El consejo de Obama a la primera generación que ha crecido con redes sociales

Tus 15 minutos de fama de hoy pueden acabar con tu carrera de mañana

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Barack Obama juega con un palo de selfi en un vídeo para 'Buzzfeed'
Barack Obama juega con un palo de selfi en un vídeo para 'Buzzfeed'

“Si tuvierais fotos de todo lo que hice en el instituto, probablemente no habría sido presidente de Estados Unidos”, admitió Barack Obama este lunes en la Universidad de Chicago, donde dio una charla con estudiantes. Y añadió: “Os recomiendo que seáis un poco más prudentes con vuestros selfis y con las fotos que tomáis”.

Siempre que aparece una nueva tecnología, hay un periodo de ajuste. Estos nuevos medios, sean internet, la televisión o la radio, se suele criticar por cambiar las formas habituales de hacer las cosas, pero, como escribe Tom Standage en Writing on the wall, “la tecnología que demonizamos hoy puede acabar viéndose como sana y tradicional mañana, cuando otra invención aparentemente peligrosa cause las mismas preocupaciones”.

Los 15 minutos de fama no son nuevos: la expresión de Andy Warhol es de 1968. Y hay otra otra expresión en inglés aún anterior, “nine days of wonder”, nueve días de asombro, que hace referencia a esta fama pasajera y que aparece en textos del siglo XIV con un sentido similar.

Pero tampoco se puede negar que algunas cosas sí han cambiado. La principal quizás sea que Google lo recuerda todo y los que usamos redes sociales vamos dejando una huella digital. Ya no estamos hablando de un fragmento de vídeo que aparece en un programa de televisión y luego en varios programas de zapping, como mucho. Son fotos y vídeos que se comparten completamente fuera de nuestro control: no hay forma de borrarlos una vez viralizan.

Además, resulta casi imposible predecir qué se compartirá de forma masiva y qué no. Cuando en Verne entrevistamos a los protagonistas de virales, su respuesta suele ser la misma: “No me esperaba que se hiciera viral”. Es decir, no podemos confiar en que una foto no saldrá del grupo de nuestros amigos porque no le interesará a nadie más.

¿Podría MrGranBomba ser presidente del gobierno?

Esto no es algo que vaya a afectar solo a quienes se quieran dedicar a la política. Es habitual que se busque nuestro nombre en Google antes de una entrevista de trabajo. ¿Qué pasaría si alguien decidiera buscar el del youtuber MrGranBomba, mejor conocido como “caranchoa”? La mayoría de noticias sobre el bofetón del repartidor dan su nombre. ¿O el de la mexicana de 16 años que ha dejado la escuela porque le “quitaba mucho tiempo”? ¿O a Marina Joyce?

Por no hablar de esta joven de 18 años, a quien le pareció gracioso grabarse usando (no hay forma suave de decir esto) los testículos de su novio como esponja de maquillaje. El vídeo ha superado los 30.000 retuits en menos de dos días y el asunto llegó a Buzzfeed. "Soy viral en Facebook -tuiteaba en tono de humor este domingo-. Ya es oficial: mi vida ha terminado". Sí, es una broma más bien tonta que no hace daño a nadie, pero no es algo que pondrías en tu currículum. Y ahora mismo Google es parte de tu currículum.

Otro ejemplo reciente es el de Cassandra Vera, condenada por enaltecimiento del terrorismo por 13 chistes sobre el atentado de Carrero Blanco, algunos de ellos publicados hace cuatro años, cuando aún tenía 17.

Alguno podría aducir que esto es algo que solo les pasa a los youtubers y a la gente que va buscando sus “nueve días de asombro”, pero no es cierto. Pensemos en Edgar: el niño mexicano de 11 años cuyo primo le grabó cuando caía al agua desde un tronco en 2006. Un ejemplo más reciente es el de Daniel, que en febrero de 2016 se hizo conocido después de que un compañero de clase le grabara, para subir después el vídeo a Twitter. Solo decía “damn, Daniel” (maldita sea, Daniel) y elogiaba sus zapatillas. Ese tuit original se ha compartido hasta ahora más de 300.000 veces y fue parodiado incluso por marcas como Axe y los restaurantes Denny’s.

Este ejemplo parece simpático, pero incluso un vídeo así tiene sus riesgos: a Daniel le hicieron swatting, una broma pesada que en este caso consistió en llamar a emergencias y decir que habían visto a alguien en su casa disparando un rifle AK-47, lo que llevó a que la policía se presentara en su domicilio a la una de la mañana.

Recordemos que ni Edgar ni Daniel habían subido nada a ninguna red social: fueron otras personas quienes les grabaron con su móvil y publicaron los vídeos sin pedir ningún permiso. Incluso aunque uno siga el consejo de Obama puede acabar siendo viral sin quererlo.

El problema no es de los adolescentes, sino de los adultos

Todos hemos contado (y nos hemos reído) con chistes poco apropiados. Pero no había nadie grabándonos ni nosotros los publicamos en ningún sitio (aunque Tip y Coll sí publicaron uno de Carrero Blanco en un libro, sin que nadie les llevara a juicio).

Y lo mismo con muchísimas cosas que hemos vivido, pero con la suerte de que pasamos unos años sin cámara en el móvil y nuestra carrera no peligra. Por ejemplo, todos (o casi todos) hemos bebido algo más de la cuenta. Más de uno habrá orinado en la calle con 19 años (o más). Incluso puede que alguno de los que esté leyendo este texto se haya metido en una pelea. Nada de esto está bien, pero arrastrar la condena durante toda la vida porque alguien hizo una foto seguramente es excesivo.

Aun así, los adultos tienden a juzgar a los jóvenes como si ellos nunca se hubieran equivocado y como si la única diferencia no fuera la ausencia de pruebas documentales. Por ejemplo, cuando alguien hace un pantallazo de un tuit de mal gusto y lo critica para quedar bien ante sus seguidores, ¿sabe algo de su autor? Por ejemplo, ¿qué edad tiene, si es un comentario aislado, si lo hizo hace años, si ya se ha disculpado por él o si aún no había aprendido a usar el medio?

A menudo se dice que en redes se pierde el contexto. Pero no es cierto: el problema es que hay que tomarse la molestia de buscarlo y no quedarse solo con un pantallazo que llega aislado, fuera de contexto, y que se usa de forma interesada.

Estos adolescentes también llegarán a ser adultos. No sabemos si crecerán de forma muy diferente a nosotros, los que recordamos lo que era vivir sin redes sociales y sin internet, ni si verán de otra forma estos errores de adolescencia. Por ejemplo, ¿sabrán perdonar un vídeo de un candidato a la presidencia que antes fue youtuber y que gastó una broma sexista a una compañera de piso?

También puede ser que para cuando ese momento llegue, ellos sean permisivos con este tipo de manchas en el currículum, pero se lleven las manos a la cabeza con lo que sea que hagan los adolescentes de entonces. No cabe descartar que cometan los mismos errores que nosotros, pero de una forma ligeramente diferente.

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