisible, una propuesta navideña de alto riesgo
El amigo invisible, una propuesta navideña de alto riesgo.

Apreciado colega:

Si estás leyendo este correo electrónico es que has decidido participar en el sorteo del amigo invisible con tus compañeros de oficina. Antes de nada, ¡felicidades! Estamos convencidos de que el regalo que hagas será del agrado de tu compañero o compañera y que el que recibirás será justo lo que querías guardar en un cajón para encontrártelo dentro de dos o tres años y preguntarte: “¿Qué es esto? ¿Es un abrelatas? ¿O una lámpara? ¿Esto es tuyo? ¿Seguro que es mío? Yo no he visto esto en mi vida”.

Tras los conflictos de años anteriores, incluido el gran incendio de la cafetería de 2015 y los tres meses que Pablo se pasó sin dirigirle la palabra a nadie y usando postits para comunicarse, hemos decidido ofrecer una serie de sugerencias que harán aún más alegre esta actividad navideña:

- El sorteo se llevará a cabo mediante una web. Lo hacemos así desde 2014, cuando Jaime puso su nombre en todos los papelitos.

- No, no se puede cambiar el nombre que te ha tocado. Sobre todo, está muy feo decir algo en voz alta como “oye, que yo no quiero regalarle nada a la nueva, que no la conozco y así no es gracioso”.

- Lo de “invisible” es una forma de decir que no sabemos quién nos hará el regalo. No puedes venir desnudo al trabajo, como hizo Jaime en 2015. Y en 2016. Y en 2017. Y en 2018, empezando ya en junio y gritando: “JAJAJA, NO ME PODÉIS VER”.

- El límite por regalo es de 20 euros. Lo importante es el detalle, pero eso no significa que valga un “regalo invisible”, como intentó Jaime hace un par de años.

- Y menos pasarse luego media hora explicando que el “regalo invisible” lo han traído “los Reyes Magos invisibles” y cuesta “menos de 20 euros invisibles” y es “una taza invisible” que pone “serieadicto” en letras invisibles. Especialmente si además haces el signo de las comillas con los dedos.

- En defensa de Jaime hay que decir que el regalo invisible venía envuelto y el papel se podía reutilizar para otro paquete del mismo tamaño, como hizo Álvaro justo un año después, sin mostrar apenas rencor.

- Algunas ideas para regalos: una taza de Juego de tronos, un reloj de mesa raro, un set de vino que tiene un termómetro que no funciona, una balanza de cocina, un muñeco Funko, una funda para el móvil con orejas, una bufanda, una taza de Star Wars, un libro, calcetines simpáticos, una taza con la frase “#cafeína para el #lunes”.

- Algunos regalos a evitar: un perro. Jaime, por favor, no sé qué hacer con el perro que me regalaste el año pasado. Es un ser vivo, no lo puedo guardar en un armario. Me da igual que no llegara a los 20 euros porque lo adoptaste y solo tuviste que pagar la correa. No puedes regalarle un animal a alguien. Es una responsabilidad grandísima. Y mi marido es alérgico. Por favor, llévate al perro de una vez. Deja de taparte los oídos y gritar “NO TE OIGO” cada vez que te digo esto.

- Tampoco se pueden dar los 20 euros en un sobre y que cada uno se compre lo que quiera, como sugiere Jaime cada año.

- Un décimo de lotería no tiene por qué ser una mala idea, siempre y cuando sea del sorteo de este año y no de 2010. Un décimo viejo no es “de coleccionista”, por mucho que Jaime asegure que lo ha leído "en internet".

- Recuerda que parte de la gracia consiste en que no se sepa a quién le vas a hacer el regalo. Puedes intentar extraer información de forma sutil, pero no es buena idea hacer como Jaime cuando se acercó a Mari Luz y le dijo: “¡Eh, tú! ¿Hay algo que quieras por menos de 20 euros? ¡Es solo curiosidad!”.

-Y, si lo haces, no compres algo completamente diferente y luego digas: “Bueno, es que así es sorpresa”.

- La celebración del “amigo invisible” es una ocasión para conocernos mejor y, con la excusa, tomarnos unas cervezas después del trabajo. Si no te gusta el regalo, recuerda que es un detalle y no hagas como Jaime el año pasado, cuando dijo aquello de: “¿Otra taza? ¿Yo regalo un perro y a mí me dais otra taza? ¡En 2014 me regalasteis CUATRO tazas! ¿Sabéis cuántas tazas tengo en casa? ¡Y encima pone no sé qué de 2018! ¿Dónde se supone que tengo que beber el año que viene?”.

- Las tazas no tienen nada de malo, Jaime. Son un regalo práctico. Y así te acordarás de tus compañeros cada vez que bebas café o, como en tu caso, la tires al suelo y te vayas gritando “pues si no la puedo usar en 2019 no la quiero”.

- Y si vuelves, que no sea para decir: “Oye, Emi, la bufanda que te han regalado está chula. ¿Me la cambias? No, la taza no está rota. Es así. El asa se quita. Si no te gusta, pídele el ticket a Anabel y la cambias”.

- Y luego no te vuelvas a ir gritando que nos odias a todos y que no quieres nuestras “sucias bufandas”, que, al parecer, “no son dignas” de tu cuello.

- Este año Jaime no participa por orden del juez.

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