Tiempo de vacaciones (3 de 4): Lo hecho, hecho estará

Tercera entrega (de cuatro) del relato seriado de 'Verne' para estas vacaciones

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(Resumen de lo publicado: en el primer capítulo, Jaime Rubio escribe un tuit que cree polémico y contrata un viaje para huir a 1973, el año en el que nació el humor en España. Sin embargo, en el segundo capítulo viaja por error al domingo anterior, donde se encuentra con el Jaime Rubio que está a punto de escribir el tuit antes mencionado. No solo eso: en la cama está el cadáver de un tercer Jaime Rubio).

El sábado por la mañana es el mejor día para tuitear, casi mejor incluso que el domingo, ya que hay menos presión. El domingo es el día serio, en el que imparto conocimiento a mis 232 seguidores con un comentario polémico, afilado, de estos que hacen que los ofendiditos se irriten. ¡Ja, ja, ja! ¡Bailad para mí, ofendiditos! ¡Llevo ya 232 seguidores gracias a vuestros linchamientos! ¡233, que me acaba de hacer follow @russianfreedom2987! Como escribió Voltaire, “de tu envidia nase mi fama”.

Pero el sábado es más informal. Por ejemplo, hoy tenía pensado recomendar un libro a mis lectores. Solo uno. No más. Solo podemos leer un libro a la vez, así que no tiene sentido recomendar a la gente que lea muchos libros. ¿Cómo vas a leer siete libros? Ni siquiera puedes sujetarlos.

Estaba intentando destilar esta recomendación en solo 280 caracteres cuando oí un ruido: ¡alguien estaba abriendo la puerta de casa! Me incorporé de un salto, pero me dio un bajón de tensión y tuve que volver a sentarme. Estaba tan mareado que ni siquiera me dije a mí mismo el chiste de las sales habitual en estas ocasiones.

Cuando me asomé al pasillo, vi a dos hombres apuestos mirándome con su ojo bueno y mostrando sus elegantes sonrisas amarillas.

—Sois…

—Sí, somos tú.

—O tú eres nosotros.

—No… Es decir, sí. Pero quería decir que sois bellísimos.

—Lo sabemos.

—Pero no hay tiempo que perder.

—O quizás sí, no estoy seguro.

—Vamos al dormitorio.

—Sí, por favor. Hacedme el amor.

—¡No! ¡Vamos al dormitorio a otra cosa!

—Tal vez luego.

—No hay ningún cadáver.

—Entonces aún no he muerto.

—¿Quién no ha muerto?

—¡Yo!

—¡Tú!

—¡Nosotros!

Tras esta escena acelerada y confusa, Jaime y Rubio me explicaron lo que había ocurrido. Jaime había querido viajar en el tiempo a 1973, pero por error solo había llegado al domingo, donde se había encontrado con Rubio, que tenía desde la mañana el cadáver de Hancock en el dormitorio, apuñalado con el cuchillo de cocina gordo, el que compré después de pasarme dos semanas seguidas viendo Forjado a fuego.

—Decidimos ir a la agencia de viajes a comprar un billete para el sábado, con el objetivo de llegar antes de que apareciera el cadáver y averiguar lo que había ocurrido.

—Aproveché para poner una reclamación por lo mío. Resulta que la agencia me envió 46 horas atrás en el tiempo en lugar de 46 años. Es un error habitual, dicen, pero insisten en no hacerse responsables. Que ya lo pone en la letra pequeña: los agujeros de gusano son inestables, por eso se llaman agujeros de gusano y no agujeros de hormigón. Ya hablaremos más tarde de eso. O antes, si es necesario. No estoy seguro.

Fui a la cocina y regresé al dormitorio con el cuchillo en la mano.

—Esto es interesante —dije—. Mañana me encontraré con mi propio cadáver apuñalado con este cuchillo.

—Exacto.

—¿Y quién de vosotros es el que viene del martes?

—Yo.

Acto seguido procedí a acuchillarle. Me miró con sus bellos ojos, mostrando sorpresa mientras perdía la conciencia.

—Las… Las sales… —dijo, antes de morir, provocándonos una carcajada.

—Qué bueno.

—Es que tengo unas cosas…

—Pues con esto ya estaría, ¿no?

—Ahora todo cuadra. Era él todo el rato, que aún no había muerto, porque había muerto hoy y no mañana.

—A lo mejor no hacía falta matarlo.

—No, hombre, piensa que lo del cadáver ya había ocurrido mañana. Ya estaba hecho y lo hecho, hecho estará.

—Tampoco es que lo hayamos arreglado todo.

—Sé a qué te refieres: seguimos siendo dos Jaimes… Tal vez podría viajar al martes y seguir con mi vida. O sea, su vida, la del muerto.

—Sí, pero yo acabaría llegando al martes y seríamos dos Jaimes otra vez.

—Podrías viajar otra vez al domingo.

—Entonces habría dos Jaimes el domingo de nuevo.

—La solución sería asesinarte otra vez.

—Y el martes vuelta a empezar.

—No parece muy divertido.

— Tampoco sé qué hay de malo con el arreglo actual. Ahora hay dos Jaimes y solo debería haber uno, eso es cierto, pero tampoco parece que suponga ningún problema.. No nos hemos cargado el universo y, por ejemplo, podemos turnarnos para ir a trabajar.

—Es verdad. No hemos desgarrado el tejido del espacio tiempo, ni nada parecido.

—Y también podemos amarnos apasionadamente.

—Somos bellísimos.

—De hecho, si no hubiéramos tenido que matar a Jaime para que se viera a sí mismo mañana, ahora seríamos tres y nos podríamos turnar aún más para trabajar aún menos.

—Ahora que lo comentas, se me ocurre una idea.

Conozca 2019 (fragmento del blog de viajes de Paco Nadal IV)

El turismo temporal está cada vez más masificado, pero aún es posible encontrar destinos poco transitados y muy interesantes. La semana pasada (es un decir) pude viajar a la Barcelona de 2019. El primer tercio del siglo XXI es una época interesantísima, sobre todo para viajeros que se estrenan en estos viajes. Es reconocible y el turista poco acostumbrado no se sentirá completamente extraviado, pero aun así es lo suficientemente diferente a nuestra época como para que la experiencia merezca la pena. Siempre y cuando no se produzca algunos de los errores que han hecho famosa (para mal) a esta agencia.

En 2019 aún había Twittter (faltaban varios años para la Gran Matanza de Tuiteros), era posible abrir una cuenta de Facebook sin necesidad de ceder una muestra de sangre y piel, aún no era obligatorio un implante de Alexa en el cerebelo y ElRubius no había dado el Golpe de Estado que dio lugar al sangriento Trienio Youtuber. Por las calles se veían coches con conductor, peatones sin patinetes y uno podía pasear sin temor a que le disparara un dron policía.

Lo que más me llamó la atención fue la posibilidad de comer carne. Es verdad que tendemos a considerar que todas las sociedades del pasado están llenas de bárbaros, pero resulta chocante que no hace tanto aún mataran vacas y cerdos para comérselos. En su defensa hay que decir dos cosas: primero, que en 2019 aún no sabían como crear carne en laboratorios y, segundo, que aún quedaban animales vivos. No olvidemos que la última gallina se extinguió hace más de 70 años.

Hay una cosa que no ha cambiado desde entonces: los balcones siguen luciendo esteladas.

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