Mandamos a un ‘millennial’ al concierto de ‘Yo fui a EGB’

"¿Quién de aquí tuvo un 'walkman' o un reloj calculadora?"

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Yo nací en 1995, así que no fui a EGB. Yo hice todos los trabajos del colegio con Google y he tenido que buscar lo que significan las siglas EGB en el móvil mientras llegaba. Por si tú tampoco lo sabes, son las siglas de Enseñanza General Básica. Sin embargo, aquí estoy: a las puertas del WiZink Center, apelotonado con cientos de personas de la edad de mis padres, esperando para entrar al segundo concierto de la gira 'Yo fui a EGB 2019'. Como nunca me he sentido tan fuera de lugar, he invitado a mi amiga Isabel para diluir el síndrome del impostor. Ella tampoco fue a EGB.

Aroa llevaba toda la nostalgia posible encima: Naranjito, Heidi, Zipi y Zape, un Frigopie.... Bruno Martín

Enseguida estamos dentro. Por los altavoces suena Voyage voyage y desde nuestra posición privilegiada, en un lateral elevado muy cercano al escenario, vemos que la pista ya está llena de cuarentones bamboleándose al ritmo de Desireless. Varios empleados deambulan por el gentío vendiendo cerveza de bidones que llevan a la espalda. La acomodadora nos sienta en una fila muy vacía, y mientras esperamos a que den las siete, ojeo el cartel de la gira en el móvil. Azul y Negro, Danza Invisible, La Frontera, OBK… No me suena ni un grupo. Al concierto de Barcelona por lo menos va Ana Torroja. A ella sí la conozco —no solo porque sale en Operación Triunfo—, pero hoy dudo de que vaya a saber canturrear un solo tema.

Nos hacemos un selfie y se acerca un hombre con su mujer para ofrecerse a sacar nuestra foto, si le devolvemos el favor. Entablamos conversación y muy pronto confirman su sospecha de que Isabel y yo no somos egeberos. "No pasa nada", dicen, "os van a sonar muchas canciones". Y si no entendemos algo, nos lo chivan. Ahora estoy nervioso pensando si debería haber hecho algunos deberes básicos antes del concierto, pero a estas alturas no me queda más remedio que aceptar esta extraña alianza. Se apagan las luces, nos sentamos.

El humorista Carlos Latre, presentador de la gala, entra con una sonrisa de oreja a oreja que no le abandonará en las cinco horas que estaremos aquí metidos. “¿¡Fuisteis a EGB!?”, grita. El público corea su afirmativa y yo me escurro en el asiento. Para comprobar si le están engañando, Latre hace un pequeño examen de eslóganes publicitarios que, hoy en día, no puedo evitar pensar levantarían alguna ceja: “Leche, cacao, avellanas y azúcar”, “somos los conguitos, y estamos requetebién”...

La guardia, uno de los grupos más conocidos del concierto. Yo fui a EGB (Twitter)

Abre el concierto Javier Ojeda, de Danza Invisible, con su (por lo visto célebre) Sabor de amor. Isabel canta con los fans, incrédula de mi ignorancia. Esta dinámica entre ella y yo se repetirá bastante a lo largo de la noche. Siguen La Frontera, La Guardia y Tennessee, con éxitos como El límite, El mundo tras el cristal (¡esta me la sé!) y Rama lama ding dong, respectivamente. Confieso que me lo estoy pasando bien, aunque no tan bien como el resto del público, a juzgar por el ambiente. Un señor cerca del escenario no ha parado de zarandear su jersey por encima de la cabeza desde que llegó.

“¿Quién de aquí tuvo un reloj calculadora?”

Entre grupo y grupo, Latre se cambia de ropa y encuentra algún nuevo tema de conversación viejuno para satisfacer la nostalgia que exigen los asistentes. Ya ha cantado la sintonía del Un, dos, tres. También ha imitado al Dúo Sacapuntas —intentando convencernos de que hay 22 personas en el estadio, cuando este periodista sabe que la cifra real se aproxima más bien a 14.000— y ha conseguido que el público acierte “alefante” como respuesta a un extraño juego cantado de Veo veo. “¿Quién de aquí tuvo un walkman?”, pregunta. “¿Y un reloj calculadora?”. Yo lo que tenía eran tazos y un tamagotchi, así que mi mano no sube con las demás.

La Bruja Avería, de 'La bola de cristal', para añadir más nostalgia al concierto. Bruno Martín

Hay una actuación de tributo a Michael Jackson y después salen Azul y Negro para interpretar dos de sus sintonías de la Vuelta Ciclista a España (Me estoy volviendo loco y No tengo tiempo). La puesta en escena, con láseres en los dedos y gafas luminosas, no estaría fuera de lugar en el universo de Tron, que ahora que lo pienso también pertenece a los ochenta. 

La chica de ayer sí me la sé

Latre nos presenta a los próximos artistas: Spagna, quien asegura no saber español pero lo dice todo en nuestro idioma, y Nacha Pop, que nos trae la segunda canción de la noche que reconozco en la forma de La chica de ayer. A continuación un señor imita a Freddie Mercury, peor que Rami Malek (protagonista del biopic Bohemian Rhapsody), y aparece Samantha Fox, embutida en terciopelo rojo y lentejuelas negras. “Atento al público”, me dice la mujer que conocimos antes del concierto sacando fotos: “Todos los hombres de España querían a esta tía, y mira cómo levantan los móviles ahora”. Supongo que “querían” es un eufemismo.

El último tercio del concierto se salda con una actuación emotiva (para él) de Javier, la mitad aguda de los Pecos, bailes de Grease y Dirty Dancing y tres de los grupos más esperados por el público: OBK, con su Historias de amor, The Refrescos con Aquí no hay playa y Seguridad Social, la única banda que ha tocado cuatro canciones en vez de tres, entre ellas la muy bien acogida Quiero tener tu presencia. Son las once y media y tengo bastante hambre, pero Latre, que esta vez ha cambiado su americana inspirada en el cubo de Rubik por una del Tetris, no nos deja irnos todavía.

El público, entregado durante 'We are the champions'. Bruno Martín

Los técnicos han traído una mesa para tres DJs, el Dream Team, quienes exprimen a un público menos cansado (y más bebido) que yo con clásicos de boda como Saturday Night y YMCA. Isabel me anima a darlo todo con los mayores en la recta final. Que no se diga que los milénicos fiesteamos peor.

Por fin se cumplen las cinco horas que nos prometieron de evento: se encienden las luces y las personas que habían empezado una conga por la pista se separan y parpadean como topos recién salidos de una madriguera. Se acabó. Casi. Los altavoces siguen conectados: “Vamos a la caaaama, que hay que descansar”. Sí, por favor. Vamos.

De una página de Facebook a organizar macroconciertos: el negocio nostálgico de Yo fui a EGB

PABLO CANTÓ

Yo Fui a EGB comenzó su andadura en el año 2010 como una página de Facebook dedicada a la nostalgia de una generación, la de los españoles que habían cursado EGB. “Nos apetecía hacer algo para rememorar nuestra infancia: la ropa, los libros, los juegos…” cuenta a Verne Javier Ikaz, cofundador –junto a Jorge Díaz– del proyecto. Actualmente, tienen más de 1,4 millones de seguidores en Facebook, han editado cuatro libros, un juego de mesa… y hasta organizan macroconciertos: este 26 de enero arranca en Madrid la segunda edición de 'Yo fui a EGB, la gira'. Si no conoces a las bandas que tocan es, seguramente, porque no fuiste a EGB.

Ikaz cuenta que la idea de la página de Facebook era “rememorar nuestra infancia con un tono neutro: no queríamos hablar de que todo era maravilloso ni de que era horrible, sino simplemente traer a la memoria algunas cosas que seguramente muchos ya ni recordaban”. Funcionó: dos años después de abrir la página de Facebook, y tras la petición de algunos de sus seguidores, según explica Ikaz, crearon el blog de Yo Fui a EGB. “El boom fue cuando saltamos al blog y a Twitter”, contaban sus creadores, Javier Ikaz y Jorge Díaz, al diario 20minutos, tras recibir el premio Bitácoras 2013 a mejor blog.

De “proyecto lúdico” a trabajo a tiempo completo

Por aquel entonces, en 2013, tenían 450.000 seguidores en Facebook y la editorial Plaza & Janés les ofreció un nuevo proyecto: escribir un libro. “Alguna vez nuestros seguidores nos habían dicho que si imprimiéramos nuestros contenidos, aunque fueran fotocopias, como un fanzine, nos las comprarían, pero nunca habíamos pensado en hacer un libro”, recuerda Ikaz. Aceptaron y se convirtió en uno de los grandes éxitos editoriales de 2014. “Fue por esa época cuando nos empezamos a preguntar: ¿no deberíamos registrar la marca?”.

Yo fui a EGB empezó como “algo totalmente lúdico”, según Ikaz. Sin embargo, tras sacar el libro –que ya ha tenido tres continuaciones–, pensaron en dedicarse íntegramente al proyecto. “Ahora le dedicamos las 30 horas del día los 10 días de la semana”, bromea.

Javier Ikaz y Jorge Díaz viven ahora de Yo fui a EGB, y siguen siendo los únicos miembros del negocio. “Si te contesta alguien de la página a un mensaje de Facebook, o ha sido Jorge o he sido yo”, cuenta. Sin embargo, sí han tenido que delegar –en una promotora de conciertos– para el macroevento que empezaron a celebrar en 2018: la gira de Yo fui a EGB.

“Desde casi el principio, la gente nos decía que por qué no organizábamos quedadas, y en Bilbao [donde viven tanto Ikaz como Díaz] habíamos hecho de DJ en alguna fiesta nostálgica”, cuenta el vasco. La idea fue creciendo y, tras contactar con una promotora, organizaron una gira de conciertos por España con actuaciones de Ana Torroja, Seguridad Social, La Frontera...

“Nosotros pensamos los artistas que queremos, bien porque nos gustan o porque sabemos que pueden funcionar muy bien, y luego está la realidad: los que no pueden por fecha, a los que no les interesa… Y así vamos haciendo los carteles”, cuenta Ikaz. En 2018, realizaron dos conciertos, en Madrid y Zaragoza. Este año, ya han anunciado siete. “La gente tenía muchas ganas de algo así: una fiesta para cantar canciones que te sabes de memoria, bailar, divertirte… Y dejar a tus hijos en casa”, bromea.

Para terminar, recordamos algunos de los contenidos más EGB de Yo fui a EGB, seleccionados por sus creadores cuando hablamos con ellos en 2014, tras el lanzamiento del primer libro.

- Cosas que hacíamos de pequeños que ahora estarían prohibidas: sacarte una foto fumando, jugar con el mercurio del termómetro, ir ocho en un coche, beber culines de cerveza, publicar tu dirección en los anuncios de contactos de los tebeos... "Esta entrada es el gran hito del blog. Fue una exageración... Y entró en Forocoches...", dice Ikaz sobre la repercusión de este post [Puedes leerlo aquí].

- Las costumbres y expresiones de la época. Mentiras que nos parecían muy creíbles ("No me has oído bien, he dicho joé…", "Es que mi madre no me deja dar -bocadillo o cualquier comestible-"), cosas por las que nos castigaban, expresiones que decíamos y están desfasadas. “Son cosas que funcionan porque la gente se ve muy identificada y las comenta. Cosas como 'digamelón' viralizan mucho”, explica. Efectiviwonder. Este de frases de madre guarda perlas del tipo "Verás como saque la zapatilla".

- Las cosas de comer. “Con la falsa alarma del cierre de Fiesta hicimos una entrada y la gente estaba como loca por volver a ver las canicas de caramelo. Y con el blog estamos conociendo a gente muy curiosa… Hay auténticos coleccionistas de chicles o de envases de yogures…”, cuenta.

- Fotos que funcionan como la magdalena de Proust. “El típico corte helado con dos galletas... Hay cosas que funcionan como poner la foto de la rueda del juguete Diseña la Moda [más de 2.000 comentarios]. O el libro de Sociales, que lo convertimos en nuestra foto de perfil”, comenta. Basta esperar a Navidad para comprobar, por ejemplo, cuánto nos gusta hablar de juguetes y contar batallitas de Quimicefas y demás mientras despreciamos los catálogos de hoy en día. Otra cosa que no falla son objetos que casi nadie ha vuelto a ver, como el estuche Cuca-Dolls.

- Los qué fue de... “Uno que llegó a bloquear el blog fue el de Erika Eleniak, la vigilante de la playa antes de Pamela Anderson y que luego salió en Playboy. Tuvo más de 100.000 visitas en un día… y en horario de oficina, que era primera hora de la mañana cuando lo lanzamos”, recuerda Ikaz. “Gusta mucho ver a los guaperas de entonces ahora”.

- La tele que veíamos de pequeños. Y, en especial, cualquier cosa sobre La bola de cristal. “Ahora están quienes lo aman de manera exagerada y los detractores. Ahora ves el trasfondo político que había y cuando ponemos alguna cosa… se mancha todo un poco con el tema político. A veces en los comentarios hay que entrar a poner orden y pedir que no politicemos”, dice Ikaz.

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