La dañina conexión entre homosexualidad y acoso que perpetúa el comunicado de Kevin Spacey

Críticas al actor por mezclar dos temas que no tienen nada que ver

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Kevin Spacey, en una imagen de mayo
Kevin Spacey, en una imagen de mayo.

El actor Anthony Rapp denunció en una entrevista publicada este lunes en Buzzfeed que Kevin Spacey intentó abusar de él en 1986. Rapp tenía entonces 14 años. Spacey contestó a las acusaciones con un breve comunicado en Twitter de apenas dos párrafos. En el primero decía no recordar nada y se disculpaba por lo que habría sido un “comportamiento borracho profundamente inapropiado”. En el segundo decía que ha “escogido vivir como un hombre gay”. Spacey no había dicho nunca que fuera homosexual. Y, según muchos, esta no era la mejor manera de decirlo.

Esta forma de sacar a la luz su orientación ha sido muy criticada por asociar este tema con una acusación de abuso sexual. Rubén López, portavoz de delitos de odio de Arcópoli, asociación LGTB de la Comunidad de Madrid, recuerda que "es respetable que alguien no quiera hablar de su sexualidad, pero si lo hace justo cuando le acusan de abuso es solo para buscar la empatía del colectivo LGTB”. En su opinión, “hace daño que salga del armario así, usándolo para su propio beneficio, y no con orgullo. Solo se ayuda a sí mismo". También recuerda cómo para muchos medios la noticia fue “que Spacey saliera del armario y no que pudo agredir a un joven de 14 años", cuando "lo que menos importa en este caso es que sea gay”.

En este sentido, menciona el comunicado del actor Zachary Quinto, conocido por interpretar a Spock en las películas de Star Trek. En un tuit que se ha compartido más de 40.000 veces en menos de un día, Quinto apuntaba que la declaración de Spacey era “una calculada manipulación". Y añadía: “Espero que sea la voz de Anthony Rapp la que amplifiquemos. Las voces de las víctimas son las que merecen ser escuchadas”, un mensaje en el que también incidía la actriz Rose McGowan, una de las víctimas de abusos del productor Harvey Weinstein.

Es muy triste y preocupante que esta sea la forma en la que Kevin Spacey haya decidido salir del armario. No con orgullo, teniendo en cuenta sus muchos premios y logros, inspirando así a decenas de miles de jóvenes LGBTQ de todo el mundo. Sino como una manipulación calculada para desviar la atención de la gravísima acusación de que intentó abusar de uno. Lamento la experiencia y el sufrimiento de Anthony Rapp y me entristece que Kevin solo viera adecuado reconocer su verdad cuando creyó que le podría ser útil, del mismo modo que haberla negado le fue útil durante tantos años. Espero que se amplifique la voz de Anthony Rapp. Las voces de las víctimas son las que merecen ser escuchadas.

De hecho, Rapp ha explicado en Twitter que sus declaraciones vienen al hilo de la campaña #metoo ("yo también"): a mediados de octubre y a iniciativa de la actriz Alyssa Milano, muchas mujeres, famosas y anónimas, explicaron en redes sociales su experiencia como víctimas de acoso, después de las denuncias al productor Harvey Weinstein. "Di un paso al frente con mi historia -escribió Rapp-, sosteniéndome sobre los hombros de muchas mujeres y hombres valientes que han hablado para iluminar y, esperemos, marcar una diferencia, como ellos hicieron por mí".

McGowan recordaba en otro tuit que gay y acosador son dos cosas diferentes. Este mensaje obvio viene porque otro de los peligros del comunicado de Spacey que algunos han apuntado es el de reavivar la relación de la homosexualidad con la pederastia. Manuel Sobrino, portavoz de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) recuerda que este vínculo no solo es falso, sino que también es “peligroso y dañino”.

En este sentido, cabe recordar que durante el franquismo, la homosexualidad no solo era objeto de discriminación, sino también de persecución legal. Según recogía el periodista Fernando Olmeda en su libro El látigo y la pluma, cerca de un millar de gays pasaron por prisión en la década de los 70, en virtud de la "ley de peligrosidad social".

A pesar de que las declaraciones de Spacey pueden incidir en estereotipos ya olvidados, Sobrino es optimista y recuerda que se trata de “un caso mediático excepcional y anecdótico”. Eso sí, también subraya la importancia de que las personas LGTB puedan contar con referentes. Todo el mundo debería tener la libertad para decidir si quiere hablar o no de su sexualidad sin tener que enfrentarse “a una sociedad homófoba y tránsfoba”, recuerda, y puede ayudar que muchos famosos hablen abiertamente de su orientación. “No se trata de que sean mejores o peores, solo de que existan”. Y por eso perjudica que Spacey haya optado por hablar de este tema en este contexto.

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